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El éxito se redefine: ya no es escalar, sino resistir, mientras que el bienestar pesa más que la ambiciónEP

El 70 % de los jóvenes cree que las relaciones pesan más que el mérito para alcanzar el éxito profesional

El éxito se redefine: ya no es escalar, sino resistir, mientras que el bienestar pesa más que la ambición

La igualdad de oportunidades es el ideal que inspira a toda democracia, aunque actualmente sea más aspiración que condición. Así lo evidencia el contexto presente y los patrones —o la ausencia de los mismos— de movilidad social. Un reciente estudio de la OCDE cuantifica esta tendencia: el 70 % de los jóvenes cree que para alcanzar el éxito profesional resulta más importante estar bien relacionado que estudiar. Es un dato desalentador que explica el pesimismo con el que las nuevas generaciones aguardan su futuro. Sienten que no podrán devolver la deuda de gratitud a sus padres y abuelos, pues la vida que estos se labraron difícilmente se parecerá a la que ellos podrán alcanzar. Quizás, gracias a un golpe de suerte, logran emanciparse a los 30 años; apenas cuatro más tarde que la media de la Unión Europea.

Se ha asentado la imagen de una «generación de cristal» para referirse a quienes nacieron entre 1981 y 2012: más frágiles, menos ambiciosos, alejados del ideal del dream job y limitados a aspiraciones difusas e incapaces –según se dice– de afrontar la crítica o la frustración. La cultura popular los presenta como resignados a no escalar, preocupados por el reconocimiento instantáneo y poco tolerantes al esfuerzo continuado, pero el colectivo de obreros jóvenes lo han rebautizado como minimalismo profesional: buscan seguridad financiera, pero salir a su hora y evitar ascensos que impliquen más responsabilidad sin una compensación económica real. Frente a estos prejuicios, la realidad se presenta mucho más compleja y el malestar transversal.

El agotamiento no es solo juvenil, sino colectivo

No hay una rareza juvenil en el descontento. El Informe de Salud Laboral 2025 de Pluxee revela que ocho de cada diez trabajadores, tanto jóvenes como veteranos, sienten que su empleo afecta negativamente a su salud. La desazón no distingue edades; atraviesa oficinas y pantallas con la misma sensación de cansancio y falta de propósito. Un síntoma generalizado fruto de un modelo de trabajo que desgasta cuerpos, mentes y expectativas. En concreto, el del 12% de la generación Zeta y el del 2% de los baby boomers.

Mientras tanto, el silencio domina en el lado donde reina el poder. La compañía especializada en servicios de beneficios y ‘engagement’ para empleados revela que un 76 % de los empleados considera que su empresa no ha valorado su salud física y mental, y que, cuando lo ha hecho, ha sido de forma claramente insuficiente. 7 de cada 10 empresas no cuentan con ninguna herramienta de apoyo emocional ni tampoco promueven hábitos de vida saludable de manera activa. Las políticas de bienestar siguen siendo, para la mayoría, una promesa vacía: discurso en los comités, pero ausencia en la operativa diaria. No ha habido un interés real, solo una estrategia de marketing que vende la salud física y emocional como un complemento del trabajo.

La nueva generación de trabajadores no aspira a dirigir, sino a vivir mejor

La distancia entre la retórica empresarial y la experiencia cotidiana nos lleva, tras celebrar el día mundial de la salud mental, a encontramos inmersos en la reconfiguración sobre lo que entendemos por éxito profesional, que actualmente se mide en términos de equilibrio y propósito. La nueva generación de trabajadores no aspira a dirigir, sino a vivir mejor. Prioriza el bienestar emocional sobre el progreso profesional, la estabilidad mental sobre el reconocimiento público y la coherencia vital sobre la competitividad. Triunfa quien preserva su cordura y domina su tiempo porque no consiste en llegar más alto, sino en llegar más sereno. O, al menos, en llegar.

El Informe evidencia que el empleo, lejos de ser una fuente de realización, se ha convertido en un factor de desgaste del que uno de cada tres no consigue desconectar ni al finalizar su jornada. Su cerebro en clave empleado no se apaga ni para conciliar el sueño: un 63% de las personas encuestadas reconoce tener dificultades para dormir y un 33% lo relaciona directamente con motivos laborales.

Antes, ser productiva era una seña de identidad, ahora es la causa de que el 21 % de los encuestados haya tenido que acudir a profesionales para gestionar su salud mental, siendo los episodios de ansiedad el principal motivo de casi la mitad de estos. Aún así, cautela. Nuestra ministra de Trabajo promete devolvernos la vida que nos merecemos, aunque previsiblemente tengamos que esperar alguna legislatura más. Suerte que Sánchez es resiliente.