Más ingenieros, más crecimiento económico
El resultado principal puede resumirse en una cifra clave: un aumento de una desviación estándar en la densidad de ingenieros en los condados de Estados Unidos en 1880 se asocia con un nivel de renta actual un 10-15 % más alto
En 2022, William F. Maloney y Felipe Valencia Caicedo publicaron en el Journal of the European Economic Association uno de los artículos más interesantes sobre crecimiento económico de largo plazo: Engineering Growth. El paper aporta evidencia histórica sistemática que cuantifica el papel de los ingenieros como factor central del desarrollo moderno. Su mensaje principal es claro y está respaldado por datos históricos rigurosos: las economías que contaban con más ingenieros a finales del siglo XIX son hoy significativamente más ricas. La magnitud del efecto no es menor ni anecdótica, y se mantiene incluso tras un control exhaustivo por otros determinantes clásicos del crecimiento económico.
El artículo aporta la primera evidencia histórica sistemática sobre el papel de los ingenieros como factor central del crecimiento moderno. Para ello, los autores construyen bases de datos inéditas sobre la densidad de ingenieros (medida como proporción de la fuerza laboral) en países de América y Europa alrededor de 1900, así como datos detallados a nivel de condado en Estados Unidos para el periodo de la Segunda Revolución Industrial.
El resultado principal puede resumirse en una cifra clave: un aumento de una desviación estándar en la densidad de ingenieros en los condados de Estados Unidos en 1880 se asocia con un nivel de renta actual un 10-15 % más alto. A este efecto se suma el de la capacidad de realización de patentes histórico, que explica aproximadamente otro 10 % adicional del ingreso actual. En conjunto, ingeniería e innovación explican una parte sustancial de las diferencias de renta observadas hoy, más de un siglo después.
Estos resultados son especialmente robustos. La relación positiva entre ingenieros y renta persiste tras controlar por alfabetización, educación secundaria, acceso a la Universidad, densidad de abogados y médicos, estructura productiva histórica, infraestructuras ferroviarias, esclavitud, geografía, clima y un amplio conjunto de factores institucionales. Es decir, los ingenieros no están capturando simplemente «más educación» o «más desarrollo inicial», sino un tipo específico de capital humano técnico con efectos propios.
Para abordar el problema de la causalidad, los autores utilizan como instrumento la distancia a las universidades creadas bajo el 'Morrill Land Grant Act' de 1862. Estas instituciones no se ubicaron en función de la demanda local ni del nivel de renta, pero resultaron decisivas para la formación de ingenieros en el largo plazo. Los resultados instrumentales confirman los efectos: la elasticidad del ingreso respecto a la densidad de ingenieros se mantiene prácticamente intacta, lo que refuerza la interpretación causal.
Las magnitudes son económicas, no solo estadísticamente significativas. En los ejercicios a nivel de condado, el coeficiente estimado implica que duplicar la densidad de ingenieros genera incrementos de renta comparables a décadas de crecimiento acumulado. A nivel agregado, extrapolando los coeficientes de Estados Unidos a los datos internacionales, los autores estiman que una desviación estándar adicional en ingenieros en 1900 explica cerca del 30% de la diferencia de renta entre países hoy.
La evidencia no se limita al resultado final de renta, sino que muestra los mecanismos intermedios. Las regiones con más ingenieros muestran:
– Mayor adopción de tecnologías clave, como la mecanización agrícola o el uso de semillas híbridas
– Mayor crecimiento del valor añadido manufacturero entre 1880 y 1940
– Mayor intensidad tecnológica en la producción, medida por potencia instalada por establecimiento
– Más establecimientos financieros y comerciales, señal de transformación estructural
– Mayor presencia actual de sectores intensivos en conocimiento y alta tecnología
Es importante destacar que estos efectos no se explican simplemente por el hecho de que los ingenieros obtengan salarios elevados. Incluso excluyendo los ingresos de los propios ingenieros, las regiones con mayor densidad histórica muestran rentas más elevadas para el conjunto de la población. Esto indica que la ingeniería opera como un factor de productividad sistémico, elevando el rendimiento del resto de la economía.
La comparación internacional refuerza esta conclusión. Países con niveles de renta similares en 1900 presentan enormes diferencias en densidad de ingenieros. Mientras Estados Unidos, Suecia o Dinamarca contaban con entre 80 y 160 ingenieros por cada 100.000 trabajadores, países como Argentina, Chile o México apenas superaban los 20. Un siglo después, estas diferencias se reflejan en trayectorias de desarrollo claramente divergentes.
El mensaje del paper es inequívoco: el crecimiento económico moderno no depende solo de acumular capital o aumentar la escolarización básica, sino de contar con una masa crítica de capital humano técnico avanzado. En contextos de cambio tecnológico profundo, como el actual, la historia sugiere que más ingenieros no es una consecuencia del desarrollo, sino una de sus causas principales.
Si algo muestra la evidencia histórica es que las economías que invirtieron tempranamente en ingeniería lograron adoptar tecnologías, transformar su estructura productiva y sostener el crecimiento durante generaciones. En términos empíricos y sin ambigüedades: más ingenieros hoy implican más crecimiento mañana.
La evidencia de 'Engineering Growth' encaja de forma natural con resultados más recientes sobre los retornos marginales de la educación superior, como el paper Jack Mountjoy publicado en Quartely Journal of Economics, 'Marginal Returns to Public Universities. Mountjoy' muestra que los estudiantes marginalmente admitidos en universidades públicas –aquellos justo por encima del umbral de acceso– obtienen retornos salariales elevados: alrededor de un 8 % más de ingresos a largo plazo, con tasas internas de retorno del 16 % para la sociedad y del 7 % incluso para el presupuesto público. La implicación es clara: expandir el acceso a la universidad, y en particular a titulaciones STEM, puede tener rendimientos sociales muy altos incluso si ello implica relajar ligeramente las notas de corte. Aunque la bajada marginal del nivel académico medio pueda generar reticencias, la evidencia sugiere que permitir la entrada de más estudiantes –especialmente en áreas técnicas– aumenta el stock de capital humano avanzado y genera ganancias persistentes de productividad y crecimiento. Desde una perspectiva de política pública, el coste de aceptar estudiantes «en el margen» parece pequeño frente a los beneficios de largo plazo de contar con más ingenieros, científicos y técnicos en la economía.