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El presidente de Correos, Pedro Saura.A. Pérez Meca / Europa Press

Correos inicia su curso más decisivo con críticas al caos veraniego y con un malestar interno creciente

Los empleados y directivos de Correos están más tranquilos después de que en julio se firmara en el Congreso de los Diputados el rescate de la compañía: el Estado destinará 3.000 millones de euros en cuatro años a salvar una empresa que prácticamente estaba en la quiebra después de los cinco años de gestión desastrosa de Juan Manuel Serrano, el amigo de Sánchez.

La inversión del Estado asegura en principio la continuidad de la compañía, pero queda mucho trabajo por hacer al nuevo presidente, Pedro Saura, y a su equipo. El más importante tiene que ver con la adaptación de su plantilla a esta nueva era. Como ya hemos contado en otras ocasiones, el gasto en personal de la empresa alcanza el 90 % de sus ingresos, algo que la convierte en inviable. El objetivo es bajarlo al 70 %, y en ello están.

Las bolsas de horas serán voluntarias, y ahora hay que negociar su remuneración

Dentro de las medidas para conseguirlo están las bolsas de horas. Los sindicatos las acordaron con la compañía el 31 de julio para adecuar el trabajo de la plantilla a los diferentes niveles de actividad de la empresa a lo largo del año. La bolsa de horas será como máximo un 10 % de la jornada anual ordinaria, que para 2025 equivale a 170 horas. Los sindicatos han introducido dentro de esta medida que las bolsas de horas sean voluntarias y adecuadamente compensadas, además de renovables y cancelables en cualquier momento por motivo de salud o conciliación.

La medida está aprobada, pero está pendiente su desarrollo y concreción, que deberá llevarse a cabo en los próximos meses. La aplicación de estas bolsas de horas implicará a quienes las cojan trabajar con criterios de distribución de la jornada distintos de los actuales y con una incentivación económica pendiente de consensuar entre las partes. A cambio la empresa espera poder ahorrar costes de personal al tener que realizar menos contrataciones.

Mientras medidas como estas se ponen en marcha, la empresa sigue sufriendo falta de personal y un cierto caos en los envíos y en las oficinas, como acaba de verse este verano. Evitar estos problemas requiere planificación para cubrir esas bajas que se producen por ejemplo en épocas como el verano, pero Recursos Humanos no ha sido capaz de preverlo como ha sido costumbre en la empresa.

Las bolsas de horas y las prejubilaciones aún deben concretarse

Las bolsas de horas aún no están concretadas, y las condiciones de las prejubilaciones, tampoco. Los sindicatos las negociarán próximamente con la empresa. Aún no se sabe el número de personas que puede salir de la compañía, aunque en algún momento se ha hablado de unas 7.000 (Correos tiene actualmente 47.000 empleados).

Los sindicatos están a la espera de poder ver de primera mano cómo podría quedar la compañía según las necesidades de la empresa en esta nueva etapa, y de negociar a partir de ello, pero aún no les han puesto nada concreto sobre la mesa.

Cuando Ramírez llegó a Correos en septiembre de 2022 procedente de Navantia, tenía tres subdirecciones bajo su cargo. Ahora tiene siete, mientras veta a otras áreas estratégicas su necesidad de reforzarse. Es conocido que, pese a la ingente cantidad de personal bajo su responsabilidad, no se controlan los procesos del nuevo proyecto de rescate. El caos de las oficinas se reproduce cada verano desde que está Ramírez. El nivel de absentismo es escandaloso, y los procesos de selección de personal funcionan al margen de criterios de mérito profesional, como en los peores tiempos de Serrano. El caso de la secretaria particular de Ramírez es un ejemplo de nepotismo que ha recorrido los pasillos de la compañía.

A ello se une su política de relaciones sindicales con un tratamiento privilegiado a una central sindical, algo que ha sembrado malestar entre los demás sindicatos. Hay otros ejemplos con los que los profesionales de Correos marginados injustamente ponen de relieve el caos de Recursos Humanos. Entre ellos se encuentran iniciativas ridículas que Ramírez puso en marcha provocando la indignación por su despilfarro e inutilidad, como el montar por decisión personal un grupo de sesenta personas escogidas a dedo sin criterio conocido y denominándolas Leones del cambio: sesenta empleados que recorrían la geografía española contando las supuestas bondades del cambio que se está produciendo en la empresa. En las reuniones secretas que se han tenido en Correos Lab, se han limitado a transmitir a los implicados discursos decepcionantes, vacíos y generalistas (según testigos) con merchandising, dibujos y figuritas de león: de ahí el nombre del grupo, que ha acabado siendo la comidilla y la burla de la casa.

Correos está más allá de los números rojos. Su accionista principal, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), ha tenido que inyectarle otra morterada de millones de euros para poder afrontar sus compromisos más urgentes de pago y afrontar su cambio de modelo. Aun así, en principio su salvación está en el acuerdo entre PSOE y Coalición Canaria (con la abstención favorable del PP) para incluir el rescate como enmienda en el Régimen Económico y Fiscal de Canarias. A partir de aquí, habrá que ver si Saura consigue superar la herencia envenenada de una situación muy difícil, casi crítica de Correos, y si entre todos los actores implicados logran encarrilar el rumbo de la empresa.