Fundado en 1910
Entrevista a Cándido Méndez, exsecretario general de UGT

Entrevista a Cándido Méndez, exsecretario general de UGT

Entrevista | Exsecretario general de UGT

Cándido Méndez: «Soy partidario de que se convoquen elecciones y paralizar la mal llamada financiación singular»

  • «No hay casi nadie fuera de la fachoesfera. Todos somos fachosféricos»

Cándido Méndez ejerció durante veintidós años de secretario general de la UGT, sustituyendo a quien consideraba su maestro, Nicolás Redondo. Observador de la realidad desde su atalaya de jubilado, dedica su tiempo a sus nietos, a los libros, y a analizar los retos de la lucha sindical y la actualidad política, como ya hizo en su libro Por una nueva conciencia social (Ediciones Deusto). En un tono distendido, incluso jovial, atiende a El Debate sin dejar ninguna crítica por hacer a la dirección de su Partido Socialista, al que pertenece desde hace cincuenta y cinco años, y le une una «dimensión más sentimental que inspirada por la razón», porque continúa teniendo el rostro de su padre.

–Cuenta que su padre fue uno de los artífices de la reconstrucción del PSOE al conectar a Felipe González y Alfonso Guerra en Jaén, allá por 1972. ¿Cómo sucedió?

–El origen son varias cartas, pero hay una que tenía como destinatario a un gran amigo de mi padre en Francia, un viejo militante socialista. Aquella carta le sirvió a Alfonso Guerra de salvoconducto, entre comillas, para presentarse ante mi padre, que tuvo al principio cierta reserva, porque la carta podía haber sido interceptada por la Policía, pero la verdad es que la desconfianza se disolvió en muy pocos minutos, y así fue como contactaron.

–Su padre apostó por Felipe González para liderar el Partido Socialista en la clandestinidad.

–Mi padre apostó decididamente por la dirección en el interior de España y la renovación del partido por un grupo en el que estaban Felipe González, Alfonso Guerra, Nicolás Redondo, Enrique Múgica. Y llegó a una conclusión acertada: al igual que el régimen no conocía a la España que aplastaba, tampoco el exilio conocía a la España real. Él tenía la gran esperanza de que perteneceríamos a Europa y pensaba que la representaría muchísimo mejor un Partido Socialista encabezado por aquellos dirigentes jóvenes.

–Usted también asistió a un mitin con González y Guerra en Jaén, en 1977, y luego realizó varios por distintos pueblos de la provincia que enviaron una carta al Comité del PSOE diciendo: «La próxima vez enviadnos a dos socialistas...».

–A principios del año tuvimos un mitin al aire libre de presentación del partido en Jaén, en el que no estaba previsto que interviniera. No era el secretario general de ninguna de las organizaciones, pero al secretario de Juventudes le atacó el miedo escénico y me vi en la obligación forzada a intervenir. Tengo un recuerdo imborrable mezcla de pánico y satisfacción. Nunca me había enfrentado a tener que transmitir mis ideas a miles de personas. Posteriormente, en un acto el 1 de mayo, fuimos a un pequeño pueblo, y llevábamos barba y el pelo un poco largo, y un dirigente ejemplar mandó una carta al Comité Provincial diciendo: «El acto ha salido muy bien, pero la próxima vez mandadnos a dos socialistas y no dos hipes». Escribió hipes en vez de hippies –recuerda riéndose–.

Cándido Méndez durante la entrevista

Cándido Méndez durante la entrevistaThorun Piñeiro

–¿Sigue afiliado al PSOE?

–Sí, llevo prácticamente 55 años, al igual que en UGT, desde los 18 años. De la agrupación local de Jaén soy el afiliado más veterano por el único mérito de estar vivo.

–¿Nunca se ha planteado dejarlo?

–Nunca. Mi ligazón con el Partido Socialista y con la Unión General de Trabajadores tiene cierta dosis de razón, pero mucho más de sentimiento. Es un gesto de identidad con mi padre y con mi familia. Ni tampoco me he planteado votar a otro partido. Por una razón sencilla, porque ya ha habido más de una vez que he votado a pesar de los dirigentes. Mi voto está ligado a la historia y no a la coyuntura.

–Felipe González ha anunciado que no votará al PSOE si Pedro Sánchez es candidato y continúa con la autoamnistía, «que es una vergüenza para cualquier demócrata o militante del PSOE».

–En relación con la posición de Felipe González, ya he expresado la mía. Apoyé a Pedro Sánchez cuando estaba en minoría. De hecho, en el libro de la Resistencia me dedica una página. Ahora estoy de nuevo en minoría en relación con Pedro Sánchez. Y quisiera hacer una segmentación: considero positiva la Legislatura 2019-2023 en el ámbito sociolaboral, porque objetivos que eran reivindicaciones se han hecho realidad, como la subida del salario mínimo, la incorporación del ingreso mínimo vital, o una reforma laboral que ha reducido la temporalidad, que no la precariedad, mediante el diálogo social. Sin embargo, estoy en abierta discrepancia con esta legislatura. Era claramente negativo, después de haber perdido las elecciones, porque se perdieron las elecciones, hacer una componenda con Junts, que es un partido de extrema derecha y xenófobo, para alcanzar el Gobierno.

–También Alfonso Guerra es muy crítico y ha mencionado que hay que elegir entre proteger a Pedro Sánchez o al PSOE, que las dos cosas son incompatibles.

–En su día dije que Pedro Sánchez debía de renunciar a ser secretario general del partido. Todo lo que diga son por razones políticas. El Partido Socialista no puede estar supeditado, abducido, por una serie de partidos y particularmente por uno que está imponiendo dos condiciones con las que estoy en radical desacuerdo: la amnistía y la mal llamada financiación singular.

Mi posición es que hay que convocar elecciones. Si el partido considera que tiene que ser el candidato Pedro Sánchez, que lo sea. Pero creo que esta situación no se puede mantener, porque mi convencimiento es que irá en un deterioro creciente. Y cuanto más se aleje en el tiempo la celebración de elecciones, peor será el resultado para el Partido Socialista. Y, paradójicamente, el Partido Popular también puede estar interesado en que se retrasen, porque es probable que mejore hasta tal punto sus resultados que su dependencia de Vox sea prácticamente inexistente.

Era claramente negativo hacer una componenda con Junts, que es un partido de extrema derecha y xenófobo, para alcanzar el Gobierno

–Una de sus mayores referencias personales, además de su padre, ha sido Nicolás Redondo, al que sucedió como secretario general de la UGT en 1994.

–Tengo una doble referencia, personal e ideológica, que está representada por mi padre. Y luego una referencia sindical y de vida que es Nicolás Redondo, a quien tengo el honor de haber sucedido.

–¿Cómo sintió la expulsión de su hijo Nicolás Redondo del PSOE?

–Se puede decir que los que tenemos amistad con él íbamos aclimatándonos, porque veíamos la escalada que había en el seno de la dirección del partido. Es un inmenso error y un despilfarro, porque realmente los partidos políticos en España no están precisamente sobrados de patrimonio humano, sino bastante ayunos en general. A la hora de decidir se cometen errores gravísimos, que se intentan corregir, y se comete otro encima. Creo que al final repercute negativamente en la imagen del Partido Socialista. Y en esto de la fachoesfera hay tanta gente incluida, incluso creo que me han debido de incluir, que no hay casi nadie fuera de la fachoesfera –se ríe mientras sentencia–. Todos somos fachosféricos.

–Desde la Transición ha habido siete huelgas generales contra Gobiernos de Felipe González, de José María Aznar, de José Luis Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy. ¿No tienen motivos los sindicatos para convocar una huelga contra el Gobierno de Pedro Sánchez?

–Esa es una pregunta que me han hecho muchas veces cuando era secretario general de UGT, y a la postre, con todos los presidentes del Gobierno he acordado y he hecho huelgas generales. El caso es que una huelga general es la última salida. Ni se hace porque sí, ni se hace para resolver situaciones que se resuelven con elecciones.

En este momento, razones concretas sobre objetivos sindicales no se tienen para convocar una huelga general. Que hay una situación política preocupante y de bloqueo, soy el primero que lo digo, pero eso lo debe de resolver la política democrática en nuestro país y en una eventual reforma de la Constitución probablemente haya que pensar si es lo más conveniente que radique en exclusiva la anticipación de elecciones en la Presidencia del Gobierno. Habría que incidir más en un gran acuerdo general en el que participaran los sindicatos, la patronal y también las administraciones, no exclusivamente la Administración central.

–Con ese enfoque sindical, no sería un motivo la degradación de los servicios públicos, como el del transporte ferroviario, que en lugar de vivir su mejor momento, como asegura Óscar Puente, está instalado en el caos.

–En el ámbito del transporte ha habido un cambio radical en muy poco tiempo. Se ha triplicado el volumen de tráfico, pero la infraestructura no ha experimentado la mejora y actualización necesaria. Se está notando con incidentes graves, con mucha gente que se encuentra en mitad de la vía, horas y horas, sin ningún tipo de asistencia. Y pone claramente manifiesto que hay graves deficiencias que no se resuelven, desde luego, con los tuits. Teniendo mucha presencia como tuitero no se resuelven este tipo de problemas. Y da la coincidencia que tenemos fondos de la Unión Europea que tienen que servir para la modernización de nuestras infraestructuras y la potenciación del ferrocarril. Por lo tanto, si tienes medios, no es comprensible que tengamos esta situación de deterioro.

Cándido Méndez en la redacción de El Debate

Cándido Méndez en la redacción de El DebateThorun Piñeiro

–De hecho, hay un dato: justo hace un año se cambiaron las indemnizaciones. Antes si tenías un retraso de 30 minutos, te devolvían el 100 % del importe, y ahora ha cambiado a los 90 minutos.

–Hubo una época en el AVE que si el retraso era de cinco minutos, te pagaban, ¡y ya va por hora y media! Lamentablemente las políticas que se hacen son defensivas o auto justificativas, y no se resuelven los problemas de fondo.

–Menciona que la productividad de las empresas no puede basarse en el despilfarro de los recursos naturales, usted que ha sido diputado por Jaén, ¿cómo se gestiona que se talen olivos centenarios para instalar placas solares?

–Ese es un problema muy serio, que apunta una contradicción: se pretende poner placas fotovoltaicas para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Para contribuir a la preservación del medio ambiente destruyes el medio ambiente. Además, Jaén ha reclamado que el paisaje del olivar, con 66 millones de olivos, se considere Patrimonio de la Humanidad, y esto significa un deterioro del paisaje. Al igual que cuando se habla de la pulcritud democrática, hay quien relativiza y dice: «No, no, fueron dos votos los que quisieron colar». No, la pulcritud democrática incluye desde 2 a 20.000 votos. Lo importante no es el número. Se puede pensar que no se van a notar 10.000 olivos, en 66 millones. Y, sí, lo notan en primera persona aquellos que son propietarios y quieren preservarlos.

–Con UGT consiguió firmar en los años 80 con la patronal un acuerdo para la reducción anual de la jornada, cuando se trabajaba desde el lunes hasta el mediodía del sábado.

–La reducción de la jornada es un objetivo histórico de los sindicatos. En el año 80, llegamos a un acuerdo para reducirla por vía convencional entre sindicatos y patronal, que incorporaba además salarios, productividad, absentismo y elementos vinculados a seguridad, salud… Y se planteó entonces reducir la jornada en 126 horas en tres años. Aquello fue lo que sirvió de pista de aterrizaje. Primero un acuerdo patronal y sindicatos y luego el cambio legal.

–Ahora en cambio se ha aprobado en el Consejo de Ministros un acuerdo de reducción de jornada laboral de 40 a 37,5 horas sin la patronal.

–Es muy distinto ir con un acuerdo patronal, sindicatos y Gobierno al Parlamento, que solo con un acuerdo de una parte. Cuando hubo el debate de la reducción de jornada en Francia a 35 horas, UGT lo defendió también por ley, pero hemos aprendido de la experiencia, y del sinnúmero de problemas que ha generado. Por eso, apostaría por el procedimiento negociado y con un acuerdo general más amplio, que contemple la reducción de jornada, la mejora de la cualificación, de la productividad, de los salarios e incorporar incluso elementos de primera magnitud como la vivienda.

Todos los que han inspirado desde el Gobierno la máquina del fango y los bulos están tomando una sobredosis de su propia medicina

–No solamente no se ha tenido en cuenta a la patronal, sino que Junts ha anunciado una enmienda a la totalidad.

Utilizar el salario mínimo como elemento de confrontación electoral, de polarización y de diferenciación entre malos y buenos, es un error. Lo mismo que pienso que utilizar la reducción de jornada como activo electoral para reprocharle al otro que está en contra, es otro error. Así es muy difícil ponerse de acuerdo. Ahora, no he oído al principal partido de la posición en contra de la reducción de jornada, y pienso que habría que aprovechar esa ventana de oportunidad, pero primero habría que buscar una fórmula de aproximación a la patronal.

–Pero Yolanda Díaz parece que ha cerrado esa puerta.

–Por eso digo que intentar utilizarlo como activo electoral para pegarle en la cabeza al adversario político, me parece un error, porque se utiliza como arma arrojadiza algo que comparte el 80 % de la población española.

–El paro registrado sería un 31 % más alto si se contara los fijos discontinuos, ¿está el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz maquillando los datos?

–Este es otro de los temas que se llevan al límite y se convierten en un debate melodramático. El objetivo fundamental de la reforma laboral era reducir la temporalidad y facilitar que lleguen los recursos de la Unión Europea, porque era uno de los condicionantes para recibir los fondos Next Generation. Hemos conseguido reducir la temporalidad, pero solo en el sector privado, no en el público. El contrato fijo discontinuo, cuando se cesa en la actividad, no se incorpora a los registros como parado. Pero en el momento que cruzas dos cifras, el número de trabajadores con empleo y el número de horas que trabajan, el espejismo desaparece. En ese cruce se ve perfectamente cómo el número de horas que no se trabajan es superior. Si los trabajadores que tenemos son más, pero trabajan menos horas, el problema lo seguimos teniendo más o menos igual.

–Los autónomos son los grandes olvidados. Una de las críticas a los sindicatos es que sólo se preocupan de los que ya tienen trabajo o los funcionarios públicos.

–En la UGT tenemos dos organizaciones de autónomos. Uno en el sector agrario y ganadero, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, y otra para profesionales autónomos, UPTA. Creo que la discusión clave no está en el tipo de relación laboral, sino en el nivel de derechos, que tanto el trabajador asalariado como el autónomo deben de tener una fuente similar de derechos.

–El SEPE ha colapsado por la escasez de plantilla y por un sistema informático que falla, que sea una misión imposible conseguir cita para solicitar la prestación por desempleo.

–Ese es otro problema que cada día es más incomprensible que no se haya resuelto. Como las políticas activas están transferidas a las comunidades autónomas y las pasivas del desempleo a la Administración central, creo que el nexo de coordinación no acaba de funcionar. Aquí en España solo hay una plantilla que funciona y que parece que tiene los efectivos suficientes, que ni es la Seguridad Social ni el SEPE, sino la Agencia Tributaria.

–Hoy la figura del sindicalista, como escribe, y el rol de los sindicatos son percibidos por algunos como innecesarios. ¿Quizá es porque algún 1 de mayo, los sindicatos iban sosteniendo la misma pancarta que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y los distintos ministros del Gobierno?

–Aquí hay que ver quién se pega a quién. Los sindicatos no se pegan a los ministros ni a las ministras. Los sindicatos ahora son un oscuro objeto del deseo. Unos para criticarlo y otros para pegarse a ellos. Con toda sinceridad, a mí no me gusta esa imagen. Yo también la he tenido y puedo entonar el mea culpa. Pero eso es una imagen, no es el fondo. A las organizaciones sindicales les tiene que preocupar la imagen que tienen de ellos los trabajadores cuando votan, que es cuando se expresan de verdad. Otro factor importantísimo es que en España la negociación colectiva da cobertura al 70 % de los trabajadores, cuando en Alemania es el 35 %, y eso explica esa aparente contradicción entre la mala imagen, entre comillas, de los sindicatos y el peso que tienen, que no se lo ha regalado nadie.

El exsecretario general de UGT durante la entrevista

El exsecretario general de UGT durante la entrevistaThorun Piñeiro

–Pero en el día del trabajo del 2024 los sindicatos hicieron frente común con Sánchez y se llegó a decir que, si la máquina del fango, que rabie la ultraderecha, y luego se ha visto en el informe de la UCO, que la máquina del fango estaba en Ferraz.

–La realidad te pone en tu sitio. Creo que esos elementos son una invitación a la prudencia, a nunca implicarse excesivamente en este tipo de manifestaciones que son muy de interés de los partidos políticos, pero a los sindicatos les aportan muy poco. Y, sobre todo, cuando al final, los informes desgraciadamente están planteando como una realidad, lo que se planteaba entonces como algo que no era verdad.

–Como la máquina del fango.

–Sí. Creo que al final todos los que han inspirado desde el Gobierno la máquina del fango y los bulos están tomando una sobredosis de su propia medicina. Cuando se empiezan a producir aquellas denuncias en el 2024, lo lógico hubiera sido que este proceso hubiera ido a menos, pero ha ido a más. El Gobierno gastaba mucha fraseología en el «y tú más» y casi ninguna en dar explicaciones de verdad de qué había pasado. Y siguen sin dar explicaciones, y me parece un error muy grande.

–Este miércoles en el Congreso, entre aplausos, Pedro Sánchez ha dicho que no tira la toalla, y no asume la corrupción que estaba en el núcleo duro de Ferraz, que no era solo un secretario de Organización, sino otro que está ahora en Soto del Real.

–Veremos el proceso judicial, pero lo que sí hay es una verdad indudable, que hay una responsabilidad política muy clara. Esa no la puede negar nadie, y que por dos veces seguidas has tomado una decisión desde el propio partido y desde el Gobierno que has tenido que enmendar: una con un cese de un ministro y otra con un secretario de Organización que no hace ni un año que nombraste. Creo que el presidente del Gobierno, cuando habla de que ha asumido la responsabilidad política, esa frase está totalmente en el vacío, porque asumir las responsabilidades políticas, que las hay, lo lógico hubiera sido lo que hizo el señor Costa, que fue por una persona de su gabinete.

–¿Debería dimitir Pedro Sánchez?

–La dimisión depende de él. Pero que dejara de ser candidato, depende del partido. Si el partido considera que es el mejor candidato, que lo presente, a eso no tengo ninguna objeción. Tengo una experiencia negativa, muy alejada en el tiempo, del 2011. Era contrario a que Zapatero no se presentara, porque creo que hay que rendir cuentas ante el electorado, no tiene por qué venir otro a rendir cuentas por ti.

–Como hizo Rubalcaba.

–Claro. Estaba en desacuerdo. De hecho, así se lo expresé al presidente Zapatero. Tenía que rendir cuentas presentándose, no presentando otro. Porque lo único que puede explicar lo que ha hecho o no es el presidente. Lo que sí creo es que esta situación no se puede sostener en el tiempo. Cuando hablo de elecciones, no hablo de elecciones para que la polarización cambie de bando. Se debían de celebrar y en función del resultado, lo primero que habría que recuperar es que la opción de gobierno sea del partido más votado, que se ha mantenido así hasta el 23 de julio de 2023.

La frase del presidente del Gobierno de que ha asumido la responsabilidad política está en el vacío, lo lógico hubiera sido lo que hizo Antonio Costa

–En generales…

–No me sirve la trampa argumental de otras administraciones, que tienen muchísimo menos nivel de competencia que el Gobierno de la nación, que define la política de Defensa, la política internacional, las líneas maestras de la política económica, o es el interlocutor ante la Comisión Europea…

–También continúa el apoyo de los socios del Gobierno de coalición con un cierre de filas.

–Está ocurriendo aquel planteamiento de noviembre del año 2023, que se resumía en una frase: «Somos más». Según las encuestas, ese bloque ya no es mayoría. Y estamos en una situación de bloqueo, porque la cuestión de confianza depende de la voluntad del presidente del Gobierno. Y la moción de censura del principal partido de la oposición, que tampoco la quiere presentar. Por eso hablo de celebrar elecciones, que paralizará todo el proceso de avance de la mal llamada financiación singular, el pacto con Junts y Esquerra, que es avanzar hacia el cupo vasco. Si se toma esa decisión, es una decisión gravísima. Al igual que la amnistía ha afectado de manera arbitraria el principio de igualdad de la ciudadanía española ante la ley en virtud de un territorio y de unas circunstancias concretas, esta afectará al principio de igualdad de oportunidades a las personas y a los territorios. Es un tema que habría que paralizarlo, porque esto no es un proceso que va a la federalización sino hacia un extraño modelo de confederación, que no está en la Constitución.

Y la terminación del modelo tendría el efecto Mateo, del Evangelio de San Mateo, que en términos económicos se explica: «A aquel que tiene, se le dará más, y al que menos tiene, incluso lo que tiene se le quitará». Es un atentado contra la igualdad de primera magnitud. Sería el segundo golpe después de la amnistía. Y, con una circunstancia, las comunidades ricas se quedarían con sus recursos, pero las pensiones, tanto de Cataluña como del País Vasco, que son deficitarias, las pagaríamos entre todos.

–«Es vital que sepamos mirar atrás y apreciar como hace apenas unas décadas fuimos capaces de superar la polarización política», escribe. ¿Cree que ahora es posible?

–Es fundamental, porque lo que ocurre es incomprensible. Si lo comparas con lo que pasó en el año 1977, que lograron ponerse de acuerdo generaciones que estuvieron a tiro limpio, como mi padre. Y aquello era mucho más difícil. Por eso, es tan necesario como entonces.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas