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Metro de Madrid durante el apagónMetro de Madrid

El Gobierno reconoce a través de las inversiones que el apagón fue fruto del exceso de renovables

Anuncia un paquete de actuaciones «para aumentar la resiliencia de la red eléctrica» que incluyen la instalación de compensadores síncronos en la península

Desde que se produjo el apagón, el Gobierno ha evitado señalar abiertamente a un exceso de renovables en el mix energético como causa del cero absoluto que, el pasado 28 de abril, dejó a oscuras a 60 millones de personas en la península ibérica. Sin embargo, las actuaciones más recientes sugieren que el Ejecutivo es plenamente consciente de esta posible causa, y por ello está reforzando la capacidad de generación síncrona del sistema.

Aunque aún no hay una explicación oficial, los informes de Red Eléctrica, el Gobierno y distintas compañías eléctricas coinciden en que las oscilaciones de frecuencia provocaron una caída súbita en la generación, lo que acabó desencadenando el colapso del sistema. Mientras se esperan las conclusiones definitivas del regulador europeo, el Gobierno ha puesto el foco en Red Eléctrica y en las compañías privadas, que a su vez se culpan entre sí.

No obstante, muchos expertos apuntan a otro factor: un exceso de renovables en la red. Un informe interno de Goldman Sachs sugiere que el sistema eléctrico español alcanzó una proporción del 86 % de energía solar y eólica, muy por encima del umbral habitual del 65 %. De confirmarse, esta cifra cuestionaría la estrategia del Ejecutivo de cerrar las centrales nucleares, una de las fuentes clave para garantizar generación síncrona y estabilidad.

Las medidas anunciadas esta semana parecen ir precisamente en esa dirección. En el último Consejo de Ministros, el Gobierno presentó un paquete de actuaciones «para aumentar la resiliencia de la red eléctrica», con el objetivo de mejorar el control de tensión, amortiguar oscilaciones y reforzar el sistema en su conjunto.

Entre estas actuaciones destaca, por primera vez, la instalación de compensadores síncronos en la península. Se trata de máquinas eléctricas rotativas similares a los generadores convencionales, pero que no producen electricidad para el consumo. Su función es estabilizar la red: el gran rotor que contienen gira libremente conectado al sistema, almacenando energía cinética. En caso de una perturbación –como una caída repentina de generación–, esta energía se libera de forma inmediata para mantener la frecuencia y ganar tiempo hasta que se activen otras respuestas del sistema. Además, estos equipos pueden suministrar o absorber potencia reactiva, lo que permite estabilizar la tensión y evitar fluctuaciones peligrosas, especialmente en zonas con alta penetración renovable, donde los cambios de carga o producción pueden ser bruscos.

Por su carácter local, los compensadores se distribuirán estratégicamente por el territorio para reforzar puntos clave de la red. El coste total de estas mejores de carácter excepcional se estima en 750 millones de euros, a los que se suman los 489 millones ya aprobados en abril. Así, la inversión prevista en la Planificación con horizonte 2026 se eleva a 8.203 millones.

La pregunta que queda en el aire es por qué el Gobierno mantiene su hoja de ruta para el cierre de las nucleares. Estas centrales, junto con las hidroeléctricas, siguen siendo las fuentes más fiables de generación síncrona, esencial para el correcto funcionamiento del sistema. De hecho, el economista José María Rotellar estima que la expansión de la red y el incremento de capacidad de almacenamiento necesarios supondrían una inversión de hasta 60.000 millones de euros, con un impacto inevitable en la factura de los consumidores.

Y no son solo los partidos de la oposición quienes cuestionan el cierre. PP y Vox mantienen su postura crítica, pero también Junts, ERC, el PNV e incluso los sindicatos han pedido públicamente al Gobierno que reconsidere la medida. Aun así, el Ejecutivo sigue obcecado en su estrategia energética, mientras el sistema eléctrico –y sus consumidores– lidian con sus consecuencias.