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Un grupo de estudiantes en la universidadGetty Images/skynesher

Los préstamos para pagar la universidad se han cuadruplicado en una década: los expertos recomiendan cautela

El 13,8 % de los créditos al consumo se destinan para pagar los estudios

Cada vez son más los usuarios que piden créditos al consumo. De los típicos motivos, como es tapar agujeros o comprar una lavadora, se pasó a financiar las vacaciones, pero ahora cada vez son más los que los destinan a financiar los estudios universitarios. Concretamente, el 13,8 % de los préstamos al consumo se destinan para este fin.

Así lo refleja un estudio de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin), en el que también se advierte que estos créditos se han cuadruplicado en la última década. Y es que, a la universidad, se suman otros gastos como el abono de transporte, el «me hace falta esto» de septiembre. Y en el caso de la gente que estudia fuera de su ciudad, hay que sumarle el piso, o la compra.

Como cualquier préstamo, tiene sus riesgos. De hecho, algunos «no se empiezan a devolver hasta que el graduado trabaja», apunta Olivia Feldman, economista y cofundadora del comparador financiero HelpMyCash. Es por eso que recomiendan planificar todos los gastos, comparar escenarios, repartir responsabilidades y fijar aportaciones mensuales para poder hacer frente al pago con al menos dos años de anterioridad. En el caso de que estudiar fuera, ese plazo debería ampliarse a cuatro años.

«Separar los gastos educativos te da claridad. Si los mezclas con el resto, no ves el tamaño real del esfuerzo», explican desde HelpMyCash. El contraste es enorme si se tiene en cuenta la universidad pública y la privada. El precio medio del crédito en el primer caso se sitúa aproximadamente, para una matrícula de 60 créditos, en unos 929,4 euros. En la privada, en cambio, el coste presencial por curso se mueve entre los 4.700 y los 20.000 euros.

Para quienes puedan hacerlo, Feldman propone una estrategia a largo plazo: invertir desde el nacimiento. «Aportar 50 o 100 euros al mes en un fondo indexado al S&P500, por ejemplo, durante 18 años permite aprovechar el interés compuesto y crear un colchón importante», ejemplifica. «Cuando llegue el momento de ir a la universidad, quizá no hará falta usarlo todo. Puede que solo se necesite una parte. Pero esto, más que ahorro, es una filosofía de vida», añade. Existen otras alternativas a invertir en bolsa, como las cuentas remuneradas y los depósitos.

La organización sirve para no cruzar líneas rojas, especialmente la de poner en riesgo la estabilidad financiera de los padres. «Endeudarse para pagar una carrera puede ser una opción en casos muy concretos, pero es fundamental que el estudiante asuma una responsabilidad clara y demuestre que esos estudios tendrán un retorno real». De lo contrario, advierte, «se corre el riesgo de financiar un capricho, y esa no es una buena lección de vida, especialmente si la familia no puede permitírselo».

Necesidad de educación financiera

Desde HelpMyCash critican que «falta educación financiera en la escuela, y eso hace que muchos jóvenes elijan estudios sin pensar en su independencia económica». Porque más allá de los números, la conversación tiene un trasfondo vital: «Poder decir: he estudiado, trabajo, soy independiente. Todo eso te da seguridad y autoestima», afirman.

«Guiar no es imponer. Es ayudarles a pensar cómo combinar lo que les gusta con lo que les permitirá vivir. Esa es la mejor herencia financiera que unos padres pueden dejar», concluye.