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José Manuel Cansino

El robot de Lenin te cuidará

La fuerza laboral demográficamente menguante podría ser parcialmente reemplazada por humanoides cuyas capacidades mejoran continuamente por el aprendizaje de la IA

Lenin, responsable de muchas cosas y particularmente de multitud de crímenes, lo fue también de la afirmación que venía a decir que había décadas en las que no pasaba nada y semanas en las que pasaban décadas. La humanidad, en muy poco tiempo histórico, se está enfrentando a cuatro cambios disruptivos que se desenvuelven a velocidades diferentes pero lo hacen inexorablemente.

Salvo excepciones en países del hemisferio sur -Nigeria sobresale como ejemplo- el resto de países vive bajo un invierno demográfico que tiene una de sus caras en forma de no sólo un mayor número de ancianos saludables y longevos sino también, viviendo en soledad. Este es el más lento de los cuatro cambios a los que asistimos.

El segundo (y el orden no implica mayor importancia) es el de una revolución industrial denominada 4.0 que se inició en la década de los 80 del siglo pasado. Lo hizo con una primera oleada de robotización de los procesos industriales rutinarios y ha seguido con una segunda oleada en la que los robots incorporan un aprendizaje acumulativo a través de algoritmos de la inteligencia artificial.

El tercer cambio está anudado al anterior y consiste en un cambio del modelo energético que, por vez primera, no viene impulsado por la irrupción de una nueva tecnología que abarata los costes de la energía, sino por un consenso amplio –que no unánime– sobre la necesidad de sustituir las tecnologías emisoras de gases de efecto invernadero por otras bajas o nulas en emisiones. A este cambio en las tecnologías de generación se le ha solapado el disparo del consumo requerido por los centros de almacenamiento y procesamiento de datos.

Finalmente, desde la II Guerra Mundial, en 2024 se alcanzó el mayor número de conflictos armados vivos, hasta un total de 59. El mundo en paz al que aspiraba la Carta de Naciones Unidas no ha fraguado. Ahora tenemos numerosos conflictos sofisticados levantados sobre el concepto de guerra híbrida en los que no es necesario la eliminación física del enemigo, sino que se pueden asestar golpes duros con un ataque cibernético o el uso de los aranceles como arma diplomática de presión.

Entre estos cuatro cambios coetáneos hay un sinfín de conexiones. Me detendré en una: el reemplazo demográfico en los países en los que el envejecimiento de la población empequeñece el número de personas en edad laboral y con él la capacidad de desarrollo económico.

Las naciones receptoras se han vuelto remisas a esta visión de las cosas que mitificaba los beneficios del remplazo de la población autóctona por la inmigrante

Hasta ahora, el reemplazo generacional vía inmigración masiva era el discurso más generalmente extendido. No obstante, las naciones receptoras se han vuelto remisas a esta visión de las cosas que mitificaba los beneficios del reemplazo de la población autóctona por la inmigrante. Los líderes de opinión cancelaban el discurso de quienes advertían de los espacios de conflicto.

Ahora una nueva y complementaria visión de las cosas ha venido de la mano del responsable de Tesla, Elon Musk. El robot Optimus (también conocido como Tesla Bot) es el humanoide diseñado por la empresa de Musk. A principios de 2026, el proyecto ya ha avanzado significativamente, pasando de ser un prototipo que apenas caminaba a unidades que ya realizan tareas reales. Los robots humanoides ya eran una realidad desde hacía años. Por ejemplo, la empresa china Unitree vende por 16.000 $ su robot más básico.

Así las cosas y sin forzar una visión distópica, la fuerza laboral demográficamente menguante podría ser parcialmente reemplazada por estos humanoides cuyas capacidades mejoran continuamente por el aprendizaje de la IA que llevan incorporada y que, entre otras tareas, cuidarán de las personas mayores y solas. Pero la robótica no necesita tener una arquitectura humanoide. También es lo que tenemos en los call centers o los «agentes mudos» que pueden estar haciendo contratos o levantando planos en estudios de arquitectura o diseño. No tienen ni manos ni ojos, pero cumplen igualmente como alternativa al reemplazo demográfico vía inmigración. Esto abre la puerta a otros debates, por ejemplo, sin personas no hay contribuyentes, ergo, ¿quién sostendrá el estado del bienestar si el reemplazo no es vía inmigración, sino vía robotización?

Kerstin Hötte y sus colegas han estudiado la relación entre la robotización y los impuestos en el volumen 76 de Oxford Economic Papers y Taehoon Kim junto con Hoyong Jung en 2026 y en la revista Technology in Society lo han hecho poniendo el foco en los impuestos locales de Corea del Sur. En España, la Revista Hacienda Pública Española acaba de publicar –en inglés– un interesante trabajo de Pablo Casas y José L. Torres sobre el impacto de la robotización en las cuentas de la Seguridad Social.

A estos trabajos hay que unir el reciente del Stanford Digital Economy Lab sobre el impacto de la IA en el mercado laboral. Con este laboratorio colaboradores los grandes referentes mundiales de la IA. El informe de este laboratorio, basado en el análisis de millones de nóminas gestionadas por la empresa ADP, la mayor empresa gestora de nóminas en EE.UU., muestra que desde finales de 2022, cuando herramientas como ChatGPT se hicieron masivas, ha habido una reducción significativa en el empleo de jóvenes profesionales (22-25 años) en ocupaciones con alta exposición a la IA, como ingeniería de software, marketing y atención al cliente. Aunque el empleo en el conjunto de la economía sigue creciendo, el crecimiento del empleo de los trabajadores jóvenes se ha estancado según los autores.

Los resultados de estas investigaciones están llenos de matices. Probablemente el más concluyente es el estudio de Kim y Jung (2026). Su artículo analiza cómo la robotización industrial influye en la recaudación de impuestos locales en Corea del Sur. Los autores encuentran que el aumento de robots industriales en los sectores manufactureros tiende a disminuir la recaudación de impuestos asociados a la mano de obra, como impuestos sobre salarios o rentas del trabajo y contribuciones sociales, debido a la sustitución de empleo humano por capital automatizado. Al mismo tiempo, la expansión de robots no se traduce necesariamente en un aumento equivalente de la recaudación procedente de impuestos sobre la propiedad o actividad económica local, lo que sugiere que la automatización puede erosionar la base tributaria tradicional de los gobiernos si no se ajustan las estructuras impositivas.

Probablemente, de todas las revoluciones industriales estamos ante la primera en la que ni sus propios impulsores saben calibrar si nos nuevos empleos superarán a los que se destruyan. En este caso ¿Quién financiará el estado del bienestar?

​José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino