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El presidente estadounidense, Donald Trump.

El presidente estadounidense, Donald Trump.Getty Images via AFP

Trump convierte los aranceles en un impuesto de 270.000 millones para los consumidores de EE.UU.

El arancel efectivo ha pasado de rondar el 2 % durante años a acercarse al 9 %, trasladando la mayor parte del coste a importadores y consumidores estadounidenses

La guerra comercial de Donald Trump ha disparado los ingresos por aranceles de Estados Unidos hasta niveles inéditos. En apenas unos meses, la recaudación mensual ha pasado de rondar los 6.000 o 7.000 millones de dólares a superar con frecuencia los 25.000 millones. Pero, en contra del discurso del inquilino de la Casa Blanca, la mayor parte del coste de esta nueva guerra comercial no lo están pagando otros países, sino los importadores y consumidores estadounidenses.

Este incremento de la recaudación, no obstante, se ha convertido en un problema para Washington después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos declarara ilegales algunos de los aranceles al considerar que Trump se había excedido en el uso de la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional. Tras el fallo del pasado 20 de febrero, el Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos ordenó revisar las operaciones afectadas y abrió la puerta a la devolución de los importes cobrados. Sin embargo, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza ha reconocido al juez que no puede devolver el dinero recaudado, lo que deja en el aire el destino de miles de millones ingresados en los últimos meses.

Para entender la dimensión del cambio, conviene retroceder algunos años. Durante su primer mandato, Trump inició una guerra comercial con China que se tradujo en aranceles selectivos sobre determinados productos, como el acero, el aluminio o diversas categorías de bienes procedentes del gigante asiático. Aquella ofensiva elevó los ingresos aduaneros de Estados Unidos, pero su impacto fue relativamente limitado: el arancel efectivo –entendido como la recaudación por aranceles en relación con el valor total de las importaciones– se movió en aquellos años en torno al 2 % o el 3 %.

La situación ha cambiado radicalmente tras el regreso del republicano a la Casa Blanca y la imposición de nuevos aranceles. Mientras que durante casi una década el arancel efectivo rondó el 2 %, en apenas unos meses ha escalado hasta cerca del 9 %. Ese salto explica que la recaudación se haya triplicado incluso en periodos en los que el volumen de importaciones se ha reducido.

A comienzos de 2025, nada más ser investido presidente, los ingresos aduaneros por aranceles alcanzaban los 7.300 millones de dólares y el arancel efectivo medio se situaba en el 1,8 %. En abril, tras el anuncio de nuevos gravámenes, los ingresos prácticamente se duplicaron y el tipo medio se elevó hasta el 4,5 %. En octubre se alcanzó un récord de 31.354 millones de dólares de recaudación, con un arancel efectivo del 9,5 %.

En conjunto, los ingresos aduaneros de Estados Unidos tras la imposición de los nuevos aranceles han alcanzado los 270.000 millones de dólares, cifra que ilustra hasta qué punto la ofensiva comercial impulsada por Trump se ha convertido en una importante fuente de ingresos para el Tesoro federal.

Castigo a los rivales comerciales

En este periodo, además, el presidente ha defendido el uso de aranceles como forma de castigar a sus rivales comerciales. Bajo esta lógica, gravar las importaciones no solo sirve para proteger la industria nacional, sino también para aumentar los ingresos fiscales a costa de los países exportadores.

La realidad, sin embargo, es bien distinta. Los aranceles se pagan en primer lugar en la aduana, cuando una empresa importa un producto procedente del extranjero. Ese sobrecoste se incorpora al precio de adquisición del bien. A partir de ahí, el importador puede intentar absorberlo reduciendo su margen de beneficio o trasladarlo a lo largo de la cadena comercial. En la práctica, gran parte de ese coste termina incorporándose al precio final que pagan empresas y consumidores.

De hecho, un estudio reciente elaborado por investigadores de la Universidad de Bielefeld y del Kiel Institute for the World Economy concluye que cerca del 96 % del coste de los aranceles acaba repercutiendo en importadores y consumidores estadounidenses, mientras que apenas un 4 % es absorbido por los exportadores extranjeros.

Estos exportadores, además, rara vez compensan el arancel bajando sus precios. En muchos casos prefieren mantener sus márgenes y vender menos en el mercado estadounidense antes que aceptar un recorte significativo en sus ingresos. El resultado es que el comercio se reduce, mientras los precios de los bienes que siguen entrando en Estados Unidos aumentan casi en la misma proporción que el arancel.

Este encarecimiento tiene también un reflejo directo en los bolsillos de los hogares. Un análisis del Budget Lab de la Universidad de Yale calcula que los nuevos aranceles podrían reducir el poder adquisitivo de los hogares estadounidenses entre 1.400 y 2.100 dólares al año.

Esto significa que el fuerte incremento de la recaudación aduanera registrado en 2025 no procede de países extranjeros, sino del propio mercado estadounidense: empresas y consumidores que, en última instancia, soportan el coste de los aranceles. En la práctica, más que un castigo a sus rivales comerciales, esta guerra arancelaria se ha convertido en un impuesto sobre el consumo para sus propios ciudadanos.

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