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Por qué la crisis en Irán puede precipitar la caída de Sánchez

El encarecimiento de la energía actúa como catalizador de debilidades estructurales. En España, estas crisis coincidieron con cambios de Gobierno

Act. 08 mar. 2026 - 11:45

Extractores de petróleo.

Extractores de petróleo.EP

La historia de la España contemporánea muestra un patrón inquietante: cada gran subida del precio del petróleo ha coincidido con periodos de inestabilidad económica. Y con cambios políticos de gran calado. Desde 1973 hasta la guerra del Golfo en 1990, el encarecimiento de la energía actuó como un acelerador de las crisis de los Gobiernos. Hoy, con las nuevas tensiones geopolíticas y repuntes en los precios energéticos, surge inevitablemente la pregunta: ¿podría un nuevo shock energético precipitar la caída de Sánchez, como ocurrió con otros presidentes del pasado?

1. 1973: el embargo de la OPEP

La crisis de 1973 tuvo su origen en una decisión de la OPEP de cortar el suministro de petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la Guerra del Yom Kippur. El precio del barril se cuadruplicó. Para España, altamente dependiente del petróleo, el golpe fue devastador.

Nuestro país experimentó un fenómeno desconocido: la estanflación, combinación de alta inflación y estancamiento económico. El crecimiento de los años sesenta se frenó bruscamente en 1973. El paro comenzó a aumentar y la inflación superó niveles históricos.

La transición política coincidió con este contexto económico adverso. Tras la muerte de Franco en 1975, el gobierno de Suárez tuvo que afrontar el desafío democrático y el colapso económico heredado del shock petrolero. Los Pactos de la Moncloa en 1977 estabilizó la economía, mediante acuerdos entre partidos para contener salarios e inflación.

2. 1979: Revolución iraní

La segunda gran crisis energética llegó con la Revolución iraní de 1979. La caída del Sha redujo drásticamente la producción iraní de petróleo y volvió a disparar los precios. España, todavía frágil económicamente, sufrió un nuevo embate inflacionario. El gabinete de Suárez se encontraba ya debilitado por divisiones en la UCD. Esa crisis del petróleo agravó la percepción de descontrol económico y contribuyó a su dimisión en 1981.

Calvo-Sotelo asumió la presidencia, pero el desgaste de la UCD era irreversible. En 1982, el gran triunfo del PSOE, encabezado por González, marcó un giro político profundo.

La crisis energética acentuó el deterioro económico y social, facilitando la alternancia.

3. Guerra del Golfo

La invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990 y la posterior intervención de Estados Unidos desencadenaron otra subida del petróleo. España sufrió un impacto económico a finales de 1992, y, sobre todo, en 1993. El Gobierno de González resistió hasta 1996, pero el desgaste económico y los escándalos de corrupción facilitaron la victoria de Aznar del PP.

De nuevo, el petróleo fue un factor desestabilizador.

¿Se repetirá la historia con Sánchez?

España afronta un entorno energético complejo: tensiones en Oriente Medio, guerra en Ucrania, conflictos que afectan a rutas marítimas estratégicas y volatilidad en los mercados financieros. Aunque el sistema energético español está más diversificado que en los años setenta –mayor peso de renovables–, el encarecimiento del crudo afectará a la inflación.

Sánchez piensa amortiguar el golpe con subvenciones. Sin embargo, si el precio del petróleo se consolidara en niveles altos, 100 dólares el barril, podrían darse los efectos conocidos: inflación persistente, pérdida de poder adquisitivo y descontento social.

La pregunta actual no es solo energética, sino política: ¿percibirá la ciudadanía que el Gobierno no está gestionando eficazmente la crisis? Si la respuesta es afirmativa, el precedente histórico indica que la alternancia en el poder es posible.

Sin embargo, hay diferencias clave: la economía española es hoy más abierta, más integrada en la Unión Europea y menos dependiente del crudo. Además, los mecanismos europeos de coordinación energética y fiscal ofrecen amortiguadores que no existían en los años setenta.

Las tres grandes crisis del petróleo muestran una constante: el encarecimiento de la energía actúa como catalizador de debilidades estructurales. En España, estas crisis coincidieron con cambios de Gobierno.

El petróleo nunca fue la única causa de una alternancia en el Palacio de la Moncloa. Pero sí un multiplicador de los problemas preexistentes.

¿Favorecerá el petróleo la caída de Sánchez? ¿O lo harán el desgaste político, la pérdida de confianza económica, los escándalos de corrupción y una desaceleración económica prolongada? La historia nos da pistas. Y no olvidemos que, como decía Maquiavelo, la historia es la maestra de los príncipes.

  • Rafael Pampillón es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y de la Universidad Villanueva
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