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Moncloa tira la toalla con la TelePedro fantasma: TVE ya es suficiente y mucho más barato

El sanchismo mediático se está preparando para el futuro. Y también el político, y todas las empresas que, con SEPI o sin ella, se han colonizado desde el poder

El presidente del Gobierno y candidato a la reelección por el PSOE, Pedro Sánchez, antes del debate electoral organizado por RTVE en 2023Europa Press

Meterse con los periodistas es una torpeza en la que incurren algunos políticos novatos. Pero si el que lo hace es el presidente del Gobierno, en la tribuna del Congreso, y citándolos por sus nombres, la acusación es otra cosa. Es señalar al discrepante, al que opina de otra manera… ¡al enemigo! Tampoco es admisible que lo haga amparándose en la polarización que él mismo ha creado, ni en una supuesta ley sobre el uso de las redes sociales. No hay por dónde justificarlo. Pero es lo que tenemos. Además, si lo hace aprovechando un pleno en el que tendría que dar explicaciones sobre la tragedia ferroviaria, resulta aún más incomprensible. Estas referencias tampoco pueden ser otra cortina de humo para tapar una incompetencia más; trágica incompetencia. Es algo más. Y creo que merece la pena detenerse en ello.

Cuando llegó a la Presidencia, Pedro Sánchez se empeñó en llenar los medios de comunicación de gente afín a sus ideas. No hablo por hablar. Conozco la lista que dio a un importante medio de comunicación tras quejarse de que no había pluralismo en sus tertulias políticas. Era el primer paso. El segundo fue la colonización de Televisión Española. Cambiaron programas, presentadores, gestores… Y mientras más pastueño era el ganado que frecuentaba las nuevas parrillas más se alejaba la televisión que pagamos todos del mundo en el que vivimos. No me extraña que los más jóvenes, hayan huido en masa hacia otros nichos informativos.

Recuerdo la fuerza con que el recordado Juan Pablo Colmenarejo se refería a las redes sociales: «Nunca, nunca, pueden ser una fuente fiable de información». Y lo practicaba. Y lo hacía vivir. Pero es justo recordar que aquellas redes sociales que mataban a personas vivas o que trucaban las imágenes, hoy se han convertido para muchos en un refugio. Y, por ende, a veces uno ve un informativo de la televisión pública y cree que está asistiendo a un reality fake donde se cuenta lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. El mundo al revés.

Nunca –lo señalan a diario muchos compañeros– la profesión periodística ha estado peor. Tampoco nunca habían ocupado los altavoces mediáticos tantos alienígenas salidos de islas de las tentaciones, grandes hermanos, o similares. Es lo que hay. Y no creo que vaya a cambiar. Pero la información es otra cosa: es contar noticias y contarlas bien. Aunque cada vez resulte más difícil hacerlo. Solo piensen por un momento lo complicado que ha sido informar sobre la tragedia de Adamuz. Mientras, el gobierno cambiaba varias veces el discurso sobre las causas del accidente, los platós se han llenado de expertos que decían cosas distintas en función del canal que uno conectara. Tiempos difíciles que sin embargo son buenos tiempos para la información de verdad. Por eso es bueno hablar sobre las políticas informativas y empresariales que prepara el Gobierno para los próximos meses preelectorales.

Si la semana pasada me refería a Indra y al apoyo que daba a los hermanos Escribano el presidente de Telefónica Marc Murtra, era por identificar a dos personas cercanas al sanchismo que han empezado a girar de posición en cuando han visto que éste les llevaba a la ruina. Ángel Escribano, presidente de la empresa armamentística española, tuvo que fajarse para evitar que le volara la cabeza no su consejo de administración, como ocurre en las empresas normales, sino Manuel de la Rocha, director de la oficina económica de Moncloa. Y en Moncloa, donde fue llamado a capítulo. Aún está por ver cómo acaba la película.

Quizá por eso el Gobierno ha decidido dilatar el concurso hasta que sus aliados en Prisa resuelvan la eventual compra del paquete Oughourlian, y puedan presentarse a la licitación

Pero el caso más paradójico del mundo mediático lo protagoniza sin duda Prisa y su flamante presidente Joseph Oughourlian. Y no por culpa suya, sino por el antiguo interés personal de Pedro Sánchez de poner en marcha un nuevo canal de televisión. Otra iniciativa que ha entrado en el dique seco, a medida que han cambiado las circunstancias.

El Gobierno convocó un concurso público, para adjudicar una nueva licencia. El plazo de presentación de ofertas comenzó el 20 de octubre del año pasado, y concluía en teoría un mes después. Y aunque nada se sabe de las compañías que han acudido al concurso, sí se sabe quiénes han renunciado a él. El Consejo de Administración del Grupo Prisa ha rechazado en varias ocasiones la propuesta. Ni siquiera para dar el pase y dejarlo en otras manos. Tampoco le interesa a Telefónica que suficiente tiene con lo suyo. Quizá por estas negativas el Gobierno se ha dado cuenta de que no es viable una nueva televisión afín a sus intereses. Hasta se ha dado cuenta Óscar López, Ministro de Transformación Digital y de otros insultos, que ha decidido recular ante las expectativas publicitarias del sector.

Según personas del entorno de José Miguel Contreras, Andrés Varela (Global Alconaba), Adolfo Utor y Diego Prieto –los otros accionistas que se comprometieron a invertir en la cadena de televisión–, las cosas van ahora por otro camino. El mismo grupo que intentó el golpe de estado en Prisa y que sigue sin descartar la operación –siguen buscando financiación para comprar a Oughourlian sus acciones en Prisa– las cosas han cambiado sustancialmente en los últimos meses. El Gobierno se encuentra cómodo con TVE y ya no es su prioridad la nueva TelePedro.

Quizá por eso el Gobierno ha decidido dilatar el concurso hasta que sus aliados en Prisa resuelvan la eventual compra del paquete Oughourlian, y puedan presentarse a la licitación. Pero lo que no pueden cambiar son los argumentos de Oughourlian: la inviabilidad económica de la nueva tele; y la caída de la facturación publicitaria en torno al 5 %, que ha hecho incluso replantearse a Mediaset y Atresmedia su participación en el concurso de la cadena fantasma.

En Moncloa están contentos. Han conseguido que Televisión Española les haga su trabajo, y además pueden ofrecer a Pedro Sánchez lo que el canal en abierto pretendía y, por supuesto, mucho más barato, que para eso la televisión pública la pagamos todos. Otra cosa muy distinta es prepararse para el futuro. Es en lo que está ahora el sanchismo, el sanchismo mediático. Y también el político. Y si por supuesto todas las empresas que, con SEPI o sin ella, se han colonizado desde el poder. Pero cuando se intenta dejar todo atado y bien atado, ya sabemos lo que ocurre en España.