La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, en el Pleno de este miércoles
Ya ni asusta, ni engaña
La credibilidad de Junts cae por debajo de la de Sánchez: nadie se cree ya su último aviso
En la Moncloa quitan toda importancia a la advertencia de Nogueras, que habló en el Congreso de «la hora del cambio». En la bancada popular tampoco ven a Puigdemont con la voluntad de romper
Al Gobierno le pasa con Junts lo mismo que a los vecinos del niño del cuento, Pedro, cada vez que éste gritaba que venía el lobo: son ya tantas que no se lo creen. La sesión de control al Ejecutivo en el Congreso de este miércoles estuvo marcada por la advertencia que la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, hizo al presidente desde su escaño. Y, sin embargo, a los socialistas les entró por un oído y les salió por el otro. Tampoco la bancada popular se la tomó ni medianamente en serio.
Nogueras terminó su intervención con un aviso: «Quizás habría que hablar menos de cambios de horario y empezar a hablar, señor Sánchez, de la hora del cambio». Se hizo el silencio en el hemiciclo. Sus compañeros de Junts no aplaudieron para que la frase retumbara bien. Junto antes había hablado de «rescates de las estrellitas de la flotilla, a financiación ilegal de partidos, a prostitución, a fiestas o a pagar favores de algunos medios de comunicación». En su respuesta, Sánchez ignoró la luz roja y se dedicó a hablar de la campaña contra el cambio de hora que inició el lunes, de los autónomos y de la vivienda. No parecía muy preocupado.
En el Gobierno restan importancia a la escalada verbal de Junts de este miércoles en el Congreso. No la ven como una advertencia ni mucho menos como un ultimátum, sino como un «juego de palabras», según fuentes gubernamentales. Las mismas fuentes recuerdan que los de Carlos Puigdemont llevan así desde que empezó el curso y que una cosa es el «espectáculo» parlamentario y otra, la realidad: no van a apoyar una moción de censura mañana y, por tanto, no hay mucho más que decir.
Ciertamente, los independentistas no están por apoyar una moción de censura en el corto plazo, pero en mes y medio han dado tres coces no menores al Gobierno de Sánchez. La primera fue con la reducción de la jornada laboral, que cayó en el primer asalto parlamentario precisamente por el «no» de Junts. La segunda fue su plante ante la subida generalizada de las cuotas de los autónomos que el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones presentó el lunes de la semana pasada, con tan poco éxito que acabó retirando la propuesta. Y la tercera es su «no» aún no materializado -porque el Gobierno no los ha presentado- a los Presupuestos Generales de 2026.
«O cambian ellos o cambia la forma de Junts de hacer política en el Congreso», insisten desde las filas de Nogueras, sin aclarar en qué se traduciría eso en la práctica. Pero, en paralelo, también niegan un acercamiento a Alberto Núñez Feijóo: cualquier coincidencia con el PP en una votación es eso, una coincidencia, sostienen los independentistas.
Como publicó El Debate el pasado domingo, el «no» de Puigdemont a los Presupuestos Generales del Estado no es un hecho aislado, sino el inicio de una estrategia de alejamiento definitivo del PSOE. Junts ha elaborado un plan que tiene por objetivo que todo su potencial electorado tenga claro que su colaboración con el sanchismo es pasado.
En el cuento de Pedro y el lobo, el lobo acabó viniendo y pilló desprevenidos a los habitantes del pueblo. En este caso, está por ver que el lobo llegue, mientras la legislatura está a punto de llegar a su ecuador.