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El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente.EFE/Pedro Puente Hoyos

Debacle en el Ministerio de Puente: el talento se va, y el sector del transporte se queja de incompetencia

La creciente politización y el bajón técnico se nota en Renfe y en Adif

La salida de personal valioso del Ministerio de Transportes ha sido una constante desde que Óscar Puente fue puesto al frente del organismo en noviembre de 2023, y el goteo sigue. El Debate ha podido contabilizar más de veinte cargos que han ido saliendo como consecuencia de despidos poco comprensibles o del desánimo en el que han caído como consecuencia del descenso en el nivel técnico de los nuevos fichajes y de la falta de identificación con el proyecto.

Los primeros en ser despedidos fueron María José Rallo y su número dos, Jaime Moreno, considerados muy brillantes en el mundo del transporte. Por su valía, no tuvieron problemas para encontrar acomodo en otro sitio. Rallo era secretaria general de Transportes desde el año 2018.

El caso más clamoroso ha sido probablemente el de la expresidenta de Adif, María Luisa Domínguez, «una mujer estupenda y una técnica buenísima a la que se quitaron de en medio aparentemente por cuestiones políticas», señala una fuente conocedora del proceso.

Desde que llegó Puente al Ministerio, abundan en el sector quienes afirman la progresiva politización de Renfe y Adif, algo que paradójicamente dicen que no pasaba con su predecesor, José Luis Ábalos: «Él estaría haciendo sus cosas por otro lado, pero dejaba a los técnicos que trabajasen y se organizasen. Eso ha cambiado con Puente hasta el punto de que ahora todo el mundo se odia en el Ministerio».

«Tengo que lidiar con gente muy mala técnicamente. Toman decisiones equivocadas constantemente. No creo que nadie pueda decir que hay mejor gente en el Ministerio ahora que hace cinco años, o que hace tres», sostiene una fuente del sector.

Sostienen que «lo único que hacen es poner a gente que le cae bien políticamente a Puente, y que está dispuesta a defender sus tesis. Lo único que les importa es la política y las próximas elecciones. Desde que llegó Puente, siempre quiso que el Ministerio fuera una herramienta al servicio del partido, y eso es un drama en un Ministerio como este».

El ejemplo más claro es la degeneración que ha tenido el sector ferroviario en los tres últimos años, desde que Puente está al frente de Transportes, y eso pasa por haber puesto «gente muy mala», técnicamente hablando.

El último en salir ha sido el director general de Carreteras, Juan Pedro Fernández Palomino, un brillante ingeniero de Caminos de 42 años que fue nombrado por Isabel Pardo de Vera tras destituir a Javier Herrero, imputado en el caso Koldo.

Pero las historias de estos tres años proliferan por todas partes. En su momento se inventaron la Secretaría General de Movilidad Sostenible para que entrase Álvaro Fernández Heredia —también ingeniero de Caminos, amigo de Rita Maestre y cercano a Puente—, y cuando se fue a la presidencia de Renfe, pusieron a Sara Hernández del Olmo, «porque querían a una persona estrictamente política. La movilidad sostenible era un apaño para meter a los colegas», señala una fuente del sector.

Luego eliminaron la Secretaría General de Movilidad, y ahora en septiembre la han puesto al frente de la Secretaría General del Transporte Terrestre. Precisamente en Movilidad, el Ministerio fichó a Miguel Álvarez, un experto que llegaba con gran fama por su trabajo en Rivas (Madrid) en este terreno, y le pusieron como director general de Estrategias de Movilidad, pero duró siete meses y volvió a Rivas.

Del Ministerio han tenido que irse muchas personas valiosas y brillantes, como Angélica Martínez-Ortega, que fue secretaria general técnica y después directora general de Programación Económica y Presupuestos, o Irene Bonet, que fue abogada del Estado adjunta. «Hace unos días un juzgado ha obligado a readmitir a la efímera (duró muy pocos meses porque la echaron sin más) directora de Estrategia de Renfe, Paloma Baena, una gran profesional, que, por decencia, nada más ser readmitida pidió la excedencia», relata una fuente conocedora de la situación.

El talento se va o se le echa, y en el servicio se nota, pero en el Ministerio parece no importar más que la política.