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Análisis económicoJosé Ramón Riera

Así exprime Hacienda a los contribuyentes sin subir impuestos

Millones de contribuyentes saltan a tramos superiores o pagan más por el mismo tramo, aunque en términos reales sean igual o más pobres que antes

Hay una forma de subir impuestos sin aprobar una reforma fiscal, sin pasar por el Congreso y sin asumir el coste político de hacerlo. Basta con no deflactar el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas mientras la inflación avanza. Eso es exactamente lo que ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez durante los últimos años y los datos oficiales lo demuestran con una claridad difícil de discutir.

Por eso quiero dedicar este artículo al Movimiento de Contribuyentes en Acción, que preside mi socio y amigo Ignacio Basco, porque me consta que está trabajando duramente en convencer a los políticos de este país de que la deflactación de los tramos de retención debe de ser automática para evitar que pase la barbaridad que les voy a contar y que está permitiendo al Gobierno quedarse cada día con más efectivo del que le correspondería.

No solo no es tolerable lo que está pasando, sino que además está perjudicando muy seriamente al crecimiento de la economía, porque el expolio económico es totalmente injustificable.

Para que lo veamos todo con claridad, he preparado esta tabla con la recaudación de IRPF, acumulada a noviembre, desde 2018 hasta 2025, la inflación igual y el PIB, con sus resultados anuales del PIB Nominal modificados al alza en más de 72.000 millones por el INE.

Entre noviembre de 2018 y noviembre de 2025, la recaudación por IRPF ha pasado de 77.838 millones de euros a 133.282 millones. Un incremento del 71,2 %. En ese mismo periodo, el PIB nominal español ha crecido un 38,8 % y la inflación acumulada ha sido del 20,5 %. Es decir, el IRPF ha crecido casi el doble que la economía y más de tres veces la inflación. No es crecimiento económico. Es extracción fiscal.

La clave está en la no deflactación de los tramos, los mínimos personales y las deducciones. Los salarios suben en términos nominales para compensar parcialmente la subida de precios, pero el sistema fiscal trata esas subidas como si fuesen ganancias reales de poder adquisitivo. El resultado es que millones de contribuyentes saltan a tramos superiores o pagan más por el mismo tramo, aunque en términos reales sean igual o más pobres que antes. Hacienda recauda más sin subir tipos y el Gobierno puede decir que no ha subido impuestos mientras los ciudadanos pagan cada vez más.

No solo no es tolerable lo que está pasando, sino que además está perjudicando muy seriamente al crecimiento de la economía

El ejemplo más revelador es 2020. El año de la mayor crisis económica en décadas, con una caída del PIB nominal del 9,9 % y una inflación negativa del 0,7 %. Aun así, la recaudación por IRPF creció un 1 %. En plena recesión, con cierres, ERTE y destrucción de renta, Hacienda siguió apretando. Ese dato por sí solo desmonta cualquier relato de que el aumento de recaudación se debe al dinamismo económico. Cuando la economía se hunde y los ingresos fiscales suben, el problema no es el ciclo: es el diseño del impuesto.

A partir de 2021, con la inflación desatada, el efecto se multiplica. Entre 2021 y 2022, la inflación acumulada fue del 12,3 %, pero la recaudación por IRPF se disparó un 31,9 %. En 2023, 2024 y 2025 el patrón se repite: inflación moderándose, crecimiento nominal cada vez más débil y un IRPF que sigue creciendo muy por encima del PIB. Hacienda ha convertido la inflación en su mejor aliada recaudatoria.

Fíjense en el resultado de 2025: la inflación a noviembre sumaba un 2,6 %, el PIB, según Manzanera y Economía, va a crecer un 5,5 % en términos nominales (hemos cerrado el año en un 2,9 % oficial, así que el crecimiento real no va a ser el 2,9 % como decía el ministro de Economía Carlos Cuerpo, sino un 2,6 %) y la recaudación a noviembre vuelve a doblar el crecimiento del PIB. Esto no se aguanta por ningún lado.

Esta política tiene consecuencias muy claras. La primera es una pérdida continuada de renta real para asalariados y autónomos, especialmente para las clases medias, que no pueden protegerse con ingeniería fiscal ni trasladar el coste a terceros. La segunda es una ruptura del principio de neutralidad del impuesto: el IRPF deja de medir capacidad económica real y pasa a gravar la mera supervivencia frente a la inflación. Y la tercera es una subida fiscal encubierta que no ha sido votada ni debatida, pero que financia un gasto público cada vez más descontrolado.

Mientras la recaudación bate récords históricos y supera ya los 300.000 millones de euros, el Gobierno de Sánchez sigue negándose a corregir el efecto inflacionario del IRPF. No es un descuido técnico ni una omisión involuntaria. Es una decisión política consciente: exprimir al contribuyente sin asumir el coste político de reconocer una subida de impuestos. Hacienda gana, el Gobierno gana margen presupuestario y el ciudadano pierde poder adquisitivo año tras año.

No deflactar el IRPF no es neutral, no es progresivo y no es inocuo. No deflactar el IRPF no es una anomalía técnica ni un olvido administrativo: es una estrategia fiscal deliberada. Hacienda se ha convertido en la gran beneficiaria de la inflación mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se esconde detrás de récords de recaudación para justificar un gasto público desbordado. Cada euro que el Estado no devuelve vía deflactación es un euro que se apropia sin pedir permiso, sin votación parlamentaria y sin asumir el coste político de una subida explícita de impuestos. El resultado es una transferencia masiva de renta desde los ciudadanos hacia el Estado, ejecutada en silencio y pagada, como siempre, por las clases medias y los trabajadores. No estamos ante un problema de diseño fiscal: estamos ante un problema de honestidad política.