Ilustración de María Jesús Montero
El perfil
Marisú, con las manos y tres cargos en la unidad de quemados
Ahora va arrastrando los pies a Andalucía. Sabe que su próximo cargo dentro de año y medio será el de jefa de la oposición en el Parlamento regional o/y aspirante a cocinera haciendo tortillas en Masterchef, como su otrora amiga Susana Díaz
Sin rivales. Ella sola. Se basta y se sobra, María Jesús Montero Cuadrado (Sevilla, 59 años) para hundir al PSOE andaluz hasta el fondo del Guadalquivir, muy cerquita de donde nació. Nadie se ha presentado para disputarle las primarias así que ya es oficialmente la candidata a las elecciones andaluzas que, salvo que las adelante Juanma Moreno, serán a mediados del año que viene. Sánchez le había preparado un comité federal el 5 de julio en la capital hispalense para entronizarla como aspirante a la Junta de Andalucía. Pero eso fue antes de que el amigo de Montero, Santos Cerdán, fuera señalado en un demoledor informe de la UCO por presuntas mordidas en adjudicaciones de contratos públicos.
Así que ya no será en Sevilla la «fiesta» y tampoco a mayor gloria de la vicepresidenta primera del Gobierno; Cerdán será el protagonista ausente y ella una más de las avergonzadas por la corrupción que anega el despacho aledaño al suyo como vicesecretaria del PSOE. Montero no aparece en el informe de la Guardia Civil, pero ha trabajado con el investigado codo con codo: ella número dos y el número tres. Por él puso la mano en el fuego, como lo hizo por tantos que luego vio caer.
Marisú, como la conocen familiarmente, calló durante cuatro días, los que pasaron desde que se hizo pública la bomba de relojería contra el exsecretario de Organización hasta el fin de semana siguiente. Porque la vicepresidenta vive en un mundo paralelo que oculta, detrás de su chatarra verbal y sus ataques a diarios independientes como este, que tiene a su jefe de gabinete investigado, a su número tres dimitido, ambos por presuntamente cobrar mordidas a empresarios a cambio de anularles sanciones de Hacienda, y hace pocas horas se ha sabido que otro miembro de su equipo, expresidente de la SEPI y el que fuera su exinterventor general en la Junta de Andalucía cuando fue consejera de Hacienda, fue contratado también por la empresa navarra de Cerdán. Lo de Montero eligiendo cargos es un pleno al quince.
Lo mejor ha sido escuchar a la jefa de la Agencia Tributaria esta semana en el Congreso vociferar para defender a José Antonio Marco Sanjuán, presidente del Tribunal Económico Administrativo Central, de facto su número tres, solo horas antes de que se conociera que la Fiscalía Anticorrupción lo investiga por cohecho, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de caudales públicos y actividades prohibidas a funcionarios. En eso nunca falla la, en ausencia de Sánchez, presidenta en funciones del Gobierno. Cómo olvidar el día que amenazó con su dedo y su gesto desmedido a Feijóo con que iban a salir cosas de su mujer, información que tuvo que desmentir el periódico que la publicó y por la que ella jamás ha pedido perdón.
La socialista sevillana siempre pone la mano en el fuego por lo mejor de la (su) casa: desde su jefe de gabinete, a su número tres, pasando por Ábalos y por Cerdán. Por todos quema su ya achicharrada credibilidad y luego con decir que se siente traicionada lo arregla. Su última aportación a la ejemplaridad del PSOE ha sido decir, en la inauguración del Congreso de Comisiones Obreras adonde le mandó Sánchez, escondido en su búnker, que pedir perdón «no es suficiente». A lo mejor el camino es el de activar la iniciativa legislativa para abolir la prostitución: una impostura a medio camino entre el delirio y la hipocresía. María Jesús lo sabe bien que da muchos saltitos todos los 8-M junto a Begoña Gómez.
Todo ello con mucha gesticulación y verborrea, como es costumbre en María Jesús, la más histriónica y disparatada de las colaboradoras de Sánchez: la que más sobreactúa cuando hay que aclamar al jefe si se toma cinco días retribuidos de reflexión, la que más bulos propaga contra la oposición, la que está dispuesta a desvelar datos protegibles de un ciudadano particular, como el novio de Ayuso, la que defiende con más ahínco la amnistía y el pacto fiscal y la que aplaude que el Constitucional haya borrado los delitos de Chaves y Griñán, condenados por su pasividad ante el robo del dinero a los desempleados andaluces.
Marisú es una trianera hija de profesores, y a su exmarido, el abogado de CC.OO., Rafael Ibáñez Reche, lo conoció en la Universidad, cuando este militaba en las juventudes comunistas y ella en las juventudes cristianas andaluzas. Tuvieron dos hijas. Acumula tantos deslices dialécticos que con ese bagaje era imposible que no cautivara al presidente para depositar en ella todo el peso del Gobierno y del partido, hasta convertirla en la dirigente que atesora más poder desde Alfonso Guerra. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla, nadie ha podido explicar por qué terminó de consejera de Hacienda en Andalucía nombrada por Susana Díaz, a la que luego traicionó por Pedro. Salvo unos pocos años en los que fue gestora sanitaria de dos hospitales andaluces, toda su carrera ha sido política. Ha vivido y vive de las arcas públicas y en gran parte de su trayectoria ha sido responsable de gestionarlas. El zorro cuidando las gallinas.
En nombre de la igualdad de todos acaba de dar los primeros pasos para romper la caja única y abrir la puerta a una Hacienda catalana, extremo que tendrá que explicar muy bien a los andaluces a los que quiere gobernar. Chiqui -como se dirige a algunos periodistas- fue premiada por Sánchez por subir los impuestos a todos los andaluces, nombrándola ministra de Hacienda en 2018 para que hundiera también las cuentas nacionales, una vez llevadas a la bancarrota las de Andalucía.
Cuando su jefe se retiró cinco días fue de las más activas en pedir que se quedara. Hay socialistas que cuentan que Sánchez la obligó a hincarse de rodillas en favor de Begoña porque esta denunció que los compañeros del metal de su marido no la habían defendido suficientemente en su proceso penal. Ahora va arrastrando los pies a Andalucía. Sabe que su próximo cargo dentro de año y medio será el de jefa de la oposición en el Parlamento regional o/y aspirante a cocinera haciendo tortillas en Masterchef, como su otrora amiga Susana Díaz. O participar en el club de la comedia: como cuando hace unas horas dio la bienvenida a los asistentes al congreso de CC.OO. y lo hizo en las lenguas cooficiales. Escuchar cómo dio los buenos días en gallego, catalán y vasco es una fuente de hilaridad inagotable. Como su intento este fin de semana de «pasar página» mientras recibía una masiva pitada durante la inauguración de las obras del Metro sevillano.
La unidad de quemados no da abasto con esta pretenciosa Juana de Arco que va a terminar como las brujas de Zugarramurdi. Porque esto no ha terminado. Y con la timonel Montero gobernando la nave del PSOE andaluz acabarán todos igualito que el barco del arroz.