Un hombre mira anuncios de una inmobiliaria en Oviedo.
La vivienda ensancha la brecha de riqueza entre las familias españolas
Los propietarios concentran el 93,5 % de la riqueza neta total, frente al 6,5 % de las familias que viven de alquiler o en viviendas cedidas
En la última década, la riqueza de los hogares se ha mantenido relativamente estable, pero no su estructura. La vivienda se ha convertido en el principal catalizador de la desigualdad entre familias y los propietarios concentran el 93,5 % de la riqueza neta total, frente al 6,5 % de quienes viven de alquiler o en viviendas cedidas.
El Banco de España acaba de publicar una nueva estadística experimental sobre la distribución de la riqueza entre los hogares, que revela que la brecha patrimonial se está ampliando, impulsada principalmente por la concentración de la vivienda en los hogares con mayores recursos.
En el 10 % de familias más ricas, el patrimonio inmobiliario representaba el 37,4 % de su riqueza en 2014 y ahora alcanza el 41,8 %, superando los 2,5 billones de euros. En cambio, entre los hogares con menos recursos, la vivienda ha perdido peso, pasando del 18 % al 12,5 % de su riqueza total.
Las familias con mayor capacidad económica no solo conservan sus viviendas, sino que amplían sus propiedades como vía de acumulación patrimonial, mientras cada vez más hogares quedan al margen del principal activo de ahorro en España.
Este fenómeno tiene un efecto directo en el endeudamiento. El 50 % de los hogares menos ricos ha reducido de forma notable su deuda en la última década, especialmente la hipotecaria, que ha pasado de suponer cerca del 58 % de sus pasivos a poco más del 34 %. Esta caída no responde a un aumento de la riqueza, sino que en muchos casos se debe a la cancelación de préstamos, la venta de viviendas o una menor capacidad para acceder a nuevas hipotecas.
Además, el 10 % más rico ha incrementado su nivel de deuda, que ha pasado del 17 % al 21,6 % del total. Se trata, en general, de un endeudamiento vinculado a la inversión y a la adquisición de nuevos activos, sobre todo inmobiliarios, lo que fortalece aún más su posición patrimonial.
La reducción de activos y deuda en los hogares modestos se compensa en parte con el aumento de vivienda y pasivos en los más ricos, de manera que la riqueza neta total parece mantenerse relativamente estable. Pero, a la misma vez, oculta el progresivo desequilibrio entre las familias.