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Un camión de Correos repartiendo comida para los más vulnerables en el día de Nochebuena.

Un camión de Correos repartiendo comida para los más vulnerables en el día de Nochebuena.Marta Fernández / Europa Press

Tensión entre la dirección y los sindicatos de Correos en la semana en que se decide el futuro de la plantilla

Tal como avanzamos en este periódico, la primera reunión para abordar el futuro de los 47.000 empleados de Correos se celebró el pasado jueves con escaso éxito. Lo que más claro quedó fue el empeño de Comisiones Obreras (CC.OO.) por sacar adelante la oferta de empleo que le da ingresos por los cursos de formación, pero no se aclaró nada sobre qué va a pasar con la plantilla actual.

Como ya hemos contado en otras ocasiones, se baraja que unos 7.000 empleados pueden salir de la compañía por medio de bajas incentivadas. Sin embargo, las condiciones que se les van a ofrecer siguen sin estar encima de la mesa. Esta situación exaspera a los demás sindicatos -al margen de CC.OO.-, que ostentan la mayoría de la representación de los trabajadores y sin los cuales no se puede llegar a un acuerdo.

Estos sindicatos, cada uno defendiendo su postura, siguen dispuestos a dialogar (especialmente UGT y CSIF, los más constructivos), pero reconocen que el estilo de negociación se está haciendo «insoportable» por la falta de transparencia de la empresa. No les dan documentación concreta sobre el dinero que se va a aplicar al plan de salidas ni cómo proponen hacerlo. Con este contexto esperan que se les envíe una propuesta esta semana sobre este plan de salidas, pero no parece que vaya a salir adelante. Lo más probable es que lo haga después de las vacaciones. «Estamos dispuestos a sentarnos a dialogar sobre argumentos y razones, pero no a aceptar decisiones unilaterales. Recursos Humanos tiene guardados los datos no se sabe para quién. No dan información de lo que están tramando», señala una fuente sindical.

Conseguido hace unos días el rescate de 3.000 millones de euros en cuatro años que el Estado dará a Correos, sigue sin estar claro qué ocurrirá con la plantilla. Casi tres años después de la llegada del director de Recursos Humanos, Fernando Ramírez, y más de un año y siete meses después del aterrizaje del presidente Pedro Saura, fuentes internas lamentan que en el interior de la empresa no reine el orden, la armonía o la cohesión, como cabría esperar en esta nueva etapa en la que hay que levantar la compañía, sino más bien el caos, la desmoralización y la falta de implicación de los empleados (al menos de una parte).

Estas mismas fuentes ven a Ramírez como el principal responsable de esta situación, y también del criticado absentismo, que no ha sido capaz de resolver en los dos años que lleva en el cargo. En su sueldo también va la previsión de contratación en momentos clave como las vacaciones, algo que hasta hace unos años había funcionado como un reloj, pero que para este verano apunta a ser de nuevo un caos, como indicábamos en este artículo.

La negociación entre la dirección y los sindicatos se tensa porque falta transparencia, documentos que muestren de manera concreta, cuantificada, cómo quiere hacerse el plan de salidas, y otras cuestiones en las que se está insistiendo, como la bolsa de horas (horas trabajadas por encima o por debajo de la jornada habitual que se van sumando y pagando en una cuenta).

No se sabe qué plan de salidas tiene la empresa, a qué tramos de edades se va a hacer una oferta económica, y tampoco de dónde va a llegar el dinero, teniendo en cuenta que no hay Presupuestos. En el Sindicato Libre especulan con que quizá pueda venir de los fondos europeos Next Generation, a pesar de que estos fondos supuestamente estaban pensados para la transformación y la digitalización.

Tampoco se sabe nada, un año y siete meses después de la llegada de Saura, de cuáles son los planes de Correos con la red de oficinas, el desarrollo comercial, la organización de la operativa de la compañía para volver a ser rentables... Como se puede comprobar, la situación de Correos quizá se aclare en algo esta semana, pero el ambiente no parece el más propicio, aunque todos están dispuestos a negociar.

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