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El prófugo Puigdemont, en horas bajas, intenta atacar al CNI para alentar a sus basesKindelán

Centro Nacional de Inteligencia  Un independentismo en horas bajas intenta reavivar a toda costa la teoría de la conspiración contra el CNI

La visita de los Reyes a la Abadía de Montserrat este lunes dejó en evidencia las horas bajas de un separatismo que pinchó estrepitosamente en su intento de boicot. Mientras Felipe VI clamaba contra «los discursos totalitarios, los extremismos y las pretensiones de superioridad moral», apenas unas decenas de independentistas hacían denodados esfuerzos por llamar la atención ante la indiferencia general. La imagen refleja el estado general de un independentismo en horas bajas y con apenas capacidad de movilización.

En una situación similar se encuentra el prófugo Carles Puigdemont, arrumbado en su refugio de Waterloo mientras languidece su liderazgo en Junts. Con el objetivo de tratar de insuflar aliento en sus bases, Puigdemont fía su estrategia de supervivencia a alimentar a sus simpatizantes con teorías conspiranoicas y desinformación. La comisión de investigación en el Congreso sobre los atentados yihadistas del 17-A se ha convertido en un caldo de cultivo ideal para mantener la tensión de sus fieles. Lo de menos es que la comisión haya demostrado de forma fehaciente que no hubo ninguna participación en los atentados ni del Estado, en general, ni del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), en particular; lo importante para el separatismo es dejar abiertas sombras de sospecha que puedan dañar la credibilidad de las instituciones.

Puigdemont, a la espera de un espaldarazo de Cándido Conde-Pumpido desde el Tribunal Constitucional, vio como la comisión del Congreso se le volvía en contra por la contundencia y solidez de los testimonios, desde el exdirector del CNI Félix Sanz Roldán hasta el Mayor de los Mossos José Luis Trapero. Sin embargo, el prófugo recibió un inesperado balón de oxígeno después de que el periódico Abc publicase que el CNI pagaba 500 euros al mes al imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, como confidente antes de los atentados del 17-A. Según dicha información Es Satty, considerado cerebro de los atentados, era confidente del CNI en el momento de los ataques. Esta información, que parte de una fuente contaminada, choca frontalmente con la clara declaración de Sanz Roldán en sede parlamentaria: «nunca fue ni colaborador ni informador» del Centro.

Al independentismo le faltó tiempo para intentar reavivar sus ataques contra el CNI, forzando la comparecencia del actual secretario general del CNI, Luis García Terán, que ejercía como jefe de la División de Contraterrorismo de Gerona cuando tuvieron lugar los ataques. Era desde esa oficina desde donde, según la citada información, se libraban los supuestos pagos. La comisión también acordó solicitar los informes de la División de Contraterrorismo de Gerona relacionados con Es Satty durante su estancia en Ripoll.

Las comparecencias en este órgano las inauguró el pasado mes de noviembre el exdirector del CNI Félix Sanz Roldán, quien señaló que Es Satty «nunca fue ni colaborador ni informador» del espionaje español y negó que los servicios de inteligencia pudieran haber evitado esos ataques pero no lo hicieran.

Sí admitió que el CNI visitó al imán en la cárcel de Castellón en 2014, donde estaba ingresado por tráfico de drogas, dentro de sus labores de prevención de actuaciones yihadistas, pero rechazó dar más detalles alegando que esa información estaba clasificada.

El Consejo de Ministros desclasificó los documentos sobre Es Satty a finales de diciembre y en la documentación que mandó al Congreso, se incluyeron varios informes que constatan la desconfianza de los agentes que le trataron. Al no concederles «ninguna fiabilidad», acabaron descartándole como eventual colaborador.