Incompetencia
Cuando todas las capas que protegen la seguridad operacional se ven desbordadas en dos ocasiones, con un resultado siniestro; es todo el sistema el que necesita ser revisado a fondo
La incompetencia es causa de despido. Y el jefe que mantiene al incompetente es un negligente y, si es servidor público, prevaricador.
Los que nos dedicamos con pasión a la seguridad en el transporte, aéreo en mi caso, no concebimos que no haya rendición de cuentas en el escalafón más alto de la gestión del transporte ferroviario. Algo que es automático en cualquier eslabón de la cadena del sistema de transporte –ya sea regulador, operador o industria– se ha convertido en el Gobierno de España en una excepción letal. Porque quiebra dolorosamente tres elementos esenciales de cualquier sistema de transporte: la protección de vida, la confianza y la ejemplaridad.
La seguridad operacional, la que salvaguarda la vida de las personas, es la clave de bóveda de cualquier sistema de transporte. Da igual que sea por carretera, por ferrocarril, por aire o por mar. O que el operador sea público o privado. Para eso hay un cuerpo riguroso de regulación y supervisión, habilitaciones, estándares internacionales, altísimos criterios de calidad, sistemas probados hasta el extremo, décadas de experiencia técnica y operacional. Todo para que no se pierda ni una vida. Ni siquiera se dé una situación de riesgo.
Cuando ocurre un accidente, incluso si es un mero incidente, la confianza de los pasajeros se resiente. Cuando el accidente es recurrente, la confianza deja paso al miedo y a la incertidumbre. Lo contrario de lo que un sistema de transporte necesita para funcionar con normalidad. Y los daños van desde la fragilidad personal, al daño a los negocios y a las familias. Un retroceso en toda regla del bienestar y la prosperidad.
Las crisis son momentos inmejorables para aprender de los errores, algunos inevitables. También los más banales, pero que pueden tener consecuencias catastróficas. Y cuando esos errores no se abordan con valentía y responsabilidad, el daño se multiplica. Porque se cierra la crisis sin abordar las causas últimas de un terrible suceso, otro más, que se ha llevado por delante la vida de más de cien personas en pocos meses. Y ha destrozado la confianza en un sistema ferroviario que fue en otro tiempo ejemplo para el mundo entero.
Cuando todas las capas que protegen la seguridad operacional se ven desbordadas en dos ocasiones, con un resultado siniestro; es todo el sistema el que necesita ser revisado a fondo. Empezando por la asunción de responsabilidades en la cúspide, para al menos señalar claramente que quien no ha podido evitar el daño, no está en condiciones de atajar la complejidad del problema y, sobre todo, garantizar que no vuelva a ocurrir.
Cualquier profesional del mundo del transporte, desde los técnicos de mantenimiento, pasando por los ingenieros, los operadores o los directivos, vive por y para mantener la seguridad y la eficiencia de los sistemas bajo nuestra responsabilidad. En la inmensa mayoría de los casos, con profesionalidad ejemplar. La inobservancia supone el final de nuestras carreras. El ministro del ramo sigue en su puesto, de forma irresponsable e incomprensible, a pesar de la quiebra irrecuperable de la vida, la confianza y la ejemplaridad.
- Gonzalo Moreno-Muñoz es ingeniero.