Los Presupuestos del 2027 como estrategia de resistencia... o disolución
Algunos de los socios parlamentarios del Ejecutivo, especialmente el PNV, ya han exigido al Gobierno la presentación al Parlamento de las cuentas públicas. También le ha recomendado que, si no es capaz de aprobarlas, convoque elecciones
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo
En este final de legislatura que nos ha tocado vivir –largo final– hay cosas que sorprenden todos los días. Y una de ellas es el empeño de Pedro Sánchez y su Gobierno por aprobar decretos leyes para que parezca que hacen algo. Que gobiernan… aunque luego sean papel mojado. Se han dado cuenta de que les sale gratis anunciarlas en el BOE aunque el Parlamento se las tumbe. Y por alguna extraña razón, en estas leyes fantasma, siempre suele tocarle el turno a la economía.
El presidente del Gobierno anunció el miércoles 17 de junio que el Gobierno aprobará en el último Consejo de Ministros de junio –que será el lunes 29– un nuevo decreto ley con ayudas fiscales y económicas para paliar el impacto derivado de la guerra de Irán. Hasta aquí la mala suerte del Gobierno de aprobar nuevas medidas sin conocer el tratado de paz firmado por Estados Unidos e Irán, pero ya pedir conocimiento al Ministerio de Asuntos Exteriores parece un arcano mientras siga Albares. Quizá por eso únicamente se han permitido apuntar desde Moncloa que las nuevas medidas se enmarcarán «en un escenario diferente» con el alto al fuego pactado. Pues sí.
El caso es que el nuevo decreto ley lo aprobará el Consejo de Ministros el lunes porque el martes día 30 decaen las medidas aún vigentes del anterior escudo anticrisis, y para ese día tienen que figurar en el BOE las nuevas medidas. A partir de entonces, el Gobierno tiene 30 días para conseguir la aprobación parlamentaria. Algo que no va a ocurrir. No está el Congreso por convalidar ni un estornudo a Sánchez, pero como las medidas entran en vigor desde su publicación, el Gobierno cree que enlazar un paquete de medidas con otro les puede dar credibilidad. Ninguna.
Al final de esta semana, fuentes del Ministerio de Economía solo adelantaban que seguían «trabajando en la definición» o lo que es lo mismo, que aún no habían hablado nada con los grupos parlamentarios, con los sectores afectados ni tampoco con la oposición «a la espera que esta vez se sume el PP para garantizar su aprobación». Esa sí que es buena: con unos se hablan y con otros que se sumen… Así nos va.
El miércoles el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, se reunió con el sector agroalimentario. También estaba presente el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas. Hacer que hacen. Pero tampoco está el sector para tirar cohetes. Recordarán que el anterior decreto aprobado en marzo incluía la rebaja del IVA de electricidad, gas y carburantes al 10 %; pero que, desde el pasado 1 de junio, solo se sigue aplicando a las gasolinas. Sánchez se jactó en el Congreso de los efectos «francamente positivos de aquel decreto ley porque consiguió contener la inflación y permitió consolidar el crecimiento económico y la creación de empleo». Pues ni una cosa ni otra. La inflación ha seguido creciendo y el paro también. Pero mentir se ha convertido en el deporte favorito del Gobierno. Pero hay más.
¿Qué puede pasar desde hoy hasta el mes de noviembre en que se votarían los Presupuestos? Pues un mundo. Pedro Sánchez lo sabe
Aunque Carlos Cuerpo, había adelantado que llevaría al próximo Consejo de Ministros –el 23 de junio– la actualización de previsiones económicas, en Moncloa –que es quien manda de verdad en la política económica del Gobierno– corrigieron sus declaraciones y las aplazaron hasta el 29 de junio, coincidiendo con la aprobación del nuevo real decreto ley. Alguien pensará que retrasar una semana la cosa tampoco importa. Pero sí.
Las previsiones económicas –el llamado cuadro macroeconómico– es la base de los próximos Presupuestos Generales del Estado de 2027. Por eso el Gobierno aprobará también en el Consejo de Ministros tanto el límite de gasto no financiero –techo de gasto– como los objetivos de estabilidad presupuestaria, previo informe del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF), para después remitir todo a las Cortes. Y ya después del verano vendría la presentación del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado de 2027. Ganar tiempo. Verano. Y en otoño un largo debate para alcanzar la Navidad y 2027. Estrategia no falta.
El presidente del Gobierno ha reafirmado en varias ocasiones su intención de presentarlos para el año que viene y por eso ya se ha publicado la orden ministerial de Hacienda que supone el pistoletazo de salida de la tramitación del proyecto. No lo dice Sánchez porque lo vaya a hacer, ni siquiera porque piense que finalmente se vayan a votar. Llevamos con esta mentira tres años y ya sabemos cómo acaba siempre esta promesa. ¿Y por qué lo hace ahora? Pues, como decía, para ganar tiempo y algo más.
Algunos de los socios parlamentarios del Ejecutivo, especialmente el PNV, ya ha exigido al Gobierno la presentación al Parlamento de las cuentas públicas. También le ha recomendado que, si no es capaz de aprobarlas, convoque elecciones. Tiene lógica. La misma que no hemos visto en los tres años pasados. Pero está vez las elecciones en el 2027 no las puede mover nadie y hasta los partidos que han sustentado al Gobierno quieren marcar distancias con la debacle socialista.
«Los Presupuestos los vamos a presentar» ha dicho esta semana Pedro Sánchez, pero hizo algo más: dejó la puerta abierta –¡por primera vez!– a la posibilidad de adelantar las elecciones generales en caso de que no consiga aprobar los Presupuestos del 2027. «Si se tienen que tomar decisiones, pues las tomaremos cuando se produzcan estas hipótesis».
¿Qué puede pasar desde hoy hasta el mes de noviembre en que se votarían los Presupuestos? Pues un mundo. Pedro Sánchez lo sabe. Me dice un asesor de Moncloa que peor que ahora no lo van a tener: Zapatero, Begoña, David Sánchez, financiación del PSOE, con caídas de diez diputados en una semana en las encuestas... Pero la estrategia de ganar tiempo es la favorita de Sánchez: resistir a toda costa y esperar que escampe. El problema, y eso lo sabe también el presidente del Gobierno, es que desde que llegó a Moncloa, las cosas siempre han ido a peor. Ya nadie, salvo EH Bildu y Sumar, les apoyan incondicionalmente, y los segundos porque ya no saben ni lo que va a ser de su vida en el futuro. Por cierto y eso es más peligroso: tampoco Sánchez.