El Bazar Arribas, última juguetería de la plaza Mayor, también baja la persiana
El ocaso de los bazares de barrio no es solo culpa de Amazon
Ocupó un hueco muy concreto en el consumo urbano: resolver rápido y a un precio razonable lo que no estaba planificado
Muchos hemos sido testigos del ocaso de los bazares al ver como alguno de confianza bajaba la persiana sin intención de abrir al día siguiente. Una semana después, la puerta de ese mismo local podía lucir a hogar y vestir un cartel que anunciase el alquiler de lo que se habría convertido en una vivienda y por la que se podría pedir hasta 1300 euros, según ubicación, aunque solo fuese una ventana –protegida con barrotes– la única prueba de que no se vive en un sótano.
Durante años, el bazar ocupó un hueco muy concreto en el consumo urbano: resolver rápido y a un precio razonable lo que no estaba planificado. Ocupó así un espacio que, hasta entonces, era dominado por el pequeño comercio y las tiendas de barrio. Estos últimos actores, aunque fácilmente accesibles, no podían asumir ese hueco dado su alto grado de especialización. En paralelo, las grandes superficies quedaban fuera a consecuencia de la distancia y el retail más organizado aún no había aterrizado en el terreno de precios bajos.
En pocos metros, estos lugares habituales de las urbes reunían lo que el comercio tradicional dispersaba, resolviendo imprevistos sin exigir tiempo ni organización previa. En palabras de José Martín, experto en retail y consumo: «El bazar era fuerte por la propia debilidad del retail y no por su marca». Es decir, los méritos de uno fueron fruto del desmerito de un sector que perdió la conexión con el consumidor hasta hoy.
El bazar era el Amazon físico antes siquiera de que el gigante logístico estuviera en los planes de Jeff Bezos. Sin embargo, no hay mal, pero tampoco bien, que cien años dure y, actualmente, el negocio enfocado en la alimentación y en los pequeños productos ha quedado desplazado por alternativas con mejor margen potencial al eficientar la experiencia de compra.
Nuevas cadenas low cost como TEDi o Pepco están ocupando ese mismo territorio que el bazar desordenó años atrás, cuando dejó fuera a ferreterías y papelerías, entre otros. «Estas compañías no han inventado nada nuevo, sino que han hecho algo mucho más peligroso: han profesionalizado el bazar.»
Las cifras ayudan a entender la magnitud del cambio. Cadenas como Action –que experimenta un crecimiento a doble dígito–, Pepco –con más de 3.000 establecimientos en 18 países– o TEDi –por encima de las 3.200– operan con una escala que el bazar tradicional no puede replicar. Martín explica que estos nuevos players han entendido algo clave: el consumidor no solo quiere pagar poco; quiere encontrar rápido, comprar con comodidad y sentir que su compra es inteligente".
El liderazgo ha pasado a operadores capaces de mejorar la ejecución sin alterar la esencia de la oferta frente a empresarios (asiáticos en su mayoría) que compraban a menos volumen –lo que les condenaba a vender a precios menos competitivos–, costes relativos más altos, ausencia de marca que fidelice y un surtido amplio, pero poco optimizado, que ralentiza la rotación.
«El cliente actual tolera menos el desorden y compara más. Está acostumbrado a interfaces limpias en digital y esa expectativa la traslada al mundo físico. Por eso funciona tan bien un formato que le ofrece precios bajos en un entorno más claro y más fácil de recorrer», concluye el experto.
Lo ocurrido con el bazar no es una anomalía, sino una secuencia reconocible. Primero fue la tienda de barrio, que ofrecía cercanía; después llegó el formato multiproducto, que añadió precio y amplitud; más tarde, las plataformas digitales introdujeron comparación y conveniencia. Hoy, las cadenas low cost físicas completan ese recorrido incorporando orden, escala y una experiencia de compra más eficiente.
La lógica apunta a una mayor concentración, pero no es ni lineal ni absoluta. Siempre quedan espacios para quien entiende qué valor aporta y a quién se lo ofrece. El problema no es ser pequeño, sino no saber en qué se es diferente.
El bazar no desaparece porque deje de haber demanda para lo que vende. Desaparece cuando deja de ser la mejor forma de venderlo.