04 de octubre de 2022

Pedro Sánchez este lunes junto al primer ministro belga

Pedro Sánchez este lunes junto al primer ministro belgaFernando Calvo

La polémica, también dentro

El PSOE paga el coste de su mayor incoherencia desde que apoyó la entrada en la OTAN

El partido desmiente haber cambiado de postura respecto a la excolonia española en un argumentario que cae por su propio peso. Sánchez visitará el miércoles Ceuta y Melilla

«Con su decisión de traicionar al pueblo saharaui, el presidente ha comprometido algo muy valioso en política: su palabra. ¿Quién creerá ahora al PSOE cuando hablan del Derecho internacional, de autócratas y del derecho a defenderse de los pueblos oprimidos? ¿PSOE de izquierdas?». Pablo Iglesias sabía que daba a Pedro Sánchez y a los socialistas donde más dolía cuando este lunes cuestionó en Twitter su credibilidad y coherencia.
La jugada de Sánchez de aceptar el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental ha provocado mucho ruido interno, con la corriente Izquierda Socialista pidiendo la inmediata convocatoria de un Comité Federal para debatir lo que Sánchez ha hecho a espaldas de su partido, de su socio de Gobierno, del PP y del Congreso.
Hace solo cinco meses que el PSOE aprobó en su 40 Congreso Federal una resolución en la que reiteraba su postura de las últimas décadas. Ésta: «Desde el PSOE seguiremos defendiendo todos los esfuerzos para encontrar una solución entre las partes en el marco de las negociaciones dirigidas por la ONU, las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y los principios de la Carta de Naciones Unidas. En el PSOE estamos comprometidos con una solución política que respete la legalidad internacional».
Los socialistas llevan desde el viernes intentando cabalgar la contradicción sin demasiado éxito, puesto que la causa saharaui es especialmente sensible para el electorado de izquierdas. El partido no había protagonizado un giro de tal magnitud desde que Felipe González apostó por la entrada de España en la OTAN después de haberse manifestado en contra antes de llegar al Gobierno.
En un intento de aplicar un torniquete a la hemorragia de credibilidad, Ferraz distribuyó este lunes un argumentario en el que afirma en letras rojas: «No ha habido un cambio de posición en relación con el Sáhara». Y continúa: «La postura de España está en el marco de Naciones Unidas y de las resoluciones del Consejo de Seguridad, como la más reciente de ellas, 2602, para encontrar una solución mutuamente aceptable al conflicto».
También insiste en que 2008, 2012 y 2015, España ya saludó «los esfuerzos serios y creíbles de Marruecos», como si eso fuese lo mismo. Es más. En ninguna de esas Reuniones de Alto Nivel España-Marruecos, los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy bendijeron los planes de Mohamed VI, sino que simplemente apoyaron el diálogo.
En el documento, los socialistas insisten en que esto no es una cesión, sino unas «nuevas relaciones sólidas y estables». Que permitirán, según ellos, «reforzar la seguridad de las fronteras de Ceuta y Melilla y las marítimas de Canarias, asegurar el control de los flujos migratorios y la lucha contra la trata de personas y garantizar la cooperación en materia antiterrorista». Cuando no hay un solo papel firmado por parte de ambos gobiernos, o al menos no ha trascendido, ni nadie ha hablado de ello.
El portavoz del PSOE, Felipe Sicilia, el lunes en Ferraz

El portavoz del PSOE, Felipe Sicilia, en FerrazEva Ercolanese

El argumentario fue recitado como un padrenuestro por los ministros y dirigentes del PSOE que se pusieron ante un micrófono. Entre ellos, el portavoz del partido, Felipe Sicilia, que fue más lejos y señaló que la política exterior la fija el presidente del Gobierno, él y solo él. Cuando hasta ahora ha existido un pacto no escrito entre el PSOE y el PP para que la política exterior sea una política de Estado.
De hecho, el presidente ha delegado en su ministro de Asuntos Exteriores las explicaciones en sede parlamentaria que en los últimos días le han exigido tanto sus socios como la oposición. Este martes hay sesión de control al Gobierno en el Senado y el presidente faltará. De convocar un pleno monográfico en el Congreso no quiere ni oír hablar. La Moncloa pretende zanjar el asunto en la Comisión de Asuntos Exteriores.
Lo que sí hará Sánchez es visitar Ceuta y Melilla este miércoles, para mostrar que su decisión es compartida y aplaudida por los presidentes de ambas ciudades autónomas. El de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas, tildó el acuerdo de «importante para la tranquilidad de los ceutíes, para la prosperidad económica de Ceuta y para la seguridad de Ceuta». También la Comisión Europea saludó el giro de España, pero no así la ONU, que lleva décadas intentando un referéndum de autodeterminación a día de hoy imposible.
La inmigración ilegal es una de las claves de este giro de guion por parte del presidente, ejecutado con precipitación el viernes por la tarde. Como desveló El Debate, los servicios de Inteligencia españoles habían alertado a La Moncloa de que Mohamed VI podía estar tramando una nueva avalancha humana similar a la que desencadenó entre los días 17 y 18 de mayo de 2021 en la frontera ceutí del Tarajal, cuando empujó a entre 7.000 y 9.500 migrantes ilegales. Muchos de ellos, menores no acompañados.
Marruecos siempre ha abierto y cerrado el grifo migratorio a su antojo, y la presión a España se había vuelto mayor desde que en diciembre de 2020 Estados Unidos reconoció la soberanía del reino alauita sobre el Sáhara, convirtiéndose en el primer país occidental en hacerlo. Con esa explicación han de conformarse los socialistas, pero no así Unidas Podemos ni mucho menos Argelia.
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