El PIB creció un 2,6 % en 2025, dos décimas menos de lo anunciado por el Gobierno
Las cifras oficiales del INE revelan discrepancias entre el crecimiento nominal y real, con deflactores que apuntan a posibles incoherencias en consumo, inversión y exportaciones
El INE de Elena Manzanera la ha vuelto a liar con sus notas de prensa. El pasado viernes, mientras trabajaba en el despacho con mi socio, me empezaron a llegar notificaciones anunciando un crecimiento del PIB del 2,8 %. Algunos hablaban incluso de cuatro décimas más que el año pasado y otros de siete.
«Ya la han vuelto a liar», le dije a Ignacio, y me fui directamente a la página de la oficina nacional de estadística para comprobar el dato. Para que lo vean ustedes, pego una captura de pantalla.
Es decir, no hemos crecido un 2,8 % como dijeron la mayoría de los medios, que debieron recibir una información distinta. Así que me fui a la nota de prensa del propio INE, que deja muy claro que el PIB creció un 2,6 % sobre el año anterior.
Ahora bien, el 17 de noviembre de 2025 la mayoría de los medios recogían unas declaraciones del ministro Carlos Cuerpo a EFE –agencia pública dependiente de la SEPI– en las que anunciaba que la economía crecería dos décimas más de lo estimado, hasta el 2,9 %. Vamos, que se columpió de forma monumental, tanto que ni siquiera Manzanera ha podido arreglarle el dato.
Claro que, si todos los medios repiten que el PIB ha crecido un 2,8 % –y especialmente los internacionales–, el Gobierno seguirá vendiendo que la economía «va como un cohete».
Los arreglos de Manzanera en 2024 llevaron al PIB a crecer un 3,6 % respecto a 2023, lo que les lleva ahora a un frenazo de un punto entero frente al año anterior. Pero hay más.
El crecimiento que presenta el INE contiene varias incongruencias técnicas bastante graves. Pero, antes de entrar en detalle, conviene recordar que la diferencia entre crecimiento nominal y real es la inflación.
Es prácticamente imposible que una variable crezca más en términos reales que en nominales, salvo que haya deflación, es decir, caída general de precios. Y en España estamos muy lejos de eso: somos de los países con mayor inflación de la eurozona. Veamos los datos.
El PIB nominal crece un 5,7 % y el PIB real un 2,6 %. Eso implica una inflación implícita del 3,1 %, una décima por encima del IPC armonizado enviado a Bruselas. Hasta aquí, aceptable.
El consumo privado crece un 6,3 % en términos nominales y un 3,4 % en reales. El deflactor es del 2,9 %, exactamente la inflación utilizada para revalorizar las pensiones. También aceptable.
Pero el problema empieza con el consumo público. Para que cuadren las cifras presentadas, tendría que haber una inflación del 3,9 %. Algo completamente incompatible con los datos oficiales. Aquí hay un error sí o sí.
Y lo más grave llega con la inversión (Formación Bruta de Capital). Según el INE, crece un 7,5 % en términos nominales y un 9,5 % en términos reales, lo que implica una inflación negativa del –1,9 %. Es decir, los precios de la inversión han bajado casi un 2 %. Esto es totalmente inaceptable.
Otro despropósito lo tenemos en las exportaciones de bienes. Hasta noviembre apenas crecían un 0,6 % interanual y, en un solo mes, mágicamente pasan a crecer un 1,1 % en el conjunto del año. Y aún peor: en términos reales se nos dice que crecen un 1,2 %.
Yo no sé quién es el Tezanos que cocina estos datos dentro del INE y los libera confiando en que nadie mire más allá de la nota de prensa.
Pero hay quienes sí miramos las tablas. Y molesta –y mucho– ver cómo una de las instituciones estadísticas más serias de este país ha sido tomada al asalto por el maquillaje político.
Esto no acaba aquí. Les prometo más carnaza en cuanto pueda revisar con detalle todas las series, porque no pienso dejar títere con cabeza en una organización pública que debería servir para medir la realidad, no para fabricarla.