La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, con el presidente chino, Xi Jinping, el verano pasado
Los Veintisiete eligen la peligrosa calle de en medio para evitar una guerra comercial con China
Bruselas activará una «herramienta de diversificación» ganar independencia comercial pero sin romper el diálogo con el gigante asiático
«Ahora lo que necesitamos son amigos», aseguró el jueves el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en referencia a las medidas que el Consejo Europeo iba a debatir para potenciar el mercado europeo frente a otros exteriores más fuertes, especialmente el chino.
Fue el tema que ocupó buena parte de la cena que mantuvieron los presidentes y jefes de Gobierno de los Veintisiete durante la cena que mantuvieron este jueves y que se prolongó hasta pasada la una de la madrugada.
Y, como ocurre tantas veces en las negociaciones comunitarias, los Veintisiete optaron por tomar la calle de en medio y apostaron por potenciar la industria europea pero sin romper el diálogo con el gigante asiático.
A día de hoy, el déficit comercial con China es de unos 350.000 millones de euros anuales. Todos los países de la Unión Europea compran más que venden al país asiático y pocos datos apuntan a que la tendencia vaya a cambiar.
Además de avanzar en las reformas de su mercado único para fortalecer su competitividad, hubo consenso sobre la necesidad de continuar con la diversificación, la reducción de riesgos y dependencias y el refuerzo de la «autonomía estratégica», según las mismas fuentes. Hasta aquí no hay muchas diferencias entre los estados miembros.
El problema llega a la hora de afrontar las relaciones con China para evitar que se siga apoderando del mercado europeo, si imponer medidas restrictivas a la entrada de sus productos como propone Francia o Países Bajos, o dejarles hacer libremente como opina España.
El canciller alemán, Friedrich Merz, señaló que la UE tiene «peso en el mundo» y debe utilizarlo para defender sus intereses, si bien evitó la confrontación directa con Pekín e insistió en que la respuesta europea debe combinar firmeza y diálogo.
Merz indicó que existe un amplio consenso entre los Estados al considerar que deben protegerse «frente a los desequilibrios y las prácticas comerciales que distorsionan los mercados», por lo que la UE «necesita disponer de instrumentos eficaces para defender de forma efectiva sus intereses en todo el mundo».
Así que, con estas premisas, los Veintisiete acordaron pedir a la Comisión Europea «desarrollar y eventualmente complementar» la caja de herramientas «en materia de defensa comercial y política industrial» de la que disponen los Veintisiete, para garantizar que la UE pueda proteger sus intereses y lograr la citada reducción de riesgos.
Y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, respondió asegurando que el Ejecutivo comunitario trabajará en nuevas herramientas, entre ellas un «instrumento de diversificación», con el objetivo de ayudar a las empresas europeas a reducir riesgos y disminuir dependencias estratégicas.
Pero, al mismo tiempo, decidieron mantener «diálogos constructivos» con los principales socios comerciales de la UE para defender sus intereses y su seguridad económica con la esperanza de que China aparque su ambición comercial y mire a Europa en términos de justicia y equidad comercial.