Las mentiras económicas del sanchismo (IX): el INE, el PIB y un crecimiento que no cuadra
Me da que este desgobierno no ha calculado bien las cifras de lo que supone la regularización de inmigrantes, que además todavía no pueden votar
Me da mucha pena que a Elena Manzanera le queden tres telediarios. O quizás menos, porque espero que, en cuanto se forme el nuevo Gobierno, la manden a su casa de modo preventivo por la que ha liado con el voto CERA, con el PIB y con los cambios en la forma de calcular el IPC en España. Quizás, en algún momento, convenga llevarla a declarar al Congreso y al Senado y, si procede, regalarle un banquillo ante un juez.
Y me da mucha pena porque, sin duda, era mi punching ball favorito y nunca podré agradecerle lo suficiente que, junto con otro prestigioso economista, fuéramos los primeros de la historia del INE en ser mencionados en una nota de prensa. Porque, desde su constitución en 1945, hace ya casi 81 años, nunca el INE había cogido el canasto de las chufas y se había dedicado a repartir cubos de mierda en una comunicación por escrito.
Así que, como me da que va a ser la última o, como mucho, la penúltima vez que voy a poder escribir sobre la ínclita presidenta del INE, me voy a despachar un poco a gusto con ella y con los resultados del PIB real y del PIB per cápita, porque merecen uno de los análisis que hago habitualmente. Sin más circunloquios, vayamos al grano.
El INE nos dice que el PIB nominal crece un 1,7 % y el PIB real lo hace un 0,6 %, con un deflactor implícito del 1,04 %, que se aleja bastante del 1,3 % de inflación del periodo, lo cual podría estar indicando que el crecimiento real estaría más cerca del 0,4 % que del dato publicado.
¿Por qué digo esto? Porque, si miramos el crecimiento del consumo de los hogares, que con la inflación crece un 1,7 %, vemos que en términos reales solo lo hace un 0,6 %, con un deflactor del 1,12 %.
Pero donde el deflactor canta como los tres tenores, Pavarotti, Domingo y Carreras, es en el consumo público, donde el INE nos dice que no ha habido inflación en el consumo de las Administraciones Públicas, pues, con un crecimiento nominal del 0,9 %, sigue registrando en términos reales también un 0,9 % y, por lo tanto, un deflactor del 0,07 %.
Además, quiero recordarles que las modificaciones que ha hecho el INE de forma periódica en el consumo público han sido 31 desde el primer trimestre de 2024. Para que se hagan una idea, en el primer trimestre de 2024 dijeron que el consumo público había crecido un 1,4 %, para dejarlo en un 0,5 % después de cuatro revisiones. O en el tercer trimestre de 2024, que pasó de un 2,5 % a un 1,2 % en tres revisiones. O en el tercer trimestre de 2025, que pasó de un 1,1 % a un 0,9 % después de cuatro revisiones.
El resto de las variables son todas susceptibles de volver a ser tocadas, con una alta probabilidad de que así ocurra, pues en la formación bruta de capital nos dicen que solo crece un 0,1 % en términos reales y que tiene un deflactor del 0,87 %.
Sin duda alguna, también llaman la atención las importaciones de servicios, cuyo deflactor es negativo, lo cual implica que importamos de países que están en «deflación», aunque yo no conozco ninguno.
Y, para terminar de repartir un poco antes de finalizar, quiero que vean qué ha pasado con el PIB per cápita real en el tercer trimestre del año.
Efectivamente, la sorpresa del trimestre. El PIB per cápita en términos reales no solo no crece, sino que decrece un 1,3 %, y bajamos 90 euros con respecto al segundo trimestre de 2026.
Seguro que nos dirán que si la estacionalidad, que si la abuela fuma o que si los burros vuelan. La realidad es que, con un crecimiento del 0,6 % en el trimestre y dado que la regularización de inmigrantes no para de subir, resulta que hay que repartir entre más y, por lo tanto, cada día tocamos a menos.
Es lo que tiene querer crecer a base de que seamos más para consumir. Y, aunque el consumo ha crecido, no lo ha hecho para que la riqueza generada sea suficiente y su reparto resulte positivo.
Me da que este desgobierno no ha calculado bien las cifras de lo que supone la regularización de inmigrantes, que además todavía no pueden votar, aunque sí montar en trenes de alta velocidad y morir en accidentes ferroviarios, lo cual puede hacer que, el día que puedan votar, lo mismo nunca voten socialismo.