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Subida de los préstamos hipotecariosGetty Images/gopixa

Así puedes cambiar tu hipoteca variable a fija para protegerte de la subida del euríbor

Quien tenga un préstamo hipotecario variable tiene distintas opciones para amortiguar las subidas de las cuotas

El euríbor, el indicador más habitual para calcular las hipotecas, ha cambiado el rumbo por la guerra en Irán. Y es que el miedo a un nuevo incremento de los tipos de interés para contener la inflación ha hecho que cerrase marzo en el 2,565 %, el valor medio más alto registrado desde octubre de 2024. Este dato se encuentra 0,167 puntos por encima del registrado en marzo de 2025, cuando se situó en el 2,398 %. Esto supone que los préstamos hipotecarios se encarecerán por primera vez en dos años.

Este cambio de tendencia podría consolidarse en los próximos meses, en un contexto marcado por la incertidumbre tras el inicio del conflicto en Oriente Medio. Al tratarse de un escenario de total incertidumbre, quien tenga una hipoteca variable, para evitar el peor de los casos, tiene distintas opciones para amortiguar las subidas de las cuotas. Desde amortizar capital anticipadamente para rebajar la mensualidad, negociar una ampliación del plazo o una carencia, y hasta pasarse del tipo variable al fijo.

Aunque se recomienda analizar cada situación y valorar cuál de estas opciones se adapta mejor a las necesidades económicas y al perfil, convertir la hipoteca variable en fija es una de las opciones más recomendadas. De este modo, la cuota pasará a ser constante y no cambiará en función de los vaivenes del euríbor.

Hay tres maneras de realizar este cambio. Por un lado, mediante un pacto con el propio banco que la concedió, lo que se conoce como novación. También está la posibilidad de trasladarla a otra entidad financiera, conocida como subrogación. Y, por último, a través de la contratación de un préstamo hipotecario nuevo, a tipo fijo, para cancelar el que se tiene.

Si se lleva a cabo una novación o una subrogación, el coste de pasar a una hipoteca variable al tipo fijo es muy reducido. Habrá que pagar la tasación, que ronda los 300 euros, y una comisión máxima del 0,05 %, aplicable solo en los primeros tres años.

En cambio, si se opta por contratar una hipoteca nueva para liquidar la que se tiene, la fatactura es algo más elevada. En este caso habrá que abonar la tasación, una comisión por amortización anticipada que puede costar entre el 0 % y el 1 % sobre el importe pendiente y los gastos de cancelación registral que ascienden a una media de unos 1.000 euros.

En cualquiera de los tres casos, el hipotecado deberá disfrutar de una buena situación económica. Es decir, tener un trabajo estable, un buen sueldo, un importe pendiente que no supere el 80 % del valor de la vivienda.

En caso de no poder llevar a cabo la modificación, se puede cambiar la hipoteca variable al tipo mixto, en cuyo caso se pagarán unas cuotas estables entre tres y diez años, por norma general. Eso sí, los expertos financieros recomiendan darse prisa, porque las entidades bancarias ya están aumentando sus intereses.