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Pescador en Vilagarcía de Arousa.Getty Images / Mercedes Rancaño

Obligar a retrasar la jubilación eleva la mortalidad de los trabajadores con empleos más duros

La prolongación forzosa de la vida laboral aumenta las muertes prematuras entre quienes desempeñan trabajos físicamente exigentes, mientras que seguir trabajando voluntariamente incluso puede resultar beneficioso para la salud

Trabajar algunos años más no es necesariamente malo. Lo que sí puede tener consecuencias graves es verse obligado a hacerlo en un empleo físicamente exigente. La prolongación forzosa de la vida laboral aumenta la mortalidad prematura entre los trabajadores que desempeñan los trabajos más duros, mientras que quienes continúan en activo por decisión propia no solo no sufren ese efecto, sino que incluso pueden obtener un beneficio para su salud.

Esa es la principal conclusión de un estudio elaborado por el economista Sergi Jiménez-Martín y publicado por Fedea, que analiza el impacto de la reforma de las pensiones de 2011, la norma que inició el retraso progresivo de la edad legal de jubilación en España. La investigación concluye que la obligación de permanecer más tiempo en el mercado laboral provocó un aumento de la mortalidad entre los trabajadores afectados por la reforma –especialmente entre los hombres– al obligarles a continuar desempeñando ocupaciones físicamente exigentes.

El trabajo estima que la reforma retrasó la edad efectiva de jubilación una media de ocho meses entre los trabajadores plenamente afectados. Ese mayor tiempo de permanencia en el empleo se tradujo en un incremento significativo de la mortalidad prematura masculina antes de los 67 años, un efecto que el autor atribuye al desgaste físico acumulado en determinados sectores.

«Tres mecanismos son coherentes con esta asimetría: la exposición ocupacional, ya que los hombres afectados trabajan de forma desproporcionada en la construcción, la minería y otros sectores físicamente exigentes donde retrasar la salida del mercado laboral se traduce plausiblemente en un exceso de mortalidad», señala el estudio.

Uno de los hallazgos más llamativos de la investigación es que distingue entre prolongar la vida laboral por elección propia y hacerlo por obligación. Mientras el empleo voluntario en edades avanzadas suele concentrarse en ocupaciones menos exigentes físicamente o en jornadas reducidas y aparece asociado a mejores resultados de salud, la situación cambia cuando es una reforma legal la que obliga a seguir trabajando.

«El trabajo obligado por la reforma mantiene de forma desproporcionada a los trabajadores en los puestos que ya ocupaban –lo que para una gran parte de los hombres significa construcción, industria manufacturera y minería–, generando el exceso de riesgo observado», explica el autor.

La investigación también descarta que ese aumento de la mortalidad pueda atribuirse a una pérdida de ingresos o de derechos de pensión. El documento concluye que la riqueza acumulada en el sistema apenas varía entre los trabajadores afectados y el grupo de control, por lo que identifica como principal mecanismo causal la prolongación obligatoria de la actividad laboral en ocupaciones físicamente exigentes.

Las conclusiones contrastan además con la idea de que trabajar más años resulta necesariamente perjudicial. Según el estudio, seguir trabajando de forma voluntaria puede incluso resultar beneficioso para la salud. Lo que incrementa la mortalidad es verse obligado a prolongar la vida laboral en ocupaciones físicamente exigentes.

«El trabajo voluntario al final de la carrera profesional protege ligeramente la salud, mientras que el trabajo obligado por la reforma en empleos físicamente exigentes es perjudicial, y este mecanismo predomina entre los hombres», concluye el estudio.