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Agentes antidisturbios de la Policía Nacional frente a los jóvenes radicales el pasado jueves en la Universidad de Navarra en Pamplon

Agentes de la Policía Nacional frente a los jóvenes radicales el pasado jueves en la Universidad de NavarraEP/Edu Sanz

Así se organizaron los 'borrokas' que causaron el caos el jueves en Pamplona: «La violencia va a ir a más»

La escisión de Bildu está cogiendo más fuerza y se está quedando con la juventud abertzale

Cerca de 500 jóvenes protagonizaron el pasado jueves una de las jornadas más violentas que se recuerdan en Pamplona en los últimos años. Con la excusa de boicotear un acto convocado por Vito Quiles, extendieron la violencia con el lanzamiento de piedras, botellas y petardos por los barrios pamploneses de Iturrama y La Milagrosa, provocando heridas a cuatro agentes de la Policía, un periodista y, al menos, un estudiante.

La Universidad de Navarra, en cuyo campus iba a tener lugar el acto, suspendió todas las clases. La Policía le advirtió de lo que venía porque los incidentes estaban planificados y los alborotadores se encontraban perfectamente organizados.

En los últimos meses, se está incrementando la violencia en el País Vasco y Navarra. El pasado 12 de octubre, la violencia separatista corrió por todo el centro de Vitoria con la excusa de un acto de Falange Española. Y a lo largo de todo el verano han sido varias las localidades que han sufrido esta misma violencia, incluyendo amenazas directas contra la Policía.

Y es que, tal y como ha venido explicando El Debate, la disidencia de Bildu, reunida bajo las siglas GKS (Gazte Koordinadora Sozialist –Coordinadora Juvenil Socialista en euskera) está cogiendo fuerza en los últimos tiempos y sus juventudes se están envalentonando hasta el punto de qué grupos como Ikasle Abertzaleak (sindicato de estudiantes) o Indar Gorri (radicales de Osasuna) han dejado a los de Otegi para pasarse a la disidencia.

Por eso mismo, fuentes policiales advierten a El Debate de que «estos golpes de violencia van a continuar, e incluso incrementarse, van a emplear cualquier excusa para tensionar las calles». «Están organizados y quienes dirigen estos grupos están recuperando los manuales que algunos de ellos ya utilizaron en la época de la 'kale borroka'». Y es que, aunque los causantes de los incidentes son jóvenes, muchos menores de edad, quienes les dirigen, ya conocieron en primera persona la violencia de los últimos años de ETA.

Perfectamente uniformados

El pasado jueves todo estaba preparado, orquestado y organizado. Prueba de ello es que acudieron con cohetes de punta de hierro que no salen espontáneamente. Buena parte de estos jóvenes eran de Pamplona, pero también había de otras localidades navarras donde GKS e Indar Gorri tiene implantación e, incluso, algunos vinieron desde el País Vasco.

Y otra muestra es que absolutamente todos se encontraban pertrechados con la misma ropa, casi como si se tratara de un uniforme de guerra: chándal negro con sudaderas negras con capucha y bragas que les taparan el rostro para impedir que, a través de las fotos, pudieran ir identificados. De ahí también las amenazas que recibieron los fotoperiodistas que acudieron a cubrir la información y la paliza que recibió un periodista de El Español cuando se identificó como tal y sacó su teléfono móvil.

(Agentes de las Unidades de Intervención Policial (UIP) intervienen durante los incidentes

Agentes de la Policía intervienen durante los incidentes del pasado jueves en PamplonaEuropa Press

A través de mensajería móvil se citaron un rato antes de la concentración en un lugar cercano al campus de la Universidad, en las afueras de Pamplona, y ahí se vistieron y distribuyeron los papeles. Un grupo numeroso, los más jóvenes, darían la cara en primera fila con gritos y amenazas, mientras otros, escondidos en la masa, se alejaban del centro de atención para hacerse con los cohetes y los contenedores de vidrio que acercaron para arrojar las botellas.

En un momento dado, el grupo se movilizó en dirección al barrio de Iturrama y desde la parte de arriba del campus, la parte más cercana a la zona urbana, comenzaron a vaciar los contenedores de vidrio y a arrojar piedras que habían llevado. Una vez que intervino la Policía, la violencia se dirigió hacia las zonas habitadas, más fáciles para escaparse y con mayor repercusión entre los ciudadanos.

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