Un agente de la Guardia Civil, de espaldas, junto a un vehículo oficial. GUARDIA CIVIL (Foto de ARCHIVO) 01/1/1970
Un ganadero asesinado a golpes y su mujer dando entrevistas sin parar de contradecirse
Este viernes tiene que acudir a la comandancia de la Guardia Civil a explicar sus incoherencias
Hace años, la Guardia Civil localizó el cuerpo de una mujer asesinada. Se hizo el levantamiento del cadáver de madrugada, sin testigos, sin que nadie supiera con exactitud dónde la habían encontrado, salvo los propios investigadores. Al día siguiente en el pueblo se convocó una manifestación espontánea. La encabezaba el marido, roto de dolor. No había rumbo fijo. El primero, el esposo que iba conduciendo al grupo. Los llevó hasta el lugar del crimen y en el mismo sitio donde su esposa había sido asesinada, él se paró. Lógicamente lo detuvieron y confesó.
En estos días en Ribadesella, Asturias, está sucediendo algo similar. A Toño Otero, ganadero, lo asesinaron a golpes en su finca. Le reventaron la cabeza con una barra de hierro. Cuando le preguntas a su pareja qué pasó no se aclara, suena todo teatralizado. Para empezar no termina de aclarar las circunstancias que le unen al fallecido. Una vez te dice que llevan diez años de novios y que se iban a casar y en otra ocasión te cuenta que son tres años de relación y que no lo soportaba más.
Cada vez que relata lo ocurrido se sitúa en un lugar diferente y su versión cambia. Ha concedido varias entrevistas y se le han visto las costuras. Quizá por eso la Guardia Civil la ha vuelto a llamar a declarar a la comandancia, donde tiene que acudir este viernes. Hay fuentes que no descartan la posibilidad de que sea detenida sobre la marcha.
En cualquier caso, su último relato viene a contar lo siguiente: ella y su cuñada estaban en la vivienda en el momento del crimen. Ella en la cocina preparando unos quesos, su hermana en una habitación de la primera planta. Toño entra en la casa. Va acompañado de dos hombres, los dos vestidos de negro y encapuchados, aunque «les pude ver las perillas», dice la mujer.
Le pegan y le ponen una manta en la cabeza. Le piden que les dé el dinero. Apenas tienen 100 euros en una hucha. La pareja se lanza sobre ellos para defender a Toño. Ellos la agreden a ella también. Para corroborarlo asegura que hay un parte de lesiones suyas y que lo incorporó en la denuncia. Siguen preguntando por el dinero.
Entonces baja la mujer de la planta de arriba. Los asaltantes entran en pánico y huyen sin haber robado nada. No hay testigos de nada, ni los perros ladran, ni nada de nada. Ningún elemento externo que corrobore esta versión. No es de extrañar que los investigadores duden. Sin embargo no han encontrado pruebas que les sirvan para detener a nadie, solo tienen sospechas. Además de volverle a tomar declaración, han pedido a las compañías que vean qué teléfonos hay posicionados a la hora del crimen en esa zona, que está muy poco poblada. El resultado servirá para aclarar las cosas.