Sánchez quiere regar de dinero público Cataluña mientras Puente nos quiere hacer viajar de pie en tren
El presidente del Gobierno se ha lanzado a invertir más de medio billón de fondos públicos allá donde necesite apoyos para ir a las elecciones bien fajado
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) y el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente (d)
Es fantástico cómo Pedro Sánchez tiene cogida la medida a los nacionalistas. Sabe que, hoy por hoy, lo único que les interesa es el dinero, y ha decidido ponerles un chalé a los de Junts y PNV o, mejor dicho, un rascacielos entero. Eso sí, con nuestro dinero, que el de su suegro ya se lo gastó en las primarias.
El caso es que como el Gobierno se había quedado en minoría, tiró esta semana por la solución que siempre funciona: la pasta. La cosa empezó el martes con la aprobación de un Real Decreto con el que pretendía impulsar los acuerdos pendientes con Junts. La norma hace referencia a las penas por multirreincidencia que reclamaban los de Junts para que Silvia Orriols y su Aliança Catalana no se les suban más a las barbas. La reforma del Código Penal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal llevaba desde marzo de 2024 registrada por el partido independentista, pero ya se sabe que el Congreso está muy ocupado haciendo nada y hasta el martes pasado no tomó cartas en el asunto.
La medida, que fue apoyada por el PP, formaba parte de la ristra de peticiones que Miriam Nogueras había leído como incumplimientos del Gobierno con su formación. Pero en esa lista figuran muchas cosas más que el Gobierno ya ha anunciado que aprobará: otro Decreto Ley para ceder a Cataluña las competencias en la gestión del empleo público; retrasar un año la facturación electrónica; así como flexibilizar las inversiones llamadas sostenibles de los ayuntamientos. Pero eso es solo el aperitivo.
El Gobierno ha dicho que está trabajando –un decir, como María Jesús Montero con los Presupuestos– en nuevas concesiones como las ayudas a los arrendadores que sufran impagos como primera medida de protección de la propiedad; en la aplicación total de la llamada ley de amnistía; en una nueva ley antiokupas; la publicación de las balanzas fiscales; y cómo no, que el catalán sea lengua oficial en Europa y que la Generalitat tenga la plena competencia sobre la política migratoria. Imaginarán que al menos las dos últimas promesas son un brindis al sol a juzgar por los movimientos fallidos en Europa y en otros socios que apoyan al Gobierno. Pero por hacer que ceden, no pasa nada.
Montero sigue pensando que febrero puede ser un mes para presentar los Presupuestos y necesita engrasar a los díscolos de Junts
Pero si alguien creía que con estos anuncios acabarían las cesiones, también se ha quedado corto. Pedro Sánchez ha diseñado para 2026 una catarata de inversiones sin precedentes. Ante la eventualidad del batacazo electoral en Extremadura de este mes, y en Castilla y León en el primer semestre, se ha lanzado a invertir más de medio billón de fondos públicos allá donde necesite apoyos para ir a las elecciones bien fajados.
¿Y en qué se va a gastar tanto dinero? Pues para empezar asumiendo los 83.252 millones de euros de la deuda pública de las comunidades autónomas que lo soliciten. Montero sigue pensando que febrero puede ser un mes para presentar los Presupuestos y necesita engrasar a los díscolos de Junts. El segundo plato serán los 216.177 millones de gasto que el Gobierno quiere repartir: un 8,5 % más respecto al límite de gasto de 2025. Dicen en Moncloa que esa inversión será posible por el aumento de la recaudación y las últimas ayudas europeas... veremos, pero el postre será lo mejor del festín que pagaremos todos: la reforma del sistema de financiación autonómica que incluirá la famosa financiación singular de Cataluña. Nadie duda que Junts apoyará la condonación de la deuda catalana, y por supuesto la singularidad de su financiación. Pero el Gobierno quiere que sea a cambio de apoyar los Presupuestos. Veremos si se conforman con eso o si el regreso de Puigdemont lo termina de allanar aún más.
Y mientras el Gobierno tira del dinero de nuestros impuestos para sus citas electorales, la pregunta que se hacían esta misma semana algunos embajadores en una animada comida, era para cuando quedaba el 5 % del PIB comprometido para la OTAN. Compromiso de Sánchez tras la cumbre de El Cairo, como recordó alguno.
Entre tanto, y a menos de un mes para cerrar el año, los fondos de bolsa estadounidense han decidido hacer caja como nunca en este momento tan dulce para sus mercados. Quieren recoger beneficios ante la incertidumbre que no cesa. La mala noticia es que siguen sin invertir en España. A pesar de que la bolsa española ha vivido también un año histórico con ganancias superiores al 40 % en el Ibex 35, el saldo neto arroja salidas de dinero de 21 millones de euros, lo que convierte a 2025 en el cuarto año consecutivo en el que los reembolsos son superiores a las entradas de dinero. Un vértigo que puede llevar a los mercados a nuevas correcciones de la mano, sobre todo de las grandes tecnológicas que se han disparado a costa de la inteligencia artificial. Pero que los inversores extranjeros sigan sin volver a España tampoco es noticia para este Gobierno. Falta de confianza que diría el clásico
Ya se ve que hay que sacar dinero para Junts y van a intentar hacer caja de donde puedan
Y hablando de vértigo, nuestro ministro de Transportes, Óscar Puente, quizá para celebrar la prórroga de los contratos de Renfe en La Meca (Arabia), ha propuesto viajar de pie en los trenes y vender billetes «sin asiento». No es una inocentada adelantada. Dice que el «presidente de Renfe es muy partidario de empezar a trabajar en alguna línea con esa opción, en tránsitos que no sean muy largos». No quiero ni pensar lo que serán para ellos tránsitos no muy largos, pero, conociendo a la pareja, les recomiendo que aprovechen estas fiestas de Navidad para viajar todo lo que puedan antes del desastre. Ya se ve que hay que sacar dinero para Junts y van a intentar hacer caja de donde puedan.
Dicen también Óscar Puente que eso «es algo muy habitual en Europa» y que, con esta fórmula, pretenden «llegar al 100% de ocupación». Es lo que le pasa al ministro por meter tantas horas en TikTok y ver películas indias de Bollywood con trenes rebosando hasta el techo. Al final, terminaremos echando de menos a aquella Renfe que siempre llegaba tarde. Más o menos como esta.