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El expresidente de la Junta de Extremadura, el socialista Guillermo Fernández VaraEFE

Perfil

Fernández Vara, un político que no quería calles de recuerdo

Nunca se cansó de decir que la política era la herramienta útil para «mejorar las vidas de la gente»

Defender la libertad y la justicia, ahondar y salvaguardar la igualdad y la solidaridad, y proteger el Estado del Bienestar fueron siempre los estandartes de Guillermo Fernández Vara como persona y como servidor público, una simbiosis sobre sí mismo que este domingo ha dejado de palpitar, pero cuyo legado permanecerá en la historia de Extremadura.

Fernández Vara ha fallecido este domingo tras luchar durante dos años contra un tumor de estómago al que ha combatido con la voluntad inequívoca, como así lo dijo hace unos meses, de «querer seguir viviendo».

«Yo quiero seguir viviendo por los míos, por vosotros y por tanta gente que nos necesita», aseguró públicamente cuando recibió el Premio 'Primero de Mayo' de UGT Extremadura ante decenas de socialistas y sindicalistas.

El expresidente de la Junta de Extremadura siempre ha mantenido que a lo largo de su trayectoria política nunca hizo «nada extraordinario», más que aquello para lo que le confiaron como servidor público; y expuso que no quería calles ni plazas, tampoco medallas.

Firme creyente en la política como herramienta para «mejorar las vidas de la gente», como repitió más de una vez a lo largo de su vida, Fernández Vara siempre sostuvo que la ideología debe apelar a las raíces de los seres humanos, a las entrañas de la humanidad, porque los principales problemas –decía– no son tecnológicos, siguen siendo humanos.

Guillermo Fernández Vara (Olivenza, Badajoz, 1958) reveló en diciembre de 2023 que padecía un tumor en el estómago, cuatro meses después de que fuera elegido vicepresidente segundo del Senado y no poder revalidar su cargo como titular del Ejecutivo extremeño en las elecciones autonómicas de mayo de ese año.

Fernández Vara en un acto tras la operaciónEFE

Tras ser operado a principios de 2024, Fernández Vara dejó en marzo la Secretaría General del PSOE de Extremadura después de conocer el éxito y el fracaso en política, siempre sereno, fiel a su partido y empeñado en «diagnosticar» adecuadamente para diseñar el futuro de una región en cuyas posibilidades de desarrollo siempre creyó firmemente.

Después de 12 años al frente de la Junta de Extremadura, en dos etapas (2007-2011 y 2015-2023), y 16 como líder regional del PSOE, se marchó con un «eterno agradecimiento» a los extremeños y con el convencimiento de que Extremadura afrontaba un futuro trascendental.

Educado en los Jesuitas de Villafranca de los Barros (Badajoz), nieto de un fiscal e hijo de un magistrado del Tribunal Supremo, Fernández Vara, que obtuvo el número uno en las oposiciones a médico forense, estuvo afiliado en su juventud a Alianza Popular, un marchamo de cierto conservadurismo que siempre le ha acompañado, aunque él insiste en definirse como profundamente progresista.

Casado y con dos hijos, su vida personal y política dio un giro de 180 grados cuando a principios de los años 90 su familia empezó a compartir vecindad y amistad con el entonces presidente de la Junta, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, en la pequeña pedanía de Santo Domingo de Olivenza.

Vara, que entonces ya dirigía el Centro-Médico Forense de Badajoz, donde llevó casos tan mediáticos como el de la matanza de Puerto Hurraco, fue nombrado director general de Salud Pública y Consumo en 1995 para pasar ya a ser consejero de Bienestar Social, primero, y de Sanidad y Consumo, más tarde.

Delfín declarado de Ibarra, a pesar de no ser un hombre fuerte en el partido, en 2007 fue aclamado por unanimidad candidato a la Presidencia de la Junta de Extremadura ante los comicios que se iban a celebrar ese año y en los que logró su primera mayoría absoluta con el mejor resultado de la historia para el PSOE extremeño. «Siempre los hijos son mejores que los padres», dijo entonces su mentor.

Éxito y fracaso en las elecciones

Fernández Vara ha hecho gala a lo largo de su carrera política de ser un hombre de consenso y de diálogo, incluso con mayoría absoluta, por lo que en su primera legislatura quiso pactar cuestiones de trascendencia para la comunidad autónoma, una actitud que en sus años de gobernante la oposición ha tachado, sin embargo, más de «postureo» que de realidad.

Se enfrentó en sus segundas elecciones a un fracaso que, según él mismo explicó, le enseñó mucho más que sus éxitos. En la primavera de 2011 el PSOE hubiera podido gobernar sin problemas con los tres diputados que obtuvo entonces una Izquierda Unida que decidió rebelarse frente a la dirección nacional y cobrarse con él todas las rencillas mantenidas con Ibarra en sus 24 años al frente de la Junta.

Con la abstención de los tres diputados de IU, José Antonio Monago logró ser el primer presidente del PP en Extremadura en 28 años de autonomía, y el médico forense, que podría haber vuelto a su plaza, decidió aguantar y «aprender» cuatro años en la oposición.

Fidelidad al partido

Guillermo Fernández Vara, que había defendido a la andaluza Susana Díaz en la disputa a la Secretaria General del PSOE en la grave crisis interna de 2016, apoyó a Pedro Sánchez cuando este finalmente ganó la partida.

A diferencia de otros barones, pudo discrepar con el actual presidente del Gobierno y su Ejecutivo, pero siempre en tono bajo, sin hacer mucho ruido y sin saltarse la disciplina de partido.

Un año antes, en 2015, Vara volvió a ser presidente de la Junta al ganar nuevamente al PP, aunque sin mayoría absoluta, y fue capaz de gobernar sin grandes problemas, pues consiguió pactar sus presupuestos tanto con el PP como con Podemos.

Tras repetir con mayoría absoluta en 2019, la pandemia trastocó todos sus planes de poder acometer en esa legislatura una sucesión serena y sosegada en el PSOE extremeño y repitió como candidato a las elecciones del 28 de mayo de 2023, tras las que, en caso de derrota, según dijo días antes, abandonaría la política.

Su fidelidad a Sánchez fue muy criticada por la oposición en Extremadura y muchos creen que le pudo pasar factura en esta última cita electoral.

Aunque la lista socialista fue la más votada, con algo más de 6.000 sufragios que el PP, Fernández Vara no consiguió la fuerza suficiente para gobernar ya que populares y Vox sumaron 33 escaños, frente a los 32 de PSOE y Unidas por Extremadura.

Pese a la contundencia de sus palabras la noche electoral, cuando recalcó que había «fracasado», y después de filtrarse que había solicitado el reingreso en su plaza de médico forense un día después, el PSOE comunicaba que la petición se dejaba en «suspenso» debido al nuevo escenario político que se abría con la convocatoria electoral de Pedro Sánchez para el 23 de julio de ese 2023.

Menos de 48 horas después de la cita con las urnas, Fernández Vara daba marcha atrás respecto a sus consideraciones de la noche electoral y, tras la reunión de la Ejecutiva Regional del PSOE, anunciaba que iba a intentar gobernar porque los socialistas habían ganado los comicios.

De hecho, semanas después, ante la falta de acuerdo en las primeras negociaciones entre PP y Vox, la presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín, le proponía como candidato a la investidura y fijaba las fechas del debate, pero finalmente Fernández Vara se retiró del proceso tras el pacto alcanzado por el bloque de la derecha.