La Selección, un activo económico para España y los bares: solo con la final se facturarán 130 millones
Ninguna campaña institucional de promoción turística o inversión publicitaria podría comprar una visibilidad semejante
Los jugadores de la selección española celebrando el gol de Pedro Porro contra Francia
Pocas veces un acontecimiento deportivo ofrece una oportunidad económica tan valiosa como la que vive España estos días. Tras conquistar la Eurocopa en 2024, nuestra selección ha vuelto a situarse entre las mejores, alcanzando la final del Mundial. Independientemente del resultado, el equipo dirigido por Luis de la Fuente ya ha conseguido algo extraordinario: colocar a España en el centro de la atención internacional.
Miles de millones de personas han seguido el campeonato. Durante semanas, el nombre de nuestro país ha ocupado portadas, informativos y redes sociales en todo el mundo. Ninguna campaña institucional de promoción turística o inversión publicitaria podría comprar una visibilidad semejante.
La pregunta es inevitable: ¿puede un éxito deportivo traducirse en beneficios económicos?
La respuesta es sí. Pero probablemente no de la manera en que se suele imaginar.
El consumo se viste de rojo
El impacto más inmediato es el consumo. Cada victoria de la selección llena bares y restaurantes, impulsa la venta de camisetas, banderas y televisores y anima el gasto en ocio.
Según Hostelería España, la patronal de los hosteleros, el consumo en los bares en los días de partido pueden llegar a incrementar sus beneficios entre un 25 % y un 30 % respecto a una jornada habitual. De hecho, de cara a la final el gasto podría superar los 130 millones de euros.
Es un impulso relevante para miles de pequeñas empresas. Sin embargo, el verdadero impacto económico de este acontecimiento deportivo hay que buscarlo en otro lugar.
Cuando el optimismo mueve la economía
Aficionados celebran un gol de la selección
La economía no depende solo de los tipos de interés, la inflación o los impuestos. También depende de las expectativas.
Cuando una sociedad vive un momento de entusiasmo colectivo, mejora la confianza de familias y empresas. Ese clima favorece temporalmente el consumo, la inversión y la actividad económica. Naturalmente, un Mundial no aumenta por sí solo la productividad ni resuelve los problemas estructurales del país, pero sí puede actuar como un pequeño estímulo psicológico.
La economía también tiene un componente emocional.
La Selección Española como gran marca
El mayor beneficio económico del éxito de la selección no reside en el consumo de unas semanas, sino en algo mucho más valioso: la reputación internacional de España.
Los economistas denominan a este fenómeno capital reputacional, un activo intangible que influye sobre el turismo, las exportaciones, la atracción de talento y las decisiones de inversión.
En una economía globalizada, los países compiten por atraer empresas, turistas, investigadores, estudiantes y capital. En esa competencia, la confianza cuenta cada vez más.
Durante muchos años, los economistas valorábamos las empresas por sus fábricas, sus edificios o su maquinaria. Hoy sabemos que una parte creciente de su riqueza reside en activos intangibles: la marca, la reputación, los datos, la propiedad intelectual, las patentes, la capacidad para atraer talento. Ocurre con Apple, con Inditex y con muchas de las compañías más valiosas del mundo.
Con los países sucede exactamente lo mismo.
España dispone de excelentes infraestructuras, empresas competitivas, universidades, un potente sector turístico y un extraordinario patrimonio cultural. Pero posee además otro activo cuyo valor solemos infravalorar: su reputación internacional.
Y hoy la Selección Española constituye uno de los principales activos intangibles de nuestro país.
Y su imagen es extraordinariamente positiva.
Nuestra selección transmite juventud, talento, trabajo en equipo, creatividad, disciplina, humildad y liderazgo sereno. Son los atributos que cualquier país desearía asociar a su economía para atraer inversiones y talento.
En el siglo XXI, las naciones ya no compiten únicamente con salarios, impuestos o infraestructuras. También compiten por conseguir confianza. Y la confianza genera rentabilidad económica cuando se administra con inteligencia.
La confianza reduce incertidumbre, facilita relaciones económicas y hace más sencillo abrir puertas. Por eso la selección puede convertirse en un magnífico aliado de la marca España, igual que nuestras empresas, nuestros científicos, nuestros chefs o nuestros artistas.
Un amplificador para la marca España
El Mundial es como un enorme amplificador. Durante unas semanas, el planeta entero presta atención a los países participantes.
La cuestión es qué hacemos con esa atención.
Gane o no la final, la selección ya ha conseguido algo extraordinario
Sería un error limitarla al terreno deportivo. El fútbol puede convertirse en el mejor escaparate para mostrar una España innovadora, abierta al talento, líder en energías renovables, referente turístico y gastronómico, con compañías capaces de competir en los cinco continentes.
El balón abre la puerta. Después corresponde al país aprovechar esa oportunidad.
El gol más importante
El domingo sabremos si España conquista un nuevo Mundial. Ojalá así sea.
Pero, gane o no la final, la selección ya ha conseguido algo extraordinario. Ha demostrado al mundo que España es capaz de competir al máximo nivel y de proyectar una imagen moderna, joven, abierta y atractiva.
Los éxitos deportivos emocionan durante generaciones. La reputación puede generar prosperidad durante décadas.
Transformemos la admiración que hoy despierta nuestra selección en una marca España todavía más sólida, capaz de atraer inversiones, talento y turismo de calidad. Quizá dentro de unos años descubramos que el gol más importante de esta generación de futbolistas no se marcó en la final del Mundial. Se marcó en la economía española.
- Rafael Pampillón es profesor de la Universidad CEU San Pablo y del IE Business School.