Fundado en 1910
Gergely Szilvay, en la redacción de El Debate

Gergely Szilvay, en la redacción de El DebateMaría Bereijo

Entrevista

Gergely Szilvay, periodista húngaro: «En España hay varias cuestiones que no podéis discutir públicamente»

Colaborador habitual en medios conservadores húngaros y autor de varios ensayos, Szilvay se ha consolidado como una de las voces intelectuales que defienden la posición del gobierno de Hungría

A Gergely Szilvay la corrección política le es completamente indiferente. Periodista y ensayista húngaro simpatizante de la corriente más conservadora de su país, Szilvay ha centrado buena parte de su trabajo en el estudio crítico de las corrientes progresistas occidentales, especialmente en lo relativo a la teoría de género y las transformaciones antropológicas y sociales que, a su juicio, esta implica.

Colaborador habitual en medios conservadores húngaros y autor de varios ensayos, Szilvay se ha consolidado como una de las voces intelectuales que defienden la posición del gobierno de Hungría en los debates sobre familia, educación y soberanía cultural. Visita la redacción de El Debate para conversar sobre estas cuestiones.

–Lo primero de todo, me gustaría saber qué le llevó a escribir su libro Crítica a la teoría de género.

–Hace aproximadamente diez años comenzó en Hungría un debate sobre las cuestiones de género. Coincidió con lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos, cuando el Tribunal Supremo reconoció el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país. Eso provocó discusiones también en la vida pública húngara.

Me di cuenta de que los conservadores no tenían argumentos sólidos y pensé que podía contribuir. Yo había hecho un doctorado en teoría política, así que decidí recopilar mis ideas. Mi primer libro no trataba directamente sobre género, sino sobre teoría política relacionada con la sexualidad. Pero más tarde, cuando el debate sobre cuestiones LGBT y de género se intensificó en Hungría decidí abordar el tema de manera más amplia.

Busqué libros en inglés que analizaran críticamente toda la teoría de género, desde el feminismo hasta el movimiento trans, y me di cuenta de que no existía una obra que abordara todos los aspectos del debate de forma sistemática. Así que decidí escribirla.

En Hungría, la oposición acusaba al gobierno de crear un enemigo ficticio en la comunidad LGBTQ para mantenerse en el poder. Pero al mismo tiempo defendía políticas que acercarían Hungría a modelos como el canadiense o el estadounidense. Yo quería ofrecer un análisis más profundo del fenómeno y explicar por qué el gobierno intentaba limitar la influencia de estas corrientes en el país.

–Su discurso puede ser más aceptado en algunos países que en otros. En muchos lugares es políticamente incorrecto. ¿Cómo afronta eso?

–No me preocupa demasiado. Vengo de una familia anticomunista, de fuerte identidad nacional y católica. En Hungría, el debate sigue siendo posible. No estamos en una situación como la de algunos países de Europa occidental, como España o Gran Bretaña, donde ciertas cuestiones no se pueden discutir públicamente.

En Hungría hay debate público. Puedes expresar tu oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo o a determinadas políticas trans sin que el Estado te persiga. El referéndum sobre cuestiones de género mostró que más de dos tercios de los votantes apoyaban la posición del gobierno, especialmente en lo relativo a cuestiones trans, como la cirugía de afirmación de género.

Gergely Szilvay, en la redacción de El Debate

Gergely Szilvay, en la redacción de El DebateMaría Bereijo

–¿Cuál considera que es el principal problema de la teoría de género hoy?

–Desde el punto de vista teórico, el problema es la separación radical entre cuerpo y personalidad, o entre cuerpo y orientación sexual. Me parece un error filosófico y metodológico.

Desde el punto de vista práctico, empiezan a aparecer casos de jóvenes que se arrepienten de haber iniciado procesos de transición médica. Se publican estudios e informes que cuestionan la solidez de la evidencia científica en algunos tratamientos. Creo que este será un debate importante en los próximos años.

–¿Cómo se podría trasladar este debate a países como España, Gran Bretaña o Francia?

–Es difícil. Mi experiencia es que una persona sola es fácilmente silenciada. Pero cuando existe una comunidad de académicos o profesionales que se apoyan mutuamente, es más complicado desacreditarlos.

–¿En qué ámbitos cree que la influencia de la teoría de género es más visible o más perjudicial: educación, legislación o cultura?

–Creo que es especialmente delicado cuando afecta a niños pequeños. Los niños aún no tienen una identidad sexual consolidada. En muchos casos, la disforia infantil desaparece espontáneamente con el tiempo.

Si se interviene prematuramente con tratamientos hormonales o procesos médicos, pueden quedar atrapados en decisiones irreversibles. Desde esa perspectiva, algunas medidas del gobierno húngaro, como regular determinados contenidos dirigidos a menores, buscan proteger a los niños. Los padres pueden decidir qué consumen sus hijos, pero deben estar informados.

–Para terminar, si tuviera que resumir su mensaje central en una sola idea, ¿cuál sería?

–Que la teoría de género implica un replanteamiento radical de la naturaleza humana. Propone una concepción antropológica que, en mi opinión, es errónea. Ese sería el núcleo de mi crítica.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas