La juventud española se emancipa a los 30,3 años de media
La precariedad 'secuestra' a la juventud en casa de sus padres: «Hasta pasados los 30 no me podré ir»
El 45 % de los jóvenes de hasta 31 años sigue viviendo con sus padres y más de un 38 % de los emancipados sigue necesitando ayuda económica externa
España se encuentra inmersa en una crisis de vivienda que afecta sobre todo a los jóvenes españoles. Y es que la precariedad laboral y la pérdida de poder adquisitivo han condenado al 45 % de los jóvenes de hasta 31 años a seguir viviendo con sus padres, según los datos recogidos en el IV Observatorio Cofidis de Economía Sostenible en el Hogar 2025, que analiza la realidad de los jóvenes de entre 18 y 31 años en relación con la emancipación, el ahorro, el apoyo económico externo y su capacidad para afrontar imprevistos.
Es el caso de Andrea. Tiene 28 años y es profesora. Pese a llevar más de cuatro años trabajando tanto en la educación pública como en la concertada, calcula que hasta pasados los 30 años no se va a poder ir de casa de sus padres. «El precio de los pisos tanto para la compra como el alquiler son totalmente inasumibles. La única manera que tendría sería comprando un piso muy pequeño y en un barrio periférico», asegura esta joven.
No obstante, alcanzar la independencia residencial no implica necesariamente estabilidad económica. «Mi familia me da una pequeña ayuda económica porque sino no tendría capacidad ahorro para poder adquirir una vivienda en propiedad en un futuro», cuenta Marta, una joven de 27 años que vive en Valencia, lejos de su casa, por trabajo. Como ella, casi cuatro de cada diez jóvenes emancipados siguen necesitando apoyo económico externo, lo que evidencia la fragilidad de sus condiciones de vida.
Brecha entre vivienda y salarios
La combinación de la subida del precio de la vivienda, la inflación acumulada y la disminución de la renta per cápita en la última década sitúa la edad media de emancipación en España por encima de los 30 años –concretamente en los 30,4 años–, según se refleja en la última edición del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE).
El alquiler medio aumenta un 13,6 % respecto al de hace un año y se sitúa, así, en los 1.072 euros, la cifra más alta desde que hay registros. Este incremento enfrenta a la juventud a una tendencia por la cual hay una brecha entre la subida del precio de la vivienda y el de los salarios.
Si el salario medio de los jóvenes en el primer semestre de 2024 –fecha a la que corresponde el informe del CJE– era de 1.048,19 euros netos en 12 pagas, a una persona joven le faltarían 23,81 euros para poder pagar un alquiler en solitario y todo esto sin tener en cuenta los gastos de los suministros –que se estima que es 120,37 euros–, de la comida o de cualquier otro gasto para su día a día.
Los hogares de quienes logran emanciparse no cuentan con una mejor perspectiva: el 70,5 % se encontraba sobreendeudado, debiendo dedicar más de un 40 % de sus ingresos a pagar la renta. Por lo tanto, «no es que hubiera menos personas jóvenes emancipadas que un año antes, sino que la amplia mayoría de quienes se emancipaban lo hacían en unas condiciones muy precarias», aseguran desde el Consejo de la Juventud de España.
«Todos estos datos desembocan, no solo en que la juventud española se encuentre ante la peor perspectiva para independizarse desde, al menos, 2006, sino también en que tres de cada 10 personas jóvenes en España se encuentran en riesgo de pobreza o de exclusión social.», añaden.
Ni siquiera alquilando una habitación en lugar de una vivienda entera los jóvenes se libran de dedicar menos del 30 % de su salario a la vivienda, como recomiendan distintos organismos internacionales. En España, un joven destina el 35,8 % de su salario neto mensual al pago de una habitación, y en algunas capitales de provincia, como Palma de Mallorca, Santa Cruz de Tenerife, Málaga, Las Palmas de Gran Canaria, Barcelona, Valencia o San Sebastián, la renta superaba el 40 % del salario medio.
«Escuchar a las personas jóvenes y dar respuesta a sus problemas no debería ser una cuestión circunstancial. Sabemos que no hay una varita mágica para solucionar el problema estructural de la vivienda, pero pedimos que se realicen política a corto y largo plazo lo antes posible», pide Pilar Blasco, vicepresidenta y responsable de incidencia política del CJE.