Álvaro Arbeloa, en el Albacete - Real Madrid
Arbeloa se pone una primera misión mientras arrecian las críticas sobre la plantilla: «No nos da»
Diversos profesionales del club analizan que falta calidad en el plantel, y el técnico y Pintus tienen que pechar con ello
Alcorcón, Alcoyano, Toledo y ahora Albacete: la lista negra del Real Madrid en Copa del Rey
Falta fútbol, admiten algunos directivos. «Falta calidad», señalan diversos profesionales de la casa. «Creo que no nos da para ganar títulos», indica un hombre que les ve entrenar todos los días. Para colmo, la plaga de lesiones no tiene fin y el estado físico de la plantilla es lamentable. Por eso se ha producido la revolución. La llegada de Álvaro Arbeloa, Antonio Pintus y Niko Mihic obedece al deseo de la cúpula del Real Madrid de un cambio en la gestión deportiva del equipo, de un trabajo distinto en la preparación biológica y de un mejor control de los entrenamientos, de los tratamientos médicos y de la readaptación a la competición para evitar tanta lesión y tanta recaída.
Se han querido tocar todos los palos con el fin de obtener una evolución. Pero el panorama es peor de lo esperado para Álvaro Arbeloa. El nuevo entrenador tenía más información que nadie del estado del Real Madrid, porque su amigo Xabi Alonso le informó minuciosamente de todo. Sin embargo, el salmantino no se esperaba que la cosa estuviera tan mal. La cosa está peor. El partido de Albacete demostró una carencia de fútbol, una ausencia de ideas, una falta de dirección de juego, una mediocridad física, una carencia de personalidad, una orfandad de liderazgo y una pérdida de papeles que es inadmisible en el Real Madrid. Los hechos son indiscutibles. Los blancos siempre fueron a remolque de un rival que lucha por mantenerse en Segunda.
Los hombres de Arbeloa dominaron los noventa minutos y encajaron tres goles. Se veía claro que no había talento para dar la vuelta al marcador y ponerse en franquicia. El Real Madrid era un equipo vulgar, que dominaba sin peligro. Los goles de Mastantuono y Gonzalo vinieron en remates de dos saques de esquina como reacción a cada ventaja albaceteña en el marcador. Pero a la tercera fue la vencida. El Real Madrid jugó siempre en el alambre y ya no tuvo tiempo para buscar otro empate.
El fracaso demostró que el conjunto madrileño podía estar jugando en Albacete siete días y no ganaría porque ningún jugador madridista marcaba la diferencia. Solo Gonzalo estuvo a la altura del espíritu del club. El resto de compañeros fue un desastre. Lo peor es que ni Valverde ni Carvajal dieron gritos como capitanes para levantar al grupo. No había un líder que cogiera las riendas y arengara al equipo para exigir carácter y lucha sin fin.
Nadie cogió el bastón psicológico porque nadie se ve en condiciones de mandar a los demás, porque no se siente bien. Se siente tan mal como los otros. Solo Alaba habló fuerte en pleno partido y ya está. Dolido, el austríaco pegó una patada al poste de la portería del Albacete cuando el árbitro pitó el final.
Mastantuono cae ante el centrocampista del Albacete, Riki Rodriguez, durante el Albacete - Real Madrid
Arbeloa vio que tiene mucho trabajo por hacer. El entrenador constató que esa falta de liderazgo y de personalidad persistió, después del fiasco, en el vestuario. Nadie chillaba, nadie abroncaba, nadie se lamentaba diciendo que esto no podía ser y que el Real Madrid no podía permitir estas situaciones de impotencia y debería tener capacidad de reacción. Nadie decía en la caseta que esto no podía ser.
Todos los jugadores madridistas estaban callados, hundidos. Como dijo Carvajal, habían tocado fondo. Allí nadie hablaba. Tuvo que ser Arbeloa quien, visto el pobre panorama, tomara la batuta y se pusiera a levantar el ánimo de los futbolistas. Esa ha sido la labor del nuevo técnico del Real Madrid en las últimas 24 horas. Porque captó que el problema es total: físico, táctico y anímico.
Los futbolistas quieren pero no pueden
El técnico ha dialogado en profundidad con sus pupilos después del fiasco copero para inyectarles moral. Porque es verdad que muchos futbolistas están aburguesados, pero físicamente no dan para más y están hundidos. Es verdad que muchos de estos jugadores han abusado de Ancelotti y de Xabi Alonso. Es verdad que varios líderes del plantel sacaron cinco días de vacaciones a Carletto en un parón de selecciones y que estos mismos hombres se molestaron con Xabi Alonso por tener que viajar un día antes a Bilbao y después le sacaron al vasco dos días de libranza, preludio del tortazo frente al Celta.
Todo esto es cierto. Pero también es verdad que estos futbolistas se sienten físicamente tan mal que ahora quieren y no pueden. Xabi pudo decir antes, con razón, que muchos le hicieron la cama. Ahora nadie quiere hacerle la cama a Arbeloa y lo cierto es que no saben ni poner una sábana, porque no están con fuerzas ni para colocar una almohada. Por eso el nuevo responsable de la plantilla se ha marcado una misión primaria, que es inyectar confianza y seguridad a unos profesionales que ahora no llegan a los balones y que además sufren el gran problema de no tener un director de juego, un hándicap cualitativo que les hace correr como pollos desbocados. Lo vimos en Albacete.
El segundo objetivo del nuevo staff del Real Madrid es mejorar la preparación física, con Pintus al mando y con Mihic como supervisor médico, para estudiar por qué hay tantas lesiones y por qué hay tantas recaídas en las lesiones. El estado físico del grupo es, insistimos, sencillamente lamentable. Profesionales que conocen bien el trabajo que se hace en el Real Madrid señalan que no se ha hecho una buena labor en este ámbito y el aficionado lo puede comprobar en cada partido.
Luchar por Liga y Champions
El mensaje lanzado por Arbeloa al grupo es impactante. Ha cargado con la culpa de la Copa sin tener culpa y se ha dedicado a levantar la fe de sus pupilos para exigirles una preparación física superior y un sacrificio total porque con esa evolución pueden alcanzar todavía la Liga y la Champions, que son los dos títulos más importantes. No se ha perdido nada y es la hora de reaccionar. El problema principal desde el punto de vista futbolístico es conseguir un director de juego, porque esa falta de mando se nota en demasía en el Real Madrid.
Arbeloa articula las opciones de Güler y de Bellingham. Probó al turco en Albacete. Estudia la ejecución de un fútbol más vertical y veloz. Ahora ataca dos encuentros en el Bernabéu, frente al Levante en Liga y ante el Mónaco en Champions, y debe superar la crisis con dos victorias que mantengan intactas las posibilidades del Real Madrid en las dos grandes competiciones.
La otra misión extraordinaria que se debe plantear Arbeloa es acabar con ese poder excesivo de los futbolistas, que se han cargado a Carlo Ancelotti y a Xabi Alonso con los mismos vicios de un aburguesamiento que se ha permitido dentro de la casa. Álvaro es el técnico más joven de la última década y esto no lo puede hacer solo, tiene que haber una dirección deportiva que ataque también los excesos. Hay una realidad que debe exponerse. Conquistar la Champions supone la adquisición de algunos vicios que se aceptan por la relevancia de ese triunfo europeo. Pero la casa blanca ganó la Copa de Europa hace veinte meses y desde entonces no ha obtenido ningún título importante.