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19 de abril de 2024

Estudiantes realizan uno de los exámenes de la EBAU

Estudiantes realizan uno de los exámenes de la EBAUEuropa Press

Las claves de la nueva EBAU que comienza en 2025: opciones tipo test y penalización por faltas de ortografía

Educación ha presentado ya un borrador a las comunidades autónomas en el que se alinea con la última reforma educativa impulsada por la exministra Isabel Celaá, la LOMLOE

El Ministerio de Educación trabaja ya para dar un cambio a la prueba de Selectividad. Un examen que en realidad son 17, ya que cada comunidad autónoma lo realiza de una manera e incluso lo nombra de una forma distinta. El más común es el de Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), pero también encontramos el de EvAU –Evaluación para el Acceso a la Universidad–, Pevau –Prueba de Evaluación para el Acceso a la Universidad– PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) o Abau –en gallego, Avaliación de Bachillerato de Acceso a la Universidad–.
Con este amalgama de siglas, la cartera que dirige Pilar Alegría quiere establecer una serie de criterios únicos en toda España para 2025 y acabar así con las disparidades regionales, aunque quienes piden una Selectividad única no ven satisfechos sus deseos con estas medidas. Y es que las diferencias de currículo entre regiones son y seguirán siendo abismales, lo que para muchos genera una injusticia al poder solicitar el acceso a cualquier universidad aunque se tenga más nota en la EBAU gracias a una menor exigencia.
En el borrador que Educación ha presentado a las comunidades autónomas se regulan los requisitos de acceso a las enseñanzas universitarias oficiales de Grado y se alinea así con la última reforma educativa impulsada por la exministra Isabel Celaá, la LOMLOE. Esta polémica norma hace especial énfasis en el enfoque competencial, de manera que el alumnado sea capaz de aplicar los conocimientos, no solo memorizarlos.

Un único modelo de ejercicio

Con este primer borrador, se pretende que los ejercicios de la Selectividad requieran la creatividad y capacidad de pensamiento crítico de los alumnos, plasmando su «reflexión y madurez en la resolución por escrito de una serie de preguntas o tareas adecuadas a las competencias examinadas».
Igualmente, se establece un límite de tiempo de 90 minutos para la prueba, que podrá estar estructurada en diferentes apartados, que, a su vez, podrán contener una o varias preguntas o tareas. Da libertad a los examinadores para requerir «respuestas cerradas, semiconstruidas o abiertas, siempre que en cada uno de los ejercicios la puntuación asignada al total de preguntas o tareas de respuesta abierta y semiconstruida alcance como mínimo el 70 %». Esto, por ende, abre la puerta a que se incluyan preguntas tipo test.
A diferencia de lo que venía ocurriendo hasta ahora, cuando se solía presentar al alumno dos modelos diferentes para que se escogiera uno, el borrador especifica ahora que en cada materia se hará entrega de un único modelo de ejercicio, aunque en algunos apartados se pueda incluir «la posibilidad de elegir entre varias preguntas o tareas».
En cuanto a las lenguas de realización, se estipula que los ejercicios de Lengua Castellana y Literatura, Lengua Cooficial y Literatura y Lengua Extranjera deberán ofrecerse y responderse en la lengua correspondiente. Para el resto, «las administraciones educativas asegurarán al alumnado la posibilidad de elección entre las lenguas oficiales de sus territorios», de manera que los estudiantes podrán optar siempre por hacer sus exámenes en castellano o en la otra lengua oficial de su comunidad, si es que la hay.

Corrección gramatical, léxica y ortográfica

Otra de las novedades es que cuando los ejercicios requieran que los alumnos produzcan textos, la evaluación de la coherencia, cohesión, corrección gramatical, léxica y ortográfica, así como la presentación, deberá representar al menos el 10 por ciento de la calificación asignada a la pregunta o tarea, algo que «podrá flexibilizarse en el caso del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo».
Asimismo, se especifica que las preguntas o tareas se contextualizarán en entornos artísticos, científicos, humanísticos y tecnológicos y, preferentemente, «en entornos próximos a la vida del alumnado».
Al igual que hasta ahora, la prueba de acceso a la universidad constará de cuatro o, en el caso de las comunidades autónomas con lengua cooficial, cinco ejercicios que versarán sobre las siguientes materias: Lengua Castellana y Literatura y, si la hubiera, Lengua Cooficial y Literatura; Historia o Filosofía, a elección del alumnado; Lengua Extranjera; y la materia específica obligatoria.
Quienes realicen la prueba de acceso y deseen mejorar su nota de admisión podrán examinarse en la misma convocatoria de hasta tres materias de segundo curso de Bachillerato, comunes o de modalidad, distintas a aquellas de las que se hubieran examinado en la prueba de acceso. Asimismo, podrán examinarse de una segunda lengua extranjera distinta de la que hubieran elegido en dicha prueba.
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