Dolores Vázquez, durante el juicio juicio por el asesinato de Rocío Wanninkhof
Causas pendientes
El precio de las declaraciones falsas: 36 millones de euros para los inocentes que acabaron en prisión
El caso más reciente en el imaginario colectivo es el de Dolores Vázquez que pasó año y medio en prisión por un asesinato, el de la joven Rocío Wanninkhof, que nunca cometió
El ordenamiento jurídico español regula la reparación de los errores judiciales en el artículo 121 de la Constitución: «los daños causados por error judicial, así como los que sean consecuencia del funcionamiento anormal de la Administración de Justicia, darán derecho a una indemnización a cargo del Estado, conforme a la ley». De tal manera, aunque se trata de una anomalía, la ley establece un procedimiento específico para que los ciudadanos inocentes, que han sufrido daños y perjuicios tras se condenados injustamente, puedan reclamar su derecho a recibir una reparación, también económica, adecuada.
Los datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) tan sólo reconocen dos decena de posibles errores judiciales, en los últimos años, que han supuesto un alto coste para la sociedad española. No sólo en términos del daño causado a los inocentes condenados por un delito que nunca cometieron sino por el importe de las indemnizaciones que ha tenido que asumir el Estado para compensar a quienes han llegado a ingresar en prisión sabiendo que las condenas que pesaban sobre ellos eran una equivocación.
El informe anual 'La Justicia, dato a dato' recoge un total de cero errores en 2020, dos errores judiciales en 2019, uno en 2018, seis en 2017 y uno en 2016. Que distan mucho de los más de cien casos de víctimas de errores judiciales que se dieron en los primeros diez años del siglo XXI. Aunque, hasta la fecha, tan sólo el 5 % de los casos recibe algún tipo de pago económico. Lo cierto es que desde el año 2000 hasta hoy, en España los fallos judiciales han ascendido a un total de 36 millones de euros en concepto de indemnización por la responsabilidad patrimonial del Estado por el funcionamiento anormal de la Justicia.
Rafael Ricardi
Rafael Ricardi
Más de un millón de euros recibió Rafael Ricardi, la compensación más elevada por un error judicial en la historia de España, tras pasar 13 años en la cárcel condenado por una violación que no cometió. Al gaditano, toxicómano y sintecho, la policía le detuvo en agosto de 1995, durmiendo bajo un puente, tras ser identificado por una joven de 18 años como el violador que la había agredido pese a que él siempre negó la acusación; y, aunque tras su encierro no cesaron las violaciones que se estaban produciendo en la zona.
En su caso, se dieron una serie de fatales errores que llevaron a la Audiencia Provincial a condenarle a una pena de 18 años de prisión. Un informe del Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla sobre unas muestras de semen la víctima identificó algunos genes de Ricardi. Años más tarde. una revisión técnica del mismo concluyó que los restos analizados no correspondían al acusado pero el tribunal no revisó la pena porque dio mayor validez al testimonio de la víctima que a las evidencias científicas.
No sería hasta 2007 cuando se detuvo a uno de los dos auténticos autores de aquellos delitos por los que Ricardi, por casualidad y, tras extraerle el ADN, coincidió con el localizado en hasta cuatro violaciones, una de las cuales había acabado con Ricardi entre rejas. El segundo de ellos fue localizado poco después.
La Asociación Proderechos Humanos de Andalucía asumió, entonces, la defensa de Ricardi quien salió en libertad en 2008. En 2010 se le indemnizó con medio millón de euros de compensación, que se sumaron a la escasa ayuda de 421 euros al mes con la que vivió hasta entonces. La Audiencia Nacional duplicó su indemnización hasta alcanzar el millón.
Dolores Vázquez
Dolores Vázquez
Dolores Vázquez pasó 519 días encarcelada tras el asesinato, la tarde del 9 de octubre de 1999, de la joven de 19 años Rocío Wanninkhof, en Mijas. Apenas 24 horas después, su madre, Alicia Hornos, la mejor amiga de Vázquez, encontraba las pertenencias de la joven. El día 2 de noviembre encontraron el cadáver. Por su cercanía a la familia, se convirtió en la sospechosa principal de un crimen que, en realidad, y como se descubrió años más tarde, era Tony Alexander King. King, fue detenido el 21 de agosto de 2003 por el ADN encontrado en las uñas de otra de sus víctimas, Sonia Carabantes, que era idéntico al localizado en una colilla encontrada en la zona donde había asesinado a Rocío.
Un jurado popular dictaminó que Vázquez era culpable y la Audiencia Provincial de Málaga la condenó a 15 años y un día de prisión y a indemnizar a la familia de Rocío con 18 millones de pesetas.
Además de víctima de la Justicia, Dolores lo fue de la presión mediática y de la opinión pública que la dibujó como una persona fría y calculadora. Hasta la fecha, nadie le ha pedido perdón, tan sólo uno de los miembros del jurado popular que la declaró culpable; y, el Tribunal Supremo le denegó la indemnización por importe de 4 millones de euros que solicitó tras descubrirse la verdad y como compensación por haber sido injustamente encarcelada.
Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib
Ahmed Tommouhi, izquierda y A. García Carbonell, derecha
En el caso de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib el Tribunal Supremo reconoció el error cometido por la Justicia tras condenarles por una agresión sexual de la que no eran culpables. El ADN y el concienzudo trabajo de la Guardia Civil fueron determinantes para exculpar a Tommouhi quien, sin embargo, fue condenado en otro caso de violación pese a que los restos de semen también lo absolvían. Uno de ellos, Mounib, murió en su celda, en abril de 2000, con 47 años, tres después de su detención y sin que su viuda haya recibido ninguna indemnización. El otro Tommouhi nunca ha querido regresar a su país, tras cumplir su condena íntegra: 15 años.
Las víctimas que, en los noventa, señalaron a Tommouhi, como el responsable de más de una quincena de violaciones perpetradas en Cataluña, confundieron su rostro, que guardaba un gran parecido físico, con el del violador confeso, y condenado, Antonio García Carbonell; y, la de Mounib con la de un familiar de García Carbonell que actuaba como cómplice pero nunca ha sido ni identificado, ni detenido, aunque se conoce de su existencia por varios restos de ADN.
Los dos marroquíes fueron detenidos en otoño de 1991: Tommouhi fue arrestado el 11 de noviembre en una pensión de Terrassa, y fue esposado delante de las víctimas antes de la rueda de reconocimiento. Mounib cayó el 13 del mismo mes en Barcelona. Permanecieron privados de libertad durante cuatro años, el tiempo durante el que se prolongaron los juicios, basados en los testimonios de unas víctimas condicionadas. Aunque no se conocían previamente, ambos fueron sentenciados como responsables solidarios de los delitos, en enero de 1995.
José Antonio Valdivieso
José Antonio Valdivieso
El caso de José Antonio Valdivieso es uno de los errores judiciales que más conmocionaron a la opinión pública españoles por las circunstancias que rodearon al caso. Pese a que el Supremo aceptó la revisión de la condena impuesta a Valdivieso, el joven mecánico mostoleño, sin antecedentes, que cumplió nueve años de cárcel, de los 13 a los que fue condenado por dos atracos con violencia en los que nunca participó, con él no se ha hecho Justicia.
Tan sólo ciento cuarenta y tres euros por cada uno de los tres mil doscientos sesenta y cuatro días que estuvo privado de libertad sin razón. Es decir, una indemnización de 466.616 euros que nada tienen que ver con el más de un millón de euros que él solicitó. No sólo por el tiempo y los ingresos perdidos sino por las graves secuelas sufridas tanto emocional como psicológicamente que le llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones en prisión.
Interior jamás ha depurado responsabilidades por el informe de la Policía Científica que sirvió como prueba de cargo esencial para privarle de libertad y en el que, en contra de toda prueba sólida le señaló como uno de los tres atracadores que fueron grabados por una de las cámaras de seguridad de un cajero bancario mientras asaltaban a una de las víctimas a punta de navaja.
Valdivieso estaba durmiendo en su casa en el momento de cometerse los hechos y aún así, fue identificado en una rueda de reconocimiento por las dos personas atracadas, uno de los cuales estuvo resultó muy gravemente herido por arma blanca, por separado, y en una coincidencia atroz que acabó con sus huesos en la cárcel.