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Mapa del estrecho de Ormuz

Mapa del estrecho de OrmuzContacto vía EP

Por qué la crisis en Oriente Medio va a encarecer (otra vez) la cesta de la compra

El aumento de los precios de los plásticos y los fertilizantes amenaza con trasladarse a los supermercados europeos

Cuando se habla de una crisis del petróleo, la mayoría de la gente piensa en el precio de la gasolina. Sin embargo, el verdadero impacto puede acabar llegando al supermercado antes que a la estación de servicio. El plástico de los envases, los fertilizantes que utilizan los agricultores o buena parte de los productos químicos que emplea la industria dependen del petróleo y del gas que atraviesan el estrecho de Ormuz.

Por eso, el conflicto que estalló a finales de febrero de 2026 y que paralizó durante semanas el tráfico marítimo por este paso estratégico preocupa mucho más allá del mercado energético. El Banco de Pagos Internacionales (BPI) advierte en su último informe anual de que la interrupción del suministro amenaza con reavivar la inflación precisamente cuando parecía empezar a estar bajo control.

Por el estrecho de Ormuz circula una parte esencial del petróleo y del gas que abastecen al planeta. El bloqueo llegó a cortar el flujo de más de diez millones de barriles diarios de crudo, alrededor del 13 % de la oferta mundial, un recorte superior al registrado durante las grandes crisis petroleras de la década de 1970.

Aunque Asia se está llevando la peor parte del golpe al acaparar el 80 % de las rutas afectadas, Europa se encuentra entre las regiones más expuestas. Además de importar energía procedente del golfo Pérsico, depende en gran medida de productos refinados y de numerosas materias primas derivadas del petróleo que alimentan la industria europea.

Y es que la gasolina es solo una pequeña parte de la historia. Los derivados del petróleo se utilizan para fabricar botellas de agua, envases de leche, bandejas de carne, bolsas de alimentos, detergentes, pinturas, productos de limpieza o fibras sintéticas presentes en buena parte de la ropa. Cuando la materia prima se encarece, fabricar todos esos productos también lo hace.

Según el informe del BPI, desde el inicio del conflicto el precio de los plásticos ha aumentado alrededor de un 30 %. Ese incremento eleva los costes de fabricación y transporte de millones de productos de consumo cotidiano, aunque el petróleo vuelva después a abaratarse.

El campo también paga la factura

El otro gran problema está en la agricultura. El Banco de Pagos Internacionales señala que el precio de los fertilizantes se ha disparado un 50 % desde el inicio de la crisis. Oriente Medio concentra aproximadamente un tercio de las exportaciones marítimas mundiales de fertilizantes y cerca de la mitad del azufre que se transporta por mar, una materia prima imprescindible para fabricar muchos de ellos.

Los fertilizantes son difíciles de sustituir y su encarecimiento dispara los costes del cultivo. Si los agricultores reducen su utilización para contener costes, la productividad puede resentirse y disminuir las cosechas. En ambos casos, producir alimentos cuesta más y parte de ese sobrecoste termina llegando al consumidor. El BPI advierte incluso de que una escasez prolongada de fertilizantes podría afectar durante varias campañas agrícolas al suministro mundial de alimentos, especialmente en los países más vulnerables.

El riesgo es que vuelva la inflación

La preocupación de los economistas no se limita al encarecimiento puntual del petróleo. Todos esos mayores costes –energía, envases, transporte, fertilizantes o productos químicos– acaban extendiéndose por la economía y presionando al alza los precios de bienes y servicios. De hecho, el informe revela que la inflación global ha subido medio punto porcentual desde que comenzó el conflicto. Este shock energético no solo encarece el día a día, sino que ha elevado las expectativas a largo plazo y ha obligado a los mercados a revisar sus previsiones sobre los próximos movimientos de los bancos centrales.

Además, empresas y consumidores todavía tienen muy presente el fuerte episodio inflacionista vivido entre 2022 y 2023, una experiencia que hace que cualquier nueva subida del coste de la energía pueda trasladarse con mayor rapidez al conjunto de la economía si las expectativas vuelven a deteriorarse.

El problema podría prolongarse en el tiempo. El BPI recuerda que numerosos puertos e infraestructuras energéticas de Oriente Medio han sufrido daños importantes y que algunos equipos especializados necesarios para recuperar la producción, como determinadas turbinas para plantas de gas natural licuado, acumulan listas de espera de varios años. Aunque el conflicto remita, restaurar completamente la capacidad previa podría llevar meses e incluso años.

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