04 de octubre de 2022

Margarita Robles, junto a la directora del CNI cesada y la nueva

Margarita Robles, junto a la directora del CNI cesada y la nuevaEFE

Por decisión propia

Paz Esteban abandona el CNI pese a que la ministra aseguró que seguiría allí tras su cese

La exdirectora del CNI ha optado por poner punto y final a su carrera de cuatro décadas en la casa después de que Sánchez ordenara su relevo para complacer al independentismo

La exdirectora del CNI, Paz Esteban, ha decidido prejubilarse a los 64 años después de ver cómo el presidente del Gobierno ordenaba su destitución para zanjar la crisis de Pegasus con el independentismo.
Para ello, Pedro Sánchez y su ministra de Defensa, Margarita Robles, utilizaron la coartada del «fallo de seguridad» por el espionaje al teléfono del presidente; aunque ni siquiera era responsabilidad de Esteban, sino de la Secretaría General de Presidencia que entonces –mayo y junio de 2021– dirigía el ahora ministro Félix Bolaños.
Según ha podido saber El Debate de fuentes de la Inteligencia española, Esteban no ha querido seguir en la casa en la que ha prestado servicio como funcionaria casi 40 años. Ingresó en el entonces CESID en 1983, a las órdenes del general Emilio Alonso Manglano.
Cuando la ministra de Defensa compareció el 10 de mayo para explicar lo que ella llamó «no una destitución, sino una sustitución de una funcionaria del centro por otra», Margarita Robles aseguró que Esteban iba a seguir trabajando en el CNI. Al servicio de su sucesora, Esperanza Casteleiro, hasta entonces secretaria de Estado de Defensa.
Sin embargo, Esteban ha decidido finalmente no aceptar su degradación en el escalafón del CNI y ha optado por poner fin aquí a su carrera profesional de cuatro décadas en el espionaje. Desde abajo hasta la cima. En 2010 se convirtió en jefa del Gabinete Técnico del entonces director, Félix Sanz Roldán; en 2017 fue nombrada secretaria general de la casa (la segunda de a bordo); y, en 2019, directora.
Desde el momento en que supo que su caída estaba decidida, Esteban aguantó la cruz de Sánchez en silencio. Sin decir una palabra, con la discreción a que obliga un cargo como el que ella venía desempeñando. A pesar de que, desde la casa, los agentes hacían constar su malestar de forma anónima por el trato hacia el CNI y hacia su directora, muy respetada.
Como desveló El Debate, la primera orden política recibida por su sucesora fue suspender las escuchas y la vigilancia al independentismo catalán y vasco, que ya ha cumplido a rajatabla.
El 12 de mayo, Esteban asistió a la toma de posesión de Casteleiro, en primera fila. Allí se produjo una anécdota que resume el comportamiento de Esteban en estos meses. Terminado el acto, la ministra Robles quiso que posara ante las cámaras con ellas dos y, también, con la nueva secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, y la nueva subsecretaria, Adoración Mateos. Pero Esteban no creyó conveniente estar en esa primera foto. Después, cuando se incorporaron para las siguientes fotos los generales de las Fuerzas Armadas, ya sí.
Entretanto, la causa abierta en la Audiencia Nacional por el hackeo de los teléfonos de Sánchez, Robles y también de Fernando Grande-Marlaska, que fue el argumento oficial para cesar a Esteban, continúa adelante.
El 5 de julio, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, declarará como testigo ante el juez instructor, José Luis Calama. Bolaños ha pedido hacerlo por escrito, aunque Calama prefiere que sea por videoconferencia por agilizar. En cualquier caso, las posibilidades de determinar quién efectuó los pinchazos y qué información se llevaron del terminal del presidente (más de 2,6 gigas) son muy pequeñas.
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