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Un niño utilizando un chatbot de IA mientras hace los deberesGetty Images / iStock

La escuela después de la IA: «Ha perdido el monopolio del conocimiento, pero no su importancia»

Para Anibal J. Bogliaccini, psicopedagogo, director de Lab International School y autor de La educación silenciosa, este cambio obliga a plantear una pregunta de fondo, como es la de qué debe proteger y desarrollar la escuela

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida académica de muchos estudiantes. Resume textos, resuelve problemas, redacta trabajos, traduce idiomas, prepara exámenes y explica conceptos en cuestión de segundos. Ante esta realidad, el debate educativo ha dejado de ser únicamente tecnológico. La cuestión ya no es si los alumnos van a usar IA, sino qué sentido tiene seguir enseñando de la misma manera cuando las respuestas están al alcance de todos.

Para Anibal J. Bogliaccini, psicopedagogo, director de Lab International School y autor de La educación silenciosa, este cambio obliga a plantear una pregunta de fondo, como es la de qué debe proteger y desarrollar la escuela en un contexto en el que muchas capacidades que hasta ahora asociábamos exclusivamente a la inteligencia humana pueden ser reproducidas por una máquina: «La escuela ha perdido el monopolio del conocimiento, pero no su importancia. Al contrario. Si una máquina puede responder, resumir o resolver en segundos, la misión educativa ya no puede limitarse a transmitir información. Tiene que centrarse en enseñar a pensar, interpretar, cuestionar y construir criterio propio».

Según el experto, la inteligencia artificial no supone únicamente la llegada de una nueva herramienta al aula, sino un cambio profundo en la relación de los estudiantes con el conocimiento. Hasta hace poco, buena parte del aprendizaje escolar se organizaba alrededor del acceso a la información, la memorización de contenidos y la búsqueda de respuestas correctas. Hoy, sin embargo, esas respuestas pueden obtenerse de forma inmediata. «El reto ya no es que los alumnos sepan repetir una respuesta, sino que entiendan por qué esa respuesta tiene sentido, qué límites tiene, qué sesgos puede contener y cómo se relaciona con su propia forma de interpretar el mundo», apunta Anibal J. Bogliaccini.

El director de Lab International School defiende que la inteligencia artificial no sustituirá el papel del docente, sino que hará más evidente aquello que solo un profesor puede aportar. «La IA puede explicar un concepto de diez maneras distintas, pero no conoce realmente al alumno. No sabe qué le preocupa, qué le bloquea, qué le motiva o qué necesita emocionalmente en un momento determinado. Educar no es solo transmitir información, es acompañar a una persona que aprende», afirma este experto.

En este nuevo escenario, el papel del profesor evoluciona desde la transmisión de contenidos hacia una función más compleja: observar, orientar, hacer buenas preguntas, despertar la curiosidad, acompañar la frustración y ayudar al alumno a construir una mirada propia. «La inteligencia artificial puede amplificar la labor del profesor, pero no puede sustituir la relación educativa. Cuanto más inteligente sea la tecnología, más importante será la mirada humana del docente», añade Anibal J. Bogliaccini.

Uno de los efectos más visibles de la IA en la educación está relacionado con las tareas escolares. Para Anibal J. Bogliaccini, no se trata de que los deberes vayan a desaparecer, sino de que perderán sentido aquellas actividades basadas únicamente en reproducir información o llegar a una respuesta mecánica: «Si una máquina puede resolver un ejercicio en treinta segundos, quizá la pregunta no sea cómo impedir que el alumno la utilice, sino si ese ejercicio sigue teniendo valor educativo».

El psicopedagogo considera que los deberes deberán orientarse cada vez más hacia la reflexión, la argumentación, la investigación, la conexión con experiencias personales, el trabajo por proyectos y la capacidad de explicar el proceso seguido. «El aprendizaje no debería medirse solo por la respuesta final, sino por el camino que lleva hasta ella. En la era de la IA, los deberes tendrán que ser menos repetitivos y más humanos», señala Anibal J. Bogliaccini.