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30 de mayo de 2024

Sabin Etxea, sede del PNV, anoche en Bilbao

Sabin Etxea, sede del PNV, en Bilbao, con el bar todavía repleto pasada la media nochePablo Ojer

La noche nacionalista en la que el triunfo fue de la española tortilla de patatas

El Debate vivió la noche electoral en las sedes bilbaínas de los independentistas vascos

Más allá de la disputa entre Bildu y el PNV, una de las conclusiones más claras que se obtienen de la noche electoral de este 21 de abril es que el nacionalismo salió reforzado en el País Vasco. Cincuenta y cuatro de los setenta y cinco parlamentarios vascos pertenecen a formaciones, PNV y Bildu, que no se consideran españoles ni creen en la Constitución Española.
Pero si nos atenemos a lo que se vivió en las sedes donde las dos fuerzas independentistas en la frenética noche electoral, ese independentismo es de boca pequeña porque, sin duda alguna, la que de verdad venció por mayoría absoluta fue la españolísima tortilla de patatas que tanto Bildu como el PNV ofrecieron a sus simpatizantes y también a los periodistas.
En las horas de espera para comprobar por qué lado se decantaba ese último escaño en disputa, los dos partidos ofrecieron un pequeño ágape a los asistentes. Y sí, incluso en este aspecto se nota la diferencia entre Bildu y el PNV.
Los de Otegi fueron los primeros en sacar pequeños bocadillos de jamón y de tortilla de patatas remojados con cerveza de la mayor productora española de este líquido. Minutos más tarde, fueron los del PNV quienes ofrecieron un catering de similares características pero más 'pijo', rebanadas de pan de chapata y pan integral con un condimento más elaborado, vegetales, algo de embutido y, también, tortilla de patatas.
Quizá fuera una forma de promocionar la afamada patata alavesa, provincia donde realmente se disputó la batalla entre PNV y Bildu. O quizá fuera por influencia de la enorme bandera española que preside la Comandancia de la Marina de Bilbao que se encontraba en el centro exacto que separaba la sede del PNV, Sabin Etxea, y el Mercado del Ensanche que había reservado Bildu para celebrar la noche electoral.
En primer plano la Comandancia de la Marina. Al fondo, Sabin Etxea

En primer plano la Comandancia de la Marina con la bandera española. Al fondo, Sabin Etxea con la ikurriñaPablo Ojer

Porque sí, ambas formaciones celebraron como si hubieran ganado las elecciones. El PNV porque fue el partido que más votos obtuvo, a pesar del descenso del apoyo ciudadano, y, sobre todo, porque la suma de sus escaños y los de los socialistas dan para renovar la mayoría absoluta en el Parlamento Vasco. Y Bildu porque a punto estuvo de dar el sorpasso, porque recuperó el voto en su búnker, Guipúzcoa y porque, si nada lo remedia, en las elecciones de 2028 serán los claros favoritos.
Y, además de su independentismo y de su sensación de triunfo, hubo un tercer elemento que unió la fiesta de las dos fuerzas políticas, la canción de 'Sarri, Sarri', dedicada al etarra Joseba Sarrionaindia que, en el año 1985, se escapó de la cárcel escondido en los bafles de un concierto. Esa canción se escuchó en las dos sedes y esa canción fue bailada.
David Pla, el último jefe de ETA, llega al lugar donde se reúnen los de Bildu.

David Pla, el último jefe de ETA, llega al lugar donde se reúnen los de Bildu.Pablo Ojer

Eso sí, este periódico no puede confirmar que la canción de Kortatu fuera bailada por los líderes de los dos partidos. Pero sí puede confirmar que ambos acudieron a mostrar su apoyo a los candidatos en la tensa espera del recuento. Ortuzar fue el primero en llegar a Sabin Etxea, sonriente, esperanzado, aunque sin «echar las campana al vuelo», según aseguró en la entrada. Pocos minutos más tarde, llegó el número 2 de Sortu al Mercado del Ensanche, el terrorista David Pla. Y este casi seguro que bailó la canción de 'Sarri, Sarri'. Al fin y al cabo Sarrionaindia fue un «colega» de crímenes.
La noche electoral se extendió más allá del recuento de los votos. Una vez conocido el resultado final en el que los dos se sintieron ganadores, la fiesta continuó hasta las 12 de la noche en el caso de Bildu y algo más allá en Sabin Etxea, al fin y al cabo, el bar donde se celebró la fiesta era el suyo propio, no tenía hora de cierre.
Pero, en cualquier caso, para esa hora, ni en la reunión de Bildu ni en la del PNV quedaba ya ni rastro de los bocadillos de tortilla de patatas. Lo español triunfó.
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