Bart De Wever, primer ministro de Bélgica
La unidad europea se agrieta y Bélgica pide «normalizar las relaciones con Rusia» para obtener energía barata
El comisario europeo rechaza la propuesta: «No volveremos a importar ni una molécula»
El primer ministro belga, Bart De Wever, ha abierto una grieta en Europa al pedir «normalizar las relaciones con Rusia» para obtener «energía más barata» después del incremento que ha sufrido en las últimas semanas a raíz de la crisis de Oriente Medio.
De esta forma, De Wever se suma a la petición ya realizada por Hungría y Eslovaquia, que bloquean incluso el préstamo de 90.000 millones aprobado por la UE para Ucrania para que este país reconstruya el oleoducto que transportaría petróleo ruso.
Esta propuesta, realizada por De Weber en una entrevista a un medio de comunicación belga este fin de semana, ha sido rechazada de pleno por el comisario europeo de la energía, Dan Jorgensen, quien ha señalado a su llegada al Consejo de Energía celebrado en Bruselas, que «en la Unión Europea hemos decidido que no queremos importar energía rusa» y ha añadido que «la señal es muy clara: en el futuro no importaremos ni una sola molécula de Rusia».
«Europa no puede contribuir indirectamente a financiar la brutal e ilegal guerra de Rusia. Durante demasiado tiempo hemos dependido de la energía rusa, lo que ha permitido a Putin chantajearnos con la energía y utilizarla como arma contra nosotros. Estamos decididos a mantener el rumbo en estas cuestiones», ha remarcado Jorgensen.
Pero las palabras del primer ministro belga no solo han abierto una brecha en el seno de la Unión Europea. También en el Gobierno de Bélgica. Incluso el ministro de Asuntos Exteriores, Maxime Prévot, ha rechazado la medida solicitada por su jefe.
Prévot precisamente participa también en una reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros en la que se estudiará la forma de conseguir energía, sobre todo petróleo, después de que Irán cerrase el estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20 % del crudo mundial.
Más allá del debate sobre Rusia, el comisario ha reconocido que la Unión sigue afectada por los altos precios de la energía en los mercados internacionales, aunque ha subrayado que la situación actual es distinta a la vivida durante la crisis energética de 2022.
«No tenemos un problema de seguridad de suministro, pero sí un problema de precios», ha explicado, al tiempo que ha destacado que la UE se encuentra ahora «en una situación mucho mejor» gracias a la diversificación de proveedores, el aumento de las energías renovables y las reformas adoptadas tras la crisis energética.