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Cuba, un sistema económico agotado

Cada apagón, cada emigrante, cada negocio que cierra erosiona un poco más la base del sistema

Dos hombres empujan su carreta llena de productos agrícolas por una calle de La Habana

Dos hombres empujan su carreta llena de productos agrícolas por una calle de La HabanaAFP

A veces un país se resume en una escena. En el caso de Cuba, basta imaginar una casa a oscuras, una familia abanicándose en silencio y una nevera que ha dejado de ser útil durante varias horas. El apagón de esta semana, uno más, no es solo un fallo técnico. Es la metáfora perfecta de una economía que no funciona. Cocinar se vuelve una carrera contra reloj, los alimentos se estropean, los negocios pierden dinero y los niños estudian con linternas. Cuba es una economía fallida.

Desde mediados de 2024, se han registrado al menos seis apagones nacionales, que han dejado a la isla prácticamente a oscuras durante horas o incluso días. El episodio del lunes pasado resume con crudeza esta deriva, que revela la fragilidad extrema de la red energética nacional. Más que una crisis coyuntural, estamos ante la incapacidad de sostener un servicio esencial, con profundas implicaciones económicas, sociales y políticas.

Lo preocupante es que este deterioro no responde a una causa única. No se puede explicar solo por el embargo de EE. UU., ni solo por la falta del petróleo venezolano, ni solo por la mala suerte. Es el resultado de décadas de malas decisiones hasta desembocar en lo que hoy vemos: una economía sin músculo, sin inversión y sin margen para salir adelante.

Como consecuencia del apagón, se ha reactivado el debate sobre si el embargo de EE.UU. es responsable o no de lo que ocurre. El embargo económico existe y limita. Dificulta el acceso a financiación extranjera, encarece las importaciones y reduce las posibilidades de inversión. Negarlo sería absurdo. Pero convertirlo en la explicación total de la crisis cubana es, sencillamente, falso.

En primer lugar, ¿por qué, incluso en sectores no afectados directamente por las sanciones, la productividad cubana sigue siendo tan baja? Respuesta: las malas instituciones. En Cuba, el Estado controla la mayor parte de la economía, el emprendedor depende de permisos arbitrarios, y el miedo de los gobernantes a perder el poder frena cualquier apertura. Un país así está condenado al estancamiento. Y eso no se arregla ni teniendo la mejor relación comercial posible con EE.UU.

La historia demuestra que, sin seguridad jurídica, sin propiedad privada, sin competencia real, sin reguladores independientes, no hay crecimiento económico sostenido. Y Cuba carece precisamente de eso. El apagón no es un accidente, sino una consecuencia del sistema.

Una apertura lenta

Siempre se puede argumentar que, en los últimos años, se han legalizado pequeñas y medianas empresas, se ha ampliado el trabajo por cuenta propia y se ha permitido cierta actividad privada. Es decir, el cambio no tendría que empezar de cero, ya está en marcha. Sí, pero es una apertura demasiado lenta, limitada y controlada. Y la economía no funciona con medias tintas. O se crean incentivos reales o no se crean. O hay seguridad jurídica o no la hay. O el empresario puede obtener beneficios y crecer o vive con miedo. Y eso explica por qué, a pesar de la apertura parcial, la crisis no remite. Al contrario, se agrava.

Cuando la gente se va

Si hubiera que señalar el síntoma más preocupante del momento actual, no sería los apagones ni la inflación. Sería la emigración. Cuba está perdiendo población activa a un ritmo alarmante. Miles de jóvenes –los mejor formados, los más dinámicos– se marchan cada mes. Un país puede sobrevivir a una crisis energética. Puede incluso resistir una recesión prolongada. Pero lo tiene mucho más difícil cuando su gente deja de creer en él. Y eso es, exactamente, lo que está ocurriendo.

Porque, al final, la economía son expectativas. Es confianza. Es la sensación de que merece la pena quedarse. Cuando eso desaparece, todo lo demás empieza a fallar.

¿Hacia dónde va Cuba?

Llegados a este punto, la pregunta inevitable es: ¿qué va a pasar? Cuba parece al borde del colapso y necesita una transformación profunda. Una transición hacia una economía de mercado, similar a la que emprendió China a partir de 1978, pero con mayores cotas de libertad para las personas. Lo más plausible sería un proceso gradual: más apertura, más sector privado y más inversión extranjera. Es decir, algo parecido al modelo chino, aunque con menos recursos económicos y más obstáculos.

Porque la diferencia con China es que en Cuba el tiempo está jugando en contra. Cada apagón, cada emigrante, cada negocio que cierra erosiona un poco más la base del sistema. Y llega un momento en el que las reformas parciales dejan de ser suficientes.

El Partido Comunista de Cuba debe poner a las personas en el centro. Porque, como afirmaba José Martí, héroe nacional cubano, la felicidad de un pueblo descansa en la libertad individual de sus habitantes.

  • Rafael Pampillón es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.
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