El 12% de los bebés en nuestro país han nacido por inseminación artificial (IA) o fecundación in vitro (FIV)
España, líder europeo en reproducción asistida, un mercado que mueve 900 millones de euros al año
Las cinco principales cadenas controlan cerca del 56 % del mercado, mientras que las diez mayores suman entre el 67 % y el 69 %
Mientras la opinión pública debate si ser padre o madre es un derecho, los actores implicados en la fertilidad hacen caja. El valor total de los tratamientos de reproducción asistida (TRA) realizados en España por hospitales públicos y clínicas privadas alcanzó los 900 millones de euros en 2024, según el Observatorio Sectorial DBK de Informa D&B. De estos, 645 millones fueron generados por los centros privados especializados, un 5 % más que en el ejercicio anterior.
En paralelo, los últimos datos del Ministerio de Sanidad y la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) revelan que el 12% de los bebés en nuestro país han nacido por inseminación artificial (IA) o fecundación in vitro (FIV). Un porcentaje que no puede explicarse solo desde una perspectiva médica, sino que responde a un complejo conjunto de condicionantes estructurales. «Si tenemos en cuenta los datos del primer registro obligatorio de la SEF –que fue en el 2014– y lo comparamos con los últimos datos publicados en el año 2022, la actividad de las clínicas de reproducción asistida se ha incrementado en más de un 20 %», señalan desde el Instituto Bernabeu.
Los cambios sociales, culturales y económicos han transformado los patrones de maternidad y fecundidad y los fondos de inversión, grupos especializados extranjeros y firmas de capital riesgo han encontrado un terreno fértil en el mercado español para su crecimiento y rentabilidad. En concreto, la flexibilidad de nuestra legislación, el prestigio de los centros nacionales y la baja natalidad estructural son parte responsable del imán en el que España se ha convertido para estos inversores. «Un gran porcentaje de las pacientes que acuden al Instituto Bernabeu proceden de otros países, atraídas por la calidad asistencial y clínica, el alto nivel tecnológico, los resultados en los tratamientos y nuestra legislación (Ley 14/2006), que es una de las más avanzadas del mundo».
Actualmente, España es el país con mayor volumen de ciclos FIV del Viejo Continente al superar los 165.000 casos al año, concentrando el 15 % del total. Sin embargo, aun siendo la técnica más explotada, la fecundación in vitro no está al alcance de todos: la edad límite –dispar entre comunidades– o los hijos previos son algunas de las barreras que la Seguridad Social impone a uno de los mayores deseos vitales. También las largas listas de espera, lo que obliga a acudir al sector privado, cuya hegemonía es indiscutible: cerca del 82 % de las clínicas se encuentran bajo su dominio.
Más allá del volumen, la reproducción asistida en España destaca por su elevada concentración empresarial, propia de un mercado oligopólico. Las cinco principales cadenas controlan cerca del 56 % del mercado, mientras que las diez mayores suman entre el 67 % y el 69 % del volumen total, según el Observatorio Sectorial DBK. Este grado de concentración plantea interrogantes sobre el equilibrio entre el rigor clínico y los incentivos económicos, especialmente en un contexto donde el retorno de la inversión puede condicionar la estrategia asistencial. Frente a esta lógica empresarial, clínicas independientes como el Instituto Bernabéu reivindican un modelo libre de la influencia de fondos. Bajo una dirección médica propia, existen mayores garantías de que las decisiones clínicas se toman exclusivamente con criterios científicos, sin presiones comerciales, evitando así tratamientos innecesarios o de dudosa indicación.
La fertilidad como producto
Aquellas mujeres y familias que sí logran acceder al tratamiento –bien por cumplir con los requisitos del sistema o bien por tener la capacidad de desembolsar entre 700 y 1100 en IA o hasta 5500 euros en FIV– se encuentran embaucadas por una sobrestimación de las posibilidades de alcanzar el resultado esperado. Y es que se ha consolidado una falsa sensación de control sobre la fertilidad –sobre todo si hay colchón económico–, impulsada por la creencia de que el paso del tiempo ha dejado de ser un hándicap en la maternidad.
«Durante los últimos años, tanto la seguridad como la eficacia y las probabilidades de éxito en el menor tiempo posible se han optimizado de una forma muy positiva. Las TRA son cada vez más personalizadas y registran una menor tasa de complicaciones asociadas», apunta el equipo del Instituto Bernabeu. Sin embargo, a partir de los 40 años, el número de resultados positivos por ciclo de FIV desciende significativamente y presenta una probabilidad de éxito entre el 11 % y el 24 %, según distintos registros y centros.
A partir de los 40 años, el número de resultados positivos por ciclo de FIV desciende significativamente
Pese a ser una solución real desde mediados de los 80, el dilema de fondo sigue latente: mientras las técnicas de reproducción asistida se presentan como parche tecnológico frente a un problema de natalidad estructural, el verdadero problema sigue sin abordarse. La falta de políticas públicas que favorezcan la maternidad temprana —empleo estable, vivienda accesible, apoyo económico y conciliación— ha desplazado el foco hacia una respuesta médica que, en muchos casos, llega tarde y con un alto coste.
En este escenario, no son pocas las voces que alertan de una deriva mercantil en el sector. Las clínicas operan cada vez más bajo una lógica empresarial en un mercado donde las emociones, la urgencia biológica y las expectativas chocan con los intereses económicos. Porque, aunque la reproducción asistida ha supuesto un avance incuestionable, también implica un recorrido largo, incierto y emocionalmente exigente, cuya rentabilidad a veces beneficia más a quienes lo ofrecen que a quienes lo necesitan.