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Le educación en la encrucijadaFelipe-José de Vicente

La Selectividad o cómo hacer de la desigualdad criterio

Como la educación en España es una competencia compartida, las PAU son unas pruebas muy descentralizadas que permiten importantes diferencias entre CC.AA

«La temida selectividad», es una expresión recurrente en los medios de comunicación durante las pruebas EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad) o PAU (Prueba de acceso a la Universidad), denominación esta última desde 2017, en ambos casos más conocidas por «selectividad». Pero de temidas, nada. Lo serán subjetivamente para los estudiantes, pero objetivamente son unas pruebas light que superan prácticamente más del 90 % de los que se presentan.

Nada tienen que ver nuestras PAU con otras pruebas similares que se realizan en distintos países europeos. El Bac francés, o la Maduritá italiana (ahora llamada Examen de Estado), por poner unos ejemplos, son pruebas de madurez al final de Bachillerato con grandes diferencias con el modelo español. Por ejemplo, se incluyen exámenes orales. Son pruebas únicas iguales para todos los estudiantes que garantizan la igualdad de todos y la misma dificultad. El Abitur alemán, equivalente a nuestra selectividad, no es una prueba única pues cada Lander tiene competencias al respecto. Es sabido, por ejemplo, que el Abitur en Baviera es más difícil que en Berlín. Aún así, el Abitur es una prueba difícil y con bastante grado de exigencia. Por supuesto el porcentaje de alumnos que lo superan no llega ni de lejos al 90 % español.

Como la educación en España es una competencia compartida, las PAU son unas pruebas muy descentralizadas que permiten importantes diferencias entre CC.AA. Un reciente estudio elaborado por Escuela para Todos sobre las PAU de 2023 y 2025, sobre Lengua Castellana y Literatura, Historia de España y Matemáticas Aplicadas muestran diferencias notables entre CC.AA., sobre todo en las dos primeras.

En las PAU de Lengua Castellana y Literatura de 2023/2025 los bloques de contenido dominantes en los exámenes son Comprensión y Expresión/Comunicación, Conocimiento de la Lengua/Reflexión lingüística y Educación Literaria. La Orden Ministerial que regula las PAU de 2023 asignaba un peso porcentual a cada bloque para determinar la nota: 40 % para el primer bloque y 30 % para cada uno de los otros. A pesar de esto, las CC.AA. establecieron su propio criterio, rompiendo así un elemento equilibrador. Por ejemplo, mientras el bloque Educación Literaria contaba un 25 % en Andalucía, en Castilla La Mancha un 40 %.

El decreto que regula las PAU 2025, no asigna a cada uno de los tres bloques ningún porcentaje, por lo que cada comunidad autónoma ha fijado el peso porcentual que ha querido, dando lugar a mayores disparidades. Por ejemplo, mientras en Cantabria o Murcia el bloque Educación Literaria tiene un peso del 40 %, en Andalucía es de un 25 %. Se trata de tres comunidades del Partido Popular, a pesar de que su presidente anunciaba un acuerdo de las CC.AA. gobernadas por el PP para implantar a partir de junio de 2025 una prueba «común» de acceso a la universidad que proporcione «mayor equidad e igualdad» a los alumnos.

En Historia de España las divergencias son aún más llamativas, porque hay comunidades en donde el currículum se reduce notablemente. Así, mientras en unas el alumno ha de estudiar el currículum completo, en otras se le reduce hasta en un 60 %. Hay 10 comunidades en que el currículum de Historia de España se reduce a solo Historia Contemporánea mientras que en otras se incluye toda la Historia, aunque con distinto peso. Así, mientras en Madrid el 40 % es Historia contemporánea, en Catalunya es el 100 %. El esfuerzo del alumno es muy distinto, ya que no es lo mismo estudiar todo el currículum de Historia de España que sólo la parte de los siglos XIX y XX. Por cierto, que esa disparidad se da también en las CC.AA. del PP. Mientras Madrid exige toda la Historia de España, otras cinco sólo exigen para las PAU la parte de historia contemporánea.

En Matemáticas aplicadas, también hay divergencias, aunque menos significativas y se refieren a los bloques de contenidos que son: Álgebra, Geometría, Análisis y Estadística y Probabilidad. En principio, cada bloque ha de contar un 25 % pero Catalunya se escapa de este criterio y Análisis supera el 25% y Estadística solo cuenta un 15 %. Además, no todas las CC.AA. exigen los cuatro bloques de contenidos. Mientras en seis sólo se evalúa sobre tres bloques, en el resto en todos.

Los datos anteriores se refieren a porcentajes de valoración de las partes que componen una prueba. Pero hay otro criterio más difícil de evaluar: el grado de dificultad de las pruebas. Cualquier docente sabe perfectamente que se pueden poner exámenes más difíciles o más fáciles. Por eso hay exámenes de PAU con mayor o menor dificultad dependiendo de las CC.AA. No existe un criterio homologador sobre esto. Pero cotejando exámenes de una y otra CC.AA. se advierte que una misma prueba, de Física, de Biología, de Geografía… puede ser más difícil en un lugar que en otro.

Junto a la disparidad de las pruebas está también el excesivo peso de la nota media de Bachillerato para determinar la nota final, que es del 60 %. No es ningún secreto que algunos centros (sobre todo privados) tienden a inflar las notas para favorecer a sus alumnos. En 2024, el 23,5 % de los alumnos de la privada y la concertada obtuvieron un sobresaliente en la nota de Bachillerato, frente al 16,3 % de los estudiantes de la pública. Sin embargo, al enfrentarse al examen de la PAU los porcentajes de sobresalientes caen en ambos casos: solo un 7,5 % de los alumnos de la privada y la concertada sacaron un 9 o un 10, frente al 6,2 % de la pública.

Todo ello genera grandes desigualdades porque la prueba tiene validez para todas las universidades españolas. Cuando la igualdad es uno de los grandes reclamos políticos de nuestra sociedad y los partidos no hacen más que aludir a ella, parece que no les importa hacer la vista gorda a una de las mayores desigualdades que tiene España. O bien se va a una prueba común para todo el país, o bien el Estado marca unos criterio más claros y definidos exigiendo a todas las CC.AA. el cumplimiento estricto de estos criterios. Además, parece imprescindible reducir el peso de la nota de Bachillerato en la calificación final, por ejemplo, no más del 40 %.

La selectividad no es ese examen tan «temido», es un proceso lleno de desigualdades e injusto. Ni tan siquiera sirve para homologar las enseñanzas que se imparten en los centros españoles, ya que estos se ajustan no al currículum oficial, si no a lo que «entra» en la selectividad. El profesorado no va a enseñar aquellos bloques de contenidos que no se exijan en la selectividad. Los currículos oficiales se incumplen en la práctica propiciado por quien debería velar por su aplicación. No parece que los gobiernos estén por reconducir las PAU. El intento de homologar los criterios entre las CC.AA. del PP no pasó de un anuncio de telediario y nada más. Así que poco se puede esperar de un nuevo gobierno y las PAU seguirán siendo una selectividad que hace de la desigualdad su criterio evaluador.

  • Felipe-José de Vicente es vicepresidente de la Fundación Episteme
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