Soraya Rodríguez, en la redacción de El Debate
Entrevista
Soraya Rodríguez: «El final de la legislatura lo marcará la dimensión del próximo escándalo o de Puigdemont»
«El PSOE no se recupera cuando Pedro se vaya, hay que recuperarlo frente a Pedro»
«Quién es capaz de introducir dos papeletas en una urna, puede ser capaz de meter 200 si se da la posibilidad»
Nada más cumplir los dieciocho años, Soraya Rodríguez se afilió al PSOE, del que fue diputada, concejal del Ayuntamiento de Valladolid, portavoz del Grupo Parlamentario en el Congreso con Alfredo Pérez Rubalcaba, y presidenta de Castilla y León, el feudo de José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta que, en marzo de 2019, un día después de la disolución de las Cortes, se fue por sus discrepancias con Pedro Sánchez y el «ambiente asfixiante» del partido en su tierra controlado por Óscar Puente (que se puede intuir viendo el nivel de sus tuits con los incendios que asolan varias comunidades). Ese mismo verano le llegó la oferta de Albert Rivera y se presentó al Parlamento Europeo por Ciudadanos.
En 2024, tras no conseguir su reelección como eurodiputada en las listas de Izquierda Española, volvió a su cargo como funcionaria en el Ayuntamiento de Medina del Campo, aunque sigue pensando en clave política, y cuenta a El Debate cómo ve a su antiguo partido y «la resistencia de la democracia española».
— Se afilió al PSOE en 1983, ¿cómo ha cambiado el Partido Socialista desde esa primera legislatura con una mayoría absoluta histórica de Felipe González?
— El Partido Socialista ha cambiado tanto que al actual no le reconozco absolutamente en nada. Cuando me fui del partido, me parecía que la deriva a la que le estaba llevando la nueva dirección con Pedro Sánchez a la cabeza perjudicaba seriamente a España. No se puede ser leal a un partido que piensas que está perjudicando a tu país.
— Fue diputada por el PSOE en 2004, cuando ganó las elecciones José Luis Rodríguez Zapatero, ¿tenía afinidad con él?
— A José Luis Rodríguez Zapatero le conocía desde que ingresé en el partido, porque militaba en Castilla y León y él era secretario general del Partido Socialista en León y compartimos reuniones en la Ejecutiva autonómica. Nos respetábamos, pero no le apoyé en las primarias, sino a Rosa Díaz. Cuando ganó ofreció integrarse en su Ejecutiva a quienes habían apoyado a Pepe Bono y a Rosa Díaz. En aquellas primarias ni hubo ataques personales ni había enemigos, sino compañeros que tomaban libremente distintas opciones. Zapatero en eso hizo un buen ejercicio de integración, y en ese sentido formé parte de esa integración.
— Nada que ver con las primarias en las que se presentó Eduardo Madina, José Antonio Pérez Tapias y Pedro Sánchez…
— Nada que ver. También la propia dinámica de un militante, un voto, donde se elegía antes al secretario general que la celebración del Congreso. Fueron unas primarias muy duras en las que indudablemente el partido sufrió una crisis muy profunda, donde no se entendía que había compañeros, sino enemigos.
Soraya Rodríguez en un momento de la entrevista
— En el informe de la UCO aparece que en esas primarias fue cuando Santos Cerdán le pidió a Koldo García que incluyera dos papeletas a favor de Pedro Sánchez
— Sí, hemos escuchado en los audios lo de cuando se acabe la votación, metes dos papeletas. Más allá de la cantidad, lo importante es la ínfima calidad de las acciones, porque quién es capaz de introducir dos papeletas en una urna, puede ser capaz de meter 200 si se da la posibilidad. Fue un proceso muy duro y algunos teníamos la convicción de que no estábamos decidiendo solamente qué compañero iba a dirigir el partido, sino el rumbo del Partido Socialista para los próximos años.
— ¿Erais conscientes de la trascendencia?
— Éramos muy conscientes. Nunca estuve con Pedro Sánchez, siempre estuve enfrente. Es verdad que hubo gente que pudo estar en las primeras primarias apoyándole, como es el caso de Susana Díaz, que cambió su posición y fue su contrincante. Pedro Sánchez, con el peor resultado de la historia del Partido Socialista con 90 diputados, pretendió formar Gobierno y eso suponía traspasar unas líneas rojas perimetradas a lo largo de la historia: No se podía hacer un pacto de Gobierno si no tenías una mayoría suficiente para mantener tu proyecto autónomo, y no depender de una izquierda como era Podemos. No se podía considerar ningún pacto que pusiera la gobernabilidad de España en manos de aquellos que no creían en el proyecto nacional o con aquellos que habían dado un golpe de Estado, llámese como se llame en la sentencia. Y, por último, llegar a un acuerdo con EH Bildu era impensable. Fui portavoz del PSOE con Alfredo Pérez Rubalcaba y a Bildu no le dejábamos firmar ni un recurso de inconstitucionalidad, porque siempre consideramos que para que fuera una fuerza política reconocible tenía que haber una condena clara y absoluta de la violencia. Un reconocimiento del dolor causado a las víctimas y una colaboración con la Justicia, porque en este país hay sumarios que están abiertos, donde no se puede esclarecer aún la autoría de los asesinos. Eso es lo que quería Pedro Sánchez. Lo manifestó desde el principio y cuando se presentó a las segundas primarias con Susana Díaz no nos estábamos jugando un secretario general, nos estábamos jugando al Partido Socialista.
— ¿Usted estuvo en el Comité Federal donde se intentó gestar un pucherazo?
— Ese Comité Federal fue terrible, lleno de tensión. El secretario general tenía que dimitir por Estatutos, cuando la mitad más uno de la Ejecutiva le había dimitido. Él no quería hacerlo. Se resistió hasta el último momento. Y cuando vio que no aceptábamos, decidió hacer una votación fake y hubo una intentona de colocar una urna detrás de un panel, sin censo y sin interventores. Ahí es cuando dijimos: Hasta aquí hemos llegado. En un Comité Federal, no se puede intentar un pucherazo a la vista de todos. Por eso la situación que estamos viviendo no me sorprende nada, que no presenté una cuestión de confianza ni unos presupuestos, porque sabe que pierde. Ya lo hizo allí. No quiso votar porque perdía. No le echamos, simplemente votamos. Aceptar la democracia es aceptar que se vota y si pierdes, te vas.
En un Comité Federal, no se puede intentar un pucherazo a la vista de todos. Por eso la situación que estamos viviendo no me sorprende nada
— Fue concejal y presidenta del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Valladolid durante un año (2007-2008), su sucesor fue Óscar Puente, ¿fue un buen alcalde?
— No. Lo más importante del proyecto municipal y en el que trabajé también en el ámbito nacional era el soterramiento. Soterrar las vías en Valladolid era un proyecto verdaderamente progresista, porque no es solamente urbanismo, sino política social. Si divides una ciudad, estás condenando a determinados barrios a la marginalidad. Cuando Óscar Puente llegó a la alcaldía, pensamos que estaba hecho porque el Partido Socialista lo había defendido siempre, y él había ido a un notario a decir que si salía alcalde haría el soterramiento y lo primero que hizo fue renunciar a él.
— ¿Con notario incluido?
— Sí, porque necesitaba los votos de Valladolid Toma La Palabra para gobernar, que era un grupo de Izquierda Unida. Como necesitaba los votos, sacrificó el soterramiento de Valladolid. ¡Es que marcan escuela! Sus dos legislaturas como alcalde están marcadas por la traición a muchos vallisoletanos con el soterramiento.
— Como ministro de Transporte parece que dedica más tiempo a señalar en X cuando el servicio de transportes suma cada día una incidencia, ¿ha perdido el respeto institucional al cargo?
— Para mucha gente es incomprensible Óscar Puente como fenómeno. Que tenga una incidencia en un día en una estación que genera retrasos, pérdidas económicas, de horas; al día siguiente en AENA y que no sea capaz de disculparse, sino que además la gente se encuentre con un tuit macarra, porque son macarradas. Creo que la dignidad al puesto de ministro requiere una forma de manifestarte diferente.
Soraya Rodríguez en la redacción de El Debate
— José Luis Ábalos se ha querellado contra el ministerio de Óscar Puente por falsedad documental en la auditoría, donde ni aparecía Jéssica, ni ninguna de las que trabajaban en Adif con Isabel Pardo de Vera… Se dice que tiene una «voluntad tremenda de colaborar», ¿cree que tirará de la manta?
— Ábalos ha sido un hombre con muchísimo poder dentro del partido y se ha sentido abandonado. Hará todo lo que le sirva para defenderse y evitar el mayor número de responsabilidades penales, además de que podría moverle la venganza. En todo caso, sobre la auditoría que hizo el Ministerio de Transportes y que Óscar Puente presentó, me llamó la atención que dijo que todo está normal, y…
— Aparece Jésica…
— Aparece Jésica. Luego apareció Pardo de Vera y las presuntas mordidas masivas de contratación dentro del ministerio. No se sabía si esa auditoría estaba hecha para descubrir, para tranquilizar o para ocultar… En algo tiene razón Ábalos de que era de todo menos una auditoría.
— ¿Qué podría desvelar quién fue secretario de Organización y ministro de Fomento, y que fue cesado de forma fulminante para luego ser incluido de nuevo en las listas?
— Alguna vez sabremos qué pasó en 2021, con agostidad, cuando recibimos la noticia de que el hombre con todo el poder después de Pedro Sánchez en el partido, al que había colocado en el ministerio con el presupuesto con mayor inversión de todo el Gobierno, fue cesado fulminantemente. No dieron ninguna explicación. Y en su puesto colocó al que era el jefe de la presunta trama criminal.
— El tercer pasajero del Peugeot…
— Y, luego, se le rescató antes de explotar el denominado caso Koldo. Yo estaba en el Parlamento Europeo, en Bruselas, y la delegación socialista española daba por hecho que Ábalos podía ir en las listas europeas. No solamente se le rescató para el Congreso, sino que parece que preparaban incluirle en las listas del Europarlamento. Ahí explotó el caso Koldo. Desde el punto de vista político y de las responsabilidades políticas del presidente es que el sustituto de Ábalos sea Santos Cerdán. Si Ábalos es cesado porque se tiene la más mínima sospecha, no digo certeza, de que puede haber alguna actividad irregular en su ministerio, que su sustituto sea el que ahora figura como presunto jefe de esa organización criminal, ¿Cerdán a qué iba? ¿A sustituirle o a tapar?
A Ábalos no solamente se le rescató para el Congreso, sino que parece que preparaban incluirle en las listas del Europarlamento
— Y, sobre todo, porque Santos Cerdán fue la mano derecha del número uno, desde las primarias, la moción de censura, la investidura, ¿es posible darle crédito a Pedro Sánchez cuando dice que ha actuado con rapidez y contundencia?
— Aquí solamente se ha movido por una necesidad vergonzosa, cuando todos los españoles hemos conocido unas conversaciones entre Cerdán y Koldo y un informe de la Guardia Civil en el que se habla de presuntos delitos gravísimos. Por tanto, con rapidez y contundencia, en absoluto. Solamente movido por la necesidad y la vergüenza. Desde las primarias, los artífices de la moción de censura, de esta última investidura, negociando en Bruselas con el otro prófugo de la Justicia, es imposible que desconozcas absolutamente todo lo que hacían, máxime cuando Cerdán ya venía corrupto de casa. Si me preguntan, ¿cree al presidente cuando dice que no sabía nada? No, no le creo.
— No ha habido ninguna campaña feminista después de escuchar esos audios de cómo se repartían a las mujeres, ¿es desolador?
— Al escuchar estos audios, que es como hablan los puteros en este país, como hablan Koldo y Ábalos, merecen una reacción más fuerte de denuncia. El Partido Socialista siempre ha sido un partido abolicionista, que hemos considerado que la prostitución era realmente violencia contra las mujeres, y hasta eso se ha abandonado. No solamente no ha habido un proyecto de Ley abolicionista en estos siete años de Gobierno, ni tan siquiera se ha sacado adelante una Ley de Trata de seres humanos con fines de explotación sexual. La reacción del Gobierno, del partido, de las mujeres, tenía que haber sido mucho más dura, porque las feministas de este país se sienten realmente ofendidas, indignadas, cabreadas. Y no es posible que solamente esa indignación se muestre si el ministro hubiera sido del Partido Popular, si es del Partido Socialista te indignas más.
— Zapatero será el interlocutor de Carles Puigdemont en Waterloo en sustitución de Santos Cerdán, porque está en Soto del Real, y negociará con un prófugo de la Justicia la continuidad de la legislatura
— Puigdemont es sincero cuando dice que la gobernabilidad no la den por hecha. Aquí no ha habido ningún pacto de Gobierno, sino de investidura. Siete votos para votar la investidura a cambio de una ley de impunidad, que se ha investido de legalidad porque el Tribunal Constitucional dice que es constitucional. Pero creo que hay un sentimiento mayoritario de que esto ha sido un pacto corrupto. Resulta muy duro que se intente mantener esta legislatura en la que no va a poder gobernar, sin presupuestos, y a partir de mayores cesiones. Lo dijo Rufián: Aprovechemos lo que queda de legislatura para sacar más beneficios para la futura independencia.
Soraya Rodríguez
— El cupo catalán no está ni en la Constitución, ¿es una nueva inventada?
— El cupo catalán es inconstitucional, regresivo y claramente antiprogresista, porque quién va a pagar son los que más necesitan de un Estado fuerte. Soy tan de este viejo PSOE al que nos llaman reaccionarios y de derechas que siempre dije, como Javier Fernández, el presidente de Asturias, que la bandera patriótica de los socialistas era la caja común de la Seguridad Social, porque es la que te iguala para establecer pensiones no contributivas. Y eso es precisamente lo que están dispuestos a trocear. No por convicción, sino por tiempo. Que ese tiempo lo quiera Pedro Sánchez, puedo hasta comprenderlo. Pero, ¿para qué lo quieren esos compañeros diputados socialistas que son de Castilla y León o de Extremadura? Son una máquina de generar votantes de derecha y de ultraderecha, porque el socialismo es todo lo contrario al cupo catalán. Por favor, no permitáis el cupo. No permitáis la fractura de la caja común de la Seguridad Social a cambio de tiempo. ¿De 12 meses más en el Gobierno? ¿De 18 meses? Por Dios, no merece la pena.
— Usted, que ha sido eurodiputada por Ciudadanos en el Parlamento Europeo, ¿cree que se podrá parar allí la amnistía, que fue un acuerdo político que nada tenía que ver con el interés general?
— Espero y deseo que sí y que el Tribunal de Justicia pueda hacer una sentencia en la línea de lo que ha defendido el abogado general de la Comisión Europea que fue absolutamente claro. No hay nada que más repugne al Estado de Derecho que la utilización del poder político a cambio de impunidad. Hemos modificado el Código Penal para decir que la malversación de fondos públicos sólo es si es para beneficio propio. No, no. Malversar es desviar el dinero público de su objetivo y más si es para un fin ilegal. Eso en Europa lo saben porque lo hemos denunciado y porque Puigdemont está en Bruselas y lo cuenta. Si un Gobierno decide que tiene que mandar a alguien fuera de su país para negociar, está reconociendo que en su país no se dan las mínimas condiciones legales y de libertades para poder negociar.
— Pero es peor todavía, es un expresidente de Gobierno el siguiente que va a negociar con Puigdemont sabiendo que se fue de España en un maletero
— No puedo entender que esté dispuesto a ir y hacerse una foto. Es inimaginable, porque en definitiva es una ofensa a nuestra democracia, que representas porque eres presidente de ese país, o en el caso de José Luis, expresidente. Me parece nefasto. Quizás a lo mejor va Pedro, no lo ha descartado. Tampoco tengo muy claro si quiere traerle o no. Hasta le está viniendo bien que el Tribunal Supremo esté como último baluarte de la defensa del Estado de Derecho, resistiendo, porque en el momento que le trajera, le hacía caer.
— Hace más de un año que hubo un fraude electoral en Venezuela, ¿se puede explicar la deriva de Zapatero apoyando al dictador Nicolás Maduro?
— He sido observadora de las elecciones municipales, en las únicas que nos dejaron estar a la Unión Europea, y Venezuela no solamente es un fraude político, es una dictadura. Es el único país de América Latina que el fiscal de la Corte Penal Internacional ha abierto diligencias preliminares por delitos de lesa humanidad. Es una dictadura cruenta y sangrienta, donde se tortura a los presos políticos y se persigue a sus familiares. Es una dictadura que ha expulsado a más de 6 millones de venezolanos pobres que han tenido que atravesar la frontera de Colombia en condiciones terribles. He estado en las zonas de paso y hay que ver a esa gente huyendo de la pobreza y de la miseria.
— ¿Cómo se puede permitir que Zapatero le apoye como si fuera normal?
— No es normal. Es una de las peores dictaduras de América Latina y el Helicoide, uno de los centros de tortura más terribles. A Maduro la historia le pondrá en su lugar. Y me parece que en España hemos abusado, entre comillas, de utilizar Venezuela como un elemento más de confrontación política nacional. Desde una posición de izquierdas, no entiendo el papel de Zapatero de mediador con esta dictadura.
Desde una posición de izquierdas, no entiendo el papel de Zapatero de mediador con esta dictadura de Venezuela
— Usted fue la portavoz del PSOE en el Congreso cuando Alfredo Pérez Rubalcaba era el secretario general, ¿se quedó corto con el término de Frankenstein?
— Alfredo Pérez Rubalcaba tenía una mente privilegiada y acertó en el término Frankenstein, porque si nos hubieran dicho cosas que estamos viendo, no las hubiéramos imaginado. Él lo vio claro que, con 90 diputados, como pretendía gobernar Pedro, que luego llegó a la presidencia del Gobierno con 85 diputados, no podía ser nada más que un Frankenstein. No hubo mejor definición y tan adelantada en el tiempo.
— ¿Ahora el Partido Socialista no existe como tal?
— El Partido Socialista era una máquina poderosa de contrapoder para un secretario general, pero ya no lo es. Los comités federales hemos visto lo que son. El penúltimo fue aquel en el que salieron a cantar canciones de Rafaela Carrá a la calle…
— Pedro, Pedro…
— Pedro, Pedro, Pedro, Pedro P. El Comité Federal es el órgano máximo entre Congresos y acabó en la calle Ferraz al ritmo de Rafaela Carrá cantando Pedro, vuelve Pedro, Pedro P. Creo que es una foto. Hay mucha gente en el PSOE que estoy convencida de que piensa como yo… Que hablen, que digan: ¡Hasta aquí! Ahora es cuando hay que decir se acabó. Cuando Page dice: No podemos permitir el cupo catalán, sus diputados tienen que decir y no va a pasar porque no lo vamos a votar.
— Pero, ¿son sanchistas los diputados de Page?
— Las listas se han hecho muy a la imagen de semejanza, pero tiene que haber mucha más gente en el Partido Socialista que Page, que Felipe, que Alfonso, que salgan y lo digan. Hay mucha gente que no se ha ido del partido. Yo estaba muy mal. Militaba en Valladolid. Allí el ambiente era asfixiante, porque lo controlaba Óscar Puente. Te puedes imaginar. Un día casi me echan fuera porque estaba defendiendo que, si no se puede gobernar, había que abstenerse. Y dije: «No, ya no sigo». ¿Qué sentido tiene? Pero hay mucha gente que ha seguido, pero que piensa lo mismo y tienen que decirlo. ¡Basta ya! Los órganos dentro del partido ya no existen, el Comité Federal no existe como tal, pero la voz se puede levantar y se puede hablar con nitidez. Y aquellos que piensan que se puede recuperar el viejo PSOE cuando Pedro Sánchez se haya ido, se equivocan. El viejo PSOE, entre comillas, se recupera ahora frente a Pedro Sánchez.
— La clave para dejar la militancia del PSOE, aparte de su discrepancia absoluta con el independentismo, ¿también tuvo que ver con Óscar Puente?
— No, era una situación compleja. Seguía manteniéndome en frente de Pedro. Siempre dije: Hemos perdido un Congreso, pero no la guerra. Pero la mayoría de la gente me dijo: No, Soraya, se acabó. Dejemos las armas políticas. Ahora hay que ser fieles al partido y hay que dar un voto de confianza y apoyar al secretario general. Y si decías algo, lo entendían más como un ataque al partido, y no como una discrepancia interna. Eso unido a que efectivamente Valladolid no era un sitio muy amable, pues dije: «Me voy». E hice una carta muy educada diciendo que no iba a estar en un proyecto político para España con aquellos que querían cargársela.
— Albert Rivera en la sesión de investidura de julio de 2019 dijo que Pedro Sánchez tenía una banda y un plan para perpetuarse en el poder, ¿sus palabras también fueron premonitorias?
— No hay nada peor en esta vida que tener razón antes de tiempo. La verdad es que el proyecto de Ciudadanos, un proyecto socio liberal, hubiera sido en estos momentos muy necesario en el panorama político español. Pero lamentablemente no salió.
Soraya Rodríguez, durante la entrevista
— Se extinguió, ¿puede pasarle al PSOE?
— Es más difícil, pero no imposible. Creo que ahora mismo hay muchísimo votante de izquierda huérfano. Por eso hacía falta un proyecto como Izquierda Española, aunque es muy difícil montar un partido político sin apoyo. Por eso en todo lo que puedo, les apoyo. Recientemente hemos visto un manifiesto de artistas progresistas, pero es un manifiesto progubernamental, no progresista. Entonces, ¿cómo se articula ahora políticamente todo ese espacio de huérfanos? Por eso decía que recuperar el PSOE no se recupera cuando Pedro se vaya, hay que recuperarlo frente a Pedro.
—Y todos los que forman parte del Gobierno de coalición como Yolanda Díaz, están ahí sin una sola crítica
— Yolanda Díaz no tiene ningún incentivo para acabar con este Gobierno, porque si hubiera elecciones posiblemente no salía ni de diputada. Van a pedir la cabeza de Yolanda, igual que ella pidió la de Irene. Están en una vendetta. Y ahora Podemos exigiría que Yolanda de un paso atrás si quieren cualquier proyecto de unidad.
— El Tribunal Supremo va a sentar en el banquillo al fiscal general del Estado por revelación de secretos, ¿debe dimitir?
— Clarísimamente. No es posible que no lo haga. Es inimaginable que quién tiene que defender la ley y perseguir a los que la infringen esté imputado por el Tribunal Supremo. No sé si es culpable o inocente, pero lo que opinemos no importa nada, ni lo que opine el presidente del Gobierno, lo que importa es la dignidad del cargo. La constitucionalidad de ese cargo exige la dimisión inmediata. Que no es capaz de hacerlo, debe hacerlo quien lo nombró y pedirle inmediatamente la dimisión. No hay otra salida. Después de estos años, vamos a tener que escribir un libro del manual de resistencia de la democracia española en los siete años de sanchismo.
— ¿Y resistiremos hasta el 2027?
— Todo depende de los informes que vayan saliendo. Cuando un presidente del Gobierno hace un final de curso político como el que ha hecho Pedro Sánchez, todo el mundo sabe y también la prensa, que se mantenga en el poder no depende en absoluto de nada de lo que haga, sino de lo que pase en las investigaciones judiciales o en Suiza. Esa es la realidad. El final de esta legislatura lo marcará la dimensión del próximo escándalo de corrupción o de Puigdemont. Esa es la máxima fuerza de debilidad. Apariencia de resistencia, aunque honestamente lo de Pedro es más indigencia.