El mítico jugador de los Chicago Bulls, Michael Jordan.
Famosos que invierten y triunfan o fracasan: de Michael Jordan a Keynes o Churchill
Isaac Newton fue un desastre, y Albert Einstein tampoco estuvo entre los más afortunados, pese a su inteligencia indudable
El mítico jugador de baloncesto Michael Jordan tiene una fortuna estimada en unos 3.500 millones de dólares, que en buena medida ha sido generada por su alianza con Nike, como muy bien se cuenta en el documental AIR.
Con ella ha ido invirtiendo en diferentes negocios (la moda de su marca Jordan Golf, videojuegos -Mythical Games-, bebidas -Cincoro Tequila-...), aunque el de más actualidad es el relacionado con el automovilismo. Jordan creó su propio equipo en NASCAR, la espectacular competición en óvalos. Lo llamó 23XI Racing, en honor al número que lucía en los Chicago Bulls.
Acaba de conseguir una victoria que puede hacerle ganar muchísimo dinero. Hasta ahora la competición repartía a los equipos participantes alrededor de un 25 % de los ingresos que generaba, muy por debajo, por ejemplo, del 45 % que da la Fórmula 1. Jordan pleiteó con los propietarios de la competición (la familia France, desde el año 1948), y ha conseguido que mejoren las condiciones. Dará más estabilidad a la competición -se darán cartas de permanencia a los equipos cuando antes eran revocables-, y previsiblemente les permitirá ganar más dinero.
Jordan se ha convertido en un empresario, como lo han hecho muchos otros deportistas, también en España. Los futbolistas Álvaro Arbeloa, que con su hermano invierte en más de cuarenta empresas, David Silva -que ha elegido los vinos- o Morata -en Manolitos- son algunos ejemplos.
Más allá del deporte y de nuestras fronteras, Financial Times recopilaba recientemente ejemplos de famosos del mundo anglosajón que han triunfado o fracasado con sus inversiones.
Describe, por ejemplo, que Isaac Newton fue un desastre. Invirtió en la Compañía Mar del Sur, una empresa de comercio con América que prometía grandes ganancias, pero resultó ser una burbuja financiera; inicialmente ganó mucho dinero, pero, al reinvertir, perdió una parte considerable de su fortuna, exclamando célebremente que «¡puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente!». Perdió el 40 % de su inversión, pero como era multimillonario y siempre tuvo dinero, la situación no fue más allá.
Churchill tampoco estuvo muy fino. Invirtió las ganancias que había obtenido con las ventas de sus libros, pero perdió 4,5 millones de libras de la época y tuvieron que rescatarle financieramente en varias ocasiones.
Darwin lo hizo mejor. Le donaron 10.000 libras esterlinas cuando se casó y las transformó en 282.000: 600 millones de euros actuales. Cambiaba acciones por bonos del Estado convertibles.
El pintor J.M.W. Turner también lo hizo bien. Invirtió en su primer bono cuando tenía 19 años y acabó con una fortuna de 60-70 millones de euros.
El músico Georg Friedrich Händel puso dinero en la Royal African Company, que traficaba con esclavos, y ganó bastante.
El economista John Maynard Keynes obtuvo una rentabilidad media anual de más del 15 % durante veinticinco años, que es una barbaridad. Arrancó con una inversión de 100 libras y terminó con 2.893.
Einstein entregó la mayor parte del dinero a su ex esposa como parte de un acuerdo de divorcio, y ella lo utilizó para comprar Huttenstrasse 62, un bloque de apartamentos de cinco plantas en Zúrich.
William Shakespeare parece haber invertido sus ingresos en las tierras de cultivo de Stratford en lugar de en una cartera de valores, con lo cual es difícil saber qué rentabilidad obtuvo.
Como se puede comprobar, muchos genios y famosos han decidido invertir su dinero en diversas iniciativas, pero no siempre han tenido fortuna.