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Los problemas que más preocupan a los ciudadanos occidentales suelen ser en casi todos los países los mismos: vivienda, inmigración, envejecimiento poblacional, pérdida del poder adquisitivo, deterioro de los servicios públicos… y todos ellos podrían tener un origen común. Un factor que no se suele mencionar cuando se intenta dar explicación a estos problemas pero que, en mi opinión, es su principal causa.

La semilla que daría origen a estos problemas se plantó un 15 de agosto de 1971. Ese día el presidente de EE.UU., Richard Nixon decidió suspender la convertibilidad del dólar en oro, poniendo fin a un sistema monetario respaldado por este metal precioso de más de 2.500 años de historia, que se remonta hasta la antigua Lidia, momento en el que comenzaron a acuñarse las primeras monedas de oro.

Con el fin del patrón oro nacía el dinero fiat, papel sin valor intrínseco, que únicamente se sostiene por la confianza de los ciudadanos. Con este sistema los bancos quedaron libres de toda limitación a la hora crear dinero nuevo. Esto provocó un aumento de la masa monetaria, que unido a unos tipos de interés reducidos artificialmente, derivó en más de cinco décadas de aumento constante de los precios y, por ende, de destrucción del poder adquisitivo del dinero.

Esta inflación monetaria, que no es otra cosa que la cada vez mayor cantidad de dinero en circulación para unos mismos bienes y servicios, ha sido causada por la irresponsabilidad fiscal de la mayoría de gobiernos del mundo que, al no tener limitaciones a la hora de crear dinero nuevo, no han dudado en aumentar el gasto y la deuda, con intereses políticos cortoplacistas, sin pensar en el empobrecimiento al que someterían a las siguientes generaciones.

El sistema monetario fiat ha sido la principal causa de la destrucción de la clase media en Occidente, pilar fundamental de la sociedad según Aristóteles, ya que la mayor parte de sus ahorros suelen estar en efectivo o cuentas corrientes, siendo los más perjudicados por la pérdida de poder adquisitivo del dinero. Mientras que las clases más ricas, con mayor posesión de activos financieros y activos reales, han visto como su patrimonio se incrementaba enormemente.

Para hacernos una idea, el precio medio de una vivienda en EE.UU. en 1960 era de 11.900 dólares, cifra equivalente a dos veces el salario anual de un trabajador. Hoy en día el precio medio de una vivienda es de 414.400 dólares, lo cual multiplica por siete el sueldo que percibe un trabajador en un año. Esto implica un incremento anual del 5,9 % durante más de 60 años. ¿Cómo es posible que, con el desarrollo económico visto durante estos años y las mejoras de productividad, la vivienda sea un bien mucho menos asequible que hace seis décadas?. De hecho, si medimos el precio de la vivienda en oro (dinero real), vemos que hoy en día es más barata. En 1960 necesitábamos 340 onzas para comprar una vivienda, mientras que hoy en día necesitamos únicamente 89 onzas. Es decir, la vivienda no se ha encarecido, lo que se ha depreciado es nuestro dinero.

Y del problema de la vivienda fueron derivando los demás. El encarecimiento sufrido por los ciudadanos al querer adquirir un domicilio llevó a las familias a ver menguado su tamaño, reduciendo las tasas de natalidad y provocando una crisis demográfica en casi todo el mudo. Los gobiernos han tratado de solucionar esto con políticas de inmigración masiva y poco productiva, que a su vez han derivado en un aumento de tensiones sociales y en el deterioro de los sistemas de bienestar, ya de por sí estresados por el envejecimiento poblacional, acelerando la decadencia de nuestras sociedades.

El dinero fiat nos ha llevado a un círculo vicioso de más deuda, más impuestos, mayores precios de la vivienda, menos natalidad, menos productividad, peores servicios públicos, más desigualdad y cada vez más políticas populistas ofreciendo soluciones inútiles. Una espiral de la que solo podremos escapar si volvemos al dinero sólido. Pero mientras tanto, como consejo, compren más joyas de oro a sus mujeres.

  • Julián Pérez Solana es analista en Intermoney Valores