Explotación de tierras raras.
Qué es la 'Pax Silica', la alianza con la que EE.UU. quiere blindar la IA y los minerales críticos frente a China
Washington impulsa una alianza con países estratégicos para asegurar la cadena de suministro
La inteligencia artificial suele presentarse como una carrera entre modelos cada vez más potentes o asistentes conversacionales más sofisticados. Sin embargo, la verdadera batalla se libra por el control de los chips avanzados, los minerales críticos, los enormes centros de datos y el suministro energético que hacen posible su desarrollo.
Con esa idea de fondo, el Departamento de Estado de Estados Unidos reúne este jueves y viernes a representantes de catorce países y a directivos de algunas de las principales empresas de la cadena mundial de los semiconductores y la inteligencia artificial. El encuentro gira en torno a una iniciativa todavía poco conocida fuera de los círculos especializados, pero que aspira a convertirse en uno de los grandes proyectos geopolíticos de la próxima década: la Pax Silica.
La propia denominación recuerda deliberadamente a conceptos históricos como la Pax Romana o la Pax Americana. En este caso, Silica alude al silicio, el elemento con el que se fabrican los chips que alimentan la revolución de la inteligencia artificial. Más que una alianza tecnológica, Estados Unidos pretende convertirla en el núcleo de un nuevo bloque económico y estratégico para la IA.
Aunque pueda parecer un acuerdo centrado exclusivamente en la industria de los semiconductores, la Pax Silica tiene un alcance mucho mayor. Refleja un cambio profundo en la forma en que Estados Unidos entiende la economía mundial. Durante décadas, la globalización permitió trasladar la producción hacia los países más eficientes y con menores costes. Sin embargo, la pandemia, las tensiones comerciales y la creciente rivalidad entre Washington y Pekín demostraron que esa dependencia también podía convertirse en una vulnerabilidad estratégica.
Hoy, la Administración estadounidense considera que la economía forma parte de la seguridad nacional. En consecuencia, garantizar el acceso a los recursos necesarios para fabricar chips, entrenar modelos de inteligencia artificial o desarrollar sistemas de defensa se ha convertido en una prioridad geopolítica. Como resume la analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos Mar Hidalgo , la competición por la IA ya no depende únicamente del software, sino también del control de los recursos físicos que hacen posible esa tecnología.
La inteligencia artificial se basa en cuatro pilares: los semiconductores, los minerales críticos, la energía y los centros de datos. Controlarlos equivale, en buena medida, a controlar el desarrollo de esta tecnología, y aquí es donde la Casa Blanca quiere construir una red de países considerados estratégicamente fiables.
Cadena de suministro mundial
Ningún país domina por sí solo toda la cadena de producción de los chips más avanzados, y por eso Washington ha reunido los distintos eslabones de ese proceso. Estados Unidos lidera el diseño de los procesadores más avanzados gracias a empresas como Nvidia o AMD. Japón aporta materiales ultrapuros y maquinaria especializada, mientras que Corea del Sur concentra buena parte de la fabricación de memorias.
Países Bajos ocupa un lugar especialmente estratégico. Allí tiene su sede ASML, la única empresa del mundo capaz de fabricar las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV) necesarias para producir los microchips más avanzados. Australia aporta parte de los minerales críticos indispensables para la industria, mientras que Singapur se ha consolidado como uno de los principales nodos logísticos, financieros y de centros de datos de Asia.
La alianza se completa con Israel, referente en ciberseguridad e innovación tecnológica, y con Emiratos Árabes Unidos y Catar, que aportan financiación, energía e infraestructuras para impulsar nuevos proyectos industriales y grandes centros de datos. La Pax Silica no reúne a los países con mayores economías, sino a aquellos que controlan los cuellos de botella.
Reducir la dependencia de China
A través de esta alianza, Washington aspira a reducir la dependencia occidental de China en algunos de los recursos más estratégicos para la economía digital. Pekín controla una parte muy importante del procesamiento mundial de tierras raras y otros minerales críticos indispensables para fabricar chips, baterías o sistemas de defensa. Además, durante los últimos años ha utilizado las restricciones a la exportación de algunos de estos materiales como herramienta de presión geopolítica.
Al mismo tiempo, la industria china de los semiconductores continúa acortando distancias respecto a sus competidores occidentales. Aunque las empresas estadounidenses mantienen el liderazgo en el diseño de los chips más avanzados, distintos analistas consideran que China está acelerando el desarrollo de tecnologías propias con el objetivo de reducir su dependencia exterior y competir en los segmentos de mayor valor añadido.
Europa, en segundo plano
Uno de los aspectos más llamativos de la alianza es el papel secundario reservado a Europa. La Unión Europea estuvo presente en el lanzamiento de la Pax Silica, pero no forma parte de la iniciativa como bloque. En la práctica, el único país europeo con opciones reales de integrarse plenamente es Países Bajos, debido al papel estratégico que desempeña ASML en la fabricación de los chips más avanzados.
Para algunos analistas, se trata de un reflejo de la débil política industrial europea. Mientras Estados Unidos coordina una estrategia común y China mantiene una planificación centralizada, la Unión Europea sigue impulsando numerosos proyectos nacionales con un grado limitado de coordinación.