El tren enterrado que azota la economía burgalesa
La imagen, casi fantasmagórica, de una máquina de mantenimiento ferroviario atrapada bajo la montaña se ha convertido en un símbolo involuntario de la parálisis de una infraestructura que, pese a su importancia estratégica, continúa cerrada desde hace años
La locomotora atrapada, vandalizada tras más de una década de abandono
Durante más de una década, una máquina bateadora destinada al mantenimiento de las vías ferroviarias permanece inmóvil en el interior del túnel de Somosierra, en la línea ferroviaria que unía Madrid con Aranda de Duero y Burgos.
La imagen, casi fantasmagórica, de una máquina de mantenimiento ferroviario atrapada bajo la montaña se ha convertido en un símbolo involuntario de la parálisis de una infraestructura que, pese a su importancia estratégica, continúa cerrada desde hace años. El desprendimiento que inutilizó el túnel dejó la bateadora encajada en su interior y, desde entonces, ninguna administración ha logrado retirarla ni reabrir el corredor. El resultado es un tramo ferroviario clausurado, una máquina oxidándose en la oscuridad y una comarca entera desconectada de la red ferroviaria nacional.
Lo sorprendente no es sólo la duración del cierre, sino la incapacidad prolongada para resolverlo. España presume, con razón, de contar con algunas de las empresas de ingeniería civil más prestigiosas del mundo.
En la última década, constructoras y operadoras españolas han ejecutado proyectos de enorme complejidad técnica en los cinco continentes. El tren de alta velocidad Haramain, conocido como el AVE del desierto, une La Meca y Medina a lo largo de 450 kilómetros diseñados, construidos y operados por un consorcio español. El Metro de Riad, uno de los mayores proyectos de transporte urbano del planeta, también lleva sello español. En Australia, Acciona lidera el mayor contrato de infraestructuras de la historia del país con la construcción del North East Link en la ciudad de Melbourne. En el Reino Unido, Ferrovial ha ejecutado el super alcantarillado de Londres, el Thames Tideway Tunnel, y el Silvertown Tunnel bajo el Támesis, dos obras de ingeniería subterránea de referencia mundial. Incluso en Estados Unidos, Ferrovial participa en la nueva Terminal 1 del aeropuerto JFK de Nueva York. Más aún, si se mira hacia América Latina, la ampliación del Canal de Panamá, liderada por Sacyr, es uno de los hitos más relevantes de la ingeniería global del siglo XXI.
Con este historial, resulta difícil comprender cómo un país con empresas capaces de construir líneas de alta velocidad en desiertos, megatúneles bajo ríos y autopistas urbanas multimillonarias no ha sido capaz de retirar una máquina atrapada en un túnel a apenas cien kilómetros de Madrid. La paradoja es evidente: España lidera la ingeniería mundial en el exterior, pero tropieza en su propio territorio con un problema que, comparado con los proyectos mencionados, parece menor. La bateadora atrapada en Somosierra se ha convertido así en un recordatorio incómodo de una incapacidad administrativa que se prolonga en el tiempo sin una explicación convincente.
Mientras tanto, el cierre del corredor ferroviario directo entre Madrid y Aranda de Duero continúa generando consecuencias económicas profundas. La comarca, una de las más dinámicas del interior peninsular, depende casi por completo del transporte por carretera a través de la A 1.
Las empresas de la zona, privadas de la intermodalidad ferroviaria, pierden competitividad frente a otras regiones mejor conectadas
El sector agroalimentario y cárnico, que necesita mover productos perecederos de forma rápida y eficiente, soporta mayores costes logísticos. Las bodegas de la Denominación de Origen Ribera del Duero ven encarecidos sus envíos tanto al mercado nacional como a los puertos de exportación. La industria química y auxiliar, que abastece a grandes firmas, sufre retrasos y sobrecostes en su cadena de suministro. Las empresas logísticas de la zona, privadas de la intermodalidad ferroviaria, pierden competitividad frente a otras regiones mejor conectadas. Todo ello configura un escenario en el que la falta de infraestructura no es un problema abstracto, sino un freno real al desarrollo económico de una comarca que aporta valor añadido a la economía española.
El caso del túnel de Somosierra es, en definitiva, un ejemplo claro de una tendencia que se repite en distintos ámbitos: la España interior pesa más en los discursos que en las decisiones. Las declaraciones institucionales sobre cohesión territorial, reequilibrio demográfico o apoyo al medio rural se suceden año tras año, pero la realidad es que una infraestructura estratégica permanece bloqueada desde hace más de una década sin que se haya tomado una decisión efectiva para resolverlo. La bateadora atrapada no es sólo una máquina abandonada; es un símbolo inmóvil de la falta de prioridad política hacia el interior peninsular. Mientras España construye megatúneles bajo el Támesis o líneas de alta velocidad en Arabia Saudí, no ha sido capaz de despejar un túnel en su propio corazón geográfico. La prioridad nacional tiene aquí un caso práctico en el que demostrar si es también, política real.
- José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla y profesor de San Telmo Business School @jmcansino