De los cascos y chalecos al fondo soberano: Sánchez sigue vistiendo su indigencia política
La puesta en escena de la presentación tiene ya poco que hacer frente a las cuentas de resultados que las empresas necesitan para instalarse o invertir en nuestro país
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a su séquito en durante el acto de demolición de los primeros edificios del acuartelamiento de Campamento
En su afán por aparentar que hace cosas o incluso que gobierna, Pedro Sánchez ha entrado esta semana en el libro Guinness de los récords. Empezó la fiesta con estilismo de chalecos fluorescentes y cascos en el acuartelamiento Teniente Muñoz Castellanos número 394 del paseo de Extremadura, para asistir a las supuestas primeras demoliciones de los viejos edificios que el Ejército ya había empezado a tirar en la época de José Bono y su célebre Operación Campamento.
Las risas y comentarios de Sánchez con su séquito –la ministra de Vivienda Isabel Rodríguez, Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes; y Óscar López, Transformación Digital y de la Función Pública–, solo eran comparables al cabreo de los operarios que, bajo la lluvia, esperaban que terminara aquella mascarada para seguir trabajando. La perplejidad de Bolaños y Óscar López ante la intervención de la grúa con frenillo solo era comparable al cachondeo que se traían Sánchez y Rodríguez. Como si el problema de la vivienda en España se pudiera resolver con bromas como aquella.
Siguió la semana, en lo que a economía se refiere, con las reacciones a la entrevista Sánchez-Junqueras en la Moncloa. La Vanguardia desveló que aquella foto ya había tenido precedentes en otras reuniones secretas. Moncloa, esta semana, no tuvo más remedio que confirmarlo. Una financiación singular para Cataluña que no saldrá adelante, pero que demuestra hasta qué punto está dispuesto el Gobierno a romper la solidaridad entre españoles con tal de seguir en el poder.
Pero como las fotos vienen a pares, aquella imagen con Junqueras tuvo su mímesis en otra con Imanol Pradales recibiendo nuevas transferencias y dineros tras la amenaza de romper la baraja. El Gobierno Vasco consiguió el viernes el traspaso de cinco nuevas competencias: las prestaciones por desempleo, las prestaciones no contributivas de la Seguridad Social, Salvamento Marítimo, el Seguro Escolar, y el Centro de Verificación de Maquinaria de Baracaldo (Vizcaya). Gestionará todas ellas a partir del 1 de enero de 2027 salvo la de Salvamento Marítimo, que asumirá el 1 de octubre de este mismo año.
En la foto monclovita Pradales empezó a parecer alguien ante un Sánchez empequeñecido. Tanto que, tras abandonar Madrid, le faltó tiempo al lehendakari para anunciar en Vitoria, ante la cúpula de su partido, que estas transferencias tampoco bastaban y que se abría «una nueva fase de negociación» sobre todas las competencias pendientes recogidas en el Estatuto vasco, entre otras los aeropuertos. ¡Más madera Sánchez, que esto se acaba!
Pero lo mejor de esta semana tampoco ha sido la cumbre Pradales-Sánchez. El jueves Pedro Sánchez se sacó su penúltimo conejo de la chistera y presentó la creación de un nuevo fondo soberano, España Crece, ahora que se acaban los dineros del programa europeo Next Generation. El plan, según explicó, «partirá con 10.500 millones de euros del Plan de Recuperación, pero aspira a una escala mucho mayor: activar hasta 120.000 millones mediante la entrada de capital privado –incluida deuda– y la participación de inversores tanto nacionales como internacionales, para mantener el impulso modernizador de la economía española iniciado tras la pandemia».
Los fondos soberanos surgen cuando un país tiene un excedente de ingresos. Por esa misma razón, España y el plan de Sánchez nunca pueden entrar en ese parámetro
Hizo el anuncio en el XVI Foro Internacional Spain Investors Day, al que asistían compañías y fondos internacionales, y tendrá una secuela mañana –ya las cosas se presentan dos o tres veces como la grúa de la operación Campamento– cuando Sánchez junto al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, explique su plan más allá de 2026, que es cuando acaban las ayudas europeas.
Cuando Sánchez explicó que se trataba de «prolongar la transformación energética, la transición digital, la apuesta por el capital humano y la reindustrializacion en todos los territorios», el representante de uno de los fondos más importantes del mundo me dijo en voz baja: «Mucho cuidado que eso es que viene otro apagón». Tuve que contener la risa. Pero sigamos con el fondo.
Adelantó Sánchez que el nuevo fondo estará gestionado por el ICO y que España Crece invertirá junto con el sector privado mediante préstamos, avales o instrumentos de capital, priorizando nueve sectores clave para mejorar la productividad de la economía: vivienda, energía, digitalización, IA, reindustrialización, economía circular, infraestructura, agua y saneamiento o seguridad. No se dejó nada, pero el bluf es enorme. Me explico.
Los fondos soberanos surgen cuando un país tiene un excedente de ingresos. Por esa misma razón, España y el plan de Sánchez nunca pueden entrar en ese parámetro: ni hay un superávit, ni tampoco una materia prima que sea una gran fuente de riqueza para financiar un fondo soberano.
Lo que Sánchez ha anunciado tampoco tiene nada que ver con los fondos que Noruega, Japón o China crearon en tiempos de bonanza y que hoy alcanzan cifras billonarias. Simplemente utiliza los 10.500 millones procedentes de los fondos ya asignados por Bruselas y que el Gobierno calcula que no le dará tiempo a gastar antes de que termine 2026; aquellos fondos que se activaron en la pandemia para relanzar la actividad económica de los países de la Unión más afectados. Nada que ver con un fondo soberano que siempre busca rentabilidad en sus inversiones.
Y tampoco tiene buena pinta que Sánchez acuda ahora a la inversión privada cuando lleva dos legislaturas ahuyentando a las empresas y fondos buitres –así los llaman– que invertían en nuestro país. Los últimos decidieron salir tras el apagón del año pasado. «Ni garantías legales ni energéticas -me dijo el consejero delegado de una farmacéutica-; y así no se puede invertir». Pues verde…
Queda para la anécdota la puesta en escena de la presentación de mañana. Los cascos y chaquetas reflectoras tienen ya poco que hacer frente a las cuentas de resultados que los fondos y empresas necesitan para instalarse o invertir en nuestro país. Solo espero que esta vez se aguanten las risitas Sánchez y Cuerpo, sobre todo con los nuevos datos de déficit.
Y mientras tanto la vivienda, que ha sido nuestra mayor fuente de inversión extranjera en los últimos años, seguirá dopada por esa rebaja fiscal a los inmorales caseros –Podemos dixit– que simplemente quieren cobrar un alquiler razonable por sus casas. «Esto es para que ardan las calles», dice Ione Belarra comentando las ayudas fiscales del Gobierno. ¡Pues verás tú lo que se incendia cuando alguien le explique lo del fondo soberano!